El cambio climático, la próxima gran crisis de salud pública

La emergencia climática va a cambiar la forma en la que vivimos, nos enfermamos y hasta morimos. Desde la polución atmosférica hasta el aumento de las temperaturas tienen fuertes consecuencias sobre nuestra salud. Además, la falta de recursos alimentarios y el difícil acceso al agua podrían llegar a provocar hasta 95.000 muertes anuales por desnutrición infantil.

Las cifras son desalentadoras. La Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que, entre 2030 y 2050, el cambio climático provocará 250.000 muertes anuales. Esto si el rumbo del mundo no vira en esta cumbre climática, la COP26, el próximo domingo 31 de octubre con acciones reales.

El impacto del calentamiento global en nuestra salud es múltiple. Sin ir más lejos, la frecuencia de los desastres naturales aumentará, con consecuencias directas sobre el bienestar físico y mental de las personas afectadas.

Además, los desastres entrañan la posibilidad de poner en riesgo la infraestructura hospitalaria de las regiones golpeadas, impidiendo así una respuesta adecuada. Por ejemplo, según cifras de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 67% de los centros sanitarios del continente americano está en áreas proclives a desastres.

Más enfermedades transmisibles como cólera y malaria

Sin embargo, las secuelas van mucho más allá. Hasta 60.000 personas podrían fallecer cada año por paludismo, una enfermedad transmisible que podría llegar a regiones del mundo que no están preparadas para combatirla, a raíz de que el aumento de las temperaturas facilita la vida a los mosquitos que la transmiten.

"Se prevé que, con el cambio climático, enfermedades como la malaria o como el dengue se expandan a otras partes del mundo, eso implica cientos de infecciones al año, y con ello miles de muertes", recordó a France 24 el doctor en salud pública de la Universidad de Harvard, Elvis García.

"Son enfermedades que afectan en su mayoría a países en desarrollo y por eso no ha habido históricamente demasiada investigación para este tipo de enfermedades, pero habrá cada vez más interés cuando estas enfermedades lleguen a países ricos", agregó el experto.

Lo mismo puede ocurrir con el cólera, una enfermedad provocada por una bacteria que también se favorecerá de la mayor temperatura en varios climas, alcanzando así países que aún no registran casos. El cólera es un tipo de enfermedad diarréica que se cobra miles de vidas en los estados de ingresos bajos y que, en 2030, podría llegar a provocar 48.000 muertes anuales.

La polución, una amenaza que ya es una realidad

La contaminación atmosférica también es uno de los principales riesgos para nuestra salud hoy y mañana. Actualmente, según la OMS, la polución provoca la muerte de siete millones de personas cada año. Se estima que el 90 % de la población mundial vive en zonas donde la contaminación excede los límites recomendados por la organización.

La mala calidad del aire está relacionada con enfermedades respiratorias como el asma, el EPOC y hasta el cáncer de pulmón, además de una mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares como los infartos o los derrames. Si el aire que respiramos no mejora en los próximos años, estas dolencias solo aumentarán.

Sin embargo, el doctor García advirtió de otras consecuencias que todavía no son tan conocidas pero que ya están probadas: "Hay estudios que han demostrado cómo la exposición a la contaminación impacta también en el desarrollo cerebral de los niños". Por ejemplo, una publicación de la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos concluyó que vivir cerca de zonas más contaminadas provocaba que niños y niñas tuvieran menos materia gris y un córtex frontal cerebral menos grueso, con afectaciones sobre la movilidad y la percepción de los sentidos.

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