Cambiar la historia para demonizar las protestas de Pablo Hasél

Gonzalo Aguirregomezcorta
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Protestas estudiantiles contra la reforma educativa en 1987.
Protestas estudiantiles contra la reforma educativa en 1987 (InfoNodo / Twitter: @ManuBravo)

A veces es mejor no entrar en comparaciones a la hora de condenar eventos como las protestas que se están llevando a cabo en varios puntos de España tras la detención del rapero, Pablo Hasél.

Durante los últimos días, han sido varias las voces de líderes de opinión y periodistas que se han aventurado a condenar los actos vandálicos actuales comparándolos con las manifestaciones de los años ochenta en territorio español o de las suffragettes británicas a comienzos del siglo XX. En algunos casos, se ha minimizado las consecuencias de la acción directa que se llevó a cabo en altercados del pasado con el fin de criminalizar aún más lo que están sucediendo esta semana.

¿Acaso hace falta entrar en la falta de rigor para denunciar las violentas revueltas sociales tras el arresto de Hasél?

Las afirmaciones de Carmen Juan, subdirectora del programa de radio Julia en la Onda, y de la periodista y escritora, Elisa Beni, han recibido un aluvión de críticas en las redes sociales por estar alejadas de la realidad. Muchas manifestaciones - por la libertad de expresión o por infinidad de otros asuntos - durante la Transición española fueron violentas, las suffragettes basaron su lucha en acciones contundentes alejadas de la ley, y lo que está sucediendo en la actualidad en las calles españolas no es diferente a los eventos anteriores. El contexto y el sentido de la lucha difieren, pero la agitación es extremadamente similar.

Las suffragettes basaron su lucha en una máxima que se convirtió en slogan: “¡Hechos, no Palabras!”. Cansadas de años de lucha institucional para legalizar el voto femenino, se creo un movimiento para tener una acción más directa, más cercana a la presión social - y a la violencia - y alejada de la diplomacia. Emmeline Pankhurst fundó en 1903 la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU), un movimiento radical que rompió con el sector moderado de la causa. Sus acciones fueron agresivas y se basaron en protestas violentas, huelgas con piquetes y huelgas de hambre. Quizás una de las citas más representativas de este movimiento es la que pronunció en 1913 Christabel Pankhurst (una de las hijas de Emmeline):

“Si cuando los hombres llaman guerra al uso de explosivos y bombas para sus propios fines, y esas bombas que destruyen a otras personas son actos de gloria y heroísmo, ¿por qué no pueden las mujeres usar las mismas armas que los hombres? No sólo hemos hemos declarado la guerra, estamos luchando por una revolución”.

Entre algunos de los ataques publicados en los medios destacan la agresión con catapulta - una de muchas - al primer ministro de la época mientras iba en su coche, las quemaduras que sufrió un vigilante de seguridad que trató de frenar el ataque de una suffragette a un miembro del Parlamento, un intento de incendio en el Teatro Real de Dublín, destrozos en la Galería de Arte de Glasgow y en la Galería Nacional de Londres, saboteos a cables de comunicación, a trabajadores del servicio de correo, a estaciones de ferrocarril, iglesias atacadas, edificios institucionales ocupados… La lista es larga y aunque el sector de sufragistas moderadas se desmarcó de la rama más dura, lo que se recuerda de la lucha por el derecho a voto femenino son los hechos - violentos - más que las palabras. El lado radical silenció al pacífico, algo que también sucedió en la España de los 80.

En los años de la Transición, especialmente entre 1983 y 1989 hubo una media de 655 manifestaciones anuales. La gran mayoría fueron pacíficas, pero hubo otras que acabaron con coches en llamas, edificios vandalizados y fuertes enfrentamientos entre centenares de manifestantes y la Policía que se saldaron con víctimas. Una de las más recordadas fueron las que ocurrieron en diciembre de 1986 y en enero de 1987, cuando alrededor de un millón de estudiantes salieron a las calles para protestar por los recortes en la educación superior. Una joven resultó herida de bala y los destrozos por parte de los manifestantes fueron cuantiosos - así como la cuestionable actuación policial -. Asuntos como el desempleo, la privatización y el ajuste de grandes empresas públicas, la polémica reconversión industrial, la entrada en la OTAN, la cuestión nuclear, los problemas con astilleros o el terrorismo generaron decenas de marchas salidas de tono durante la década.

Comparar las manifestaciones actuales con las pasadas para demonizar a unas más que a otras es embarrarse hasta las rodillas. Tanto antes como ahora se produjeron protestas pacíficas y otras salidas de tono, por eso, el paralelismo debe ser justo. No se comparan los hechos actuales tras la detención de Hasél con una inocente sentada universitaria o una marcha con pancartas a favor del derecho a voto de las mujeres, sino con otros acontecimientos donde se sucedieron fuertes altercados, que los hubo. La violencia es violencia, aunque tras ella emerjan sentimientos de melancolía y romanticismo revolucionario o se enarbole la bandera de un concepto cada vez más ambiguo: la libertad de expresión.

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