Camaleónica, paciente y feminista tardía: Merkel deja vacío su trono en Alemania y Europa

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El 9 de noviembre de 1989, el día de la caída del muro, Angela Merkel era una química en la treintena, nacida y crecida al lado este de la frontera que dividía Alemania. Era un jueves. Y como todos los jueves no dejó de ir a la sauna. Se dio un paseo por la zona oeste de Berlín, pero volvió pronto a su casa. Al día siguiente madrugaba para ir a la Academia de las Ciencias donde trabajaba entonces.

"Las calles de Berlín hervían y el mundo había cambiado, pero ella mantenía esa pausa que la ha caracterizado durante todos estos años de Gobierno ante la crisis y una volatilidad internacional formidable", explica Ana Carbajosa, autora de 'Angela Merkel. Crónica de una era' (editorial Península), en una entrevista con Euronews.

Carbajosa describe a la líder alemana (Hamburgo, 1954) como una persona flemática y reflexiva, que no perdió estos atributos ni siquiera el día en el que se encontraba en el epicentro de la historia.

"Otra característica de Merkel es que tarda mucho en decidir y es una política que todo lo medita, lo consulta, y no se deja apresurar".

Así fue en 2015 cuando decidió no cerrar la frontera a los refugiados. "Eso no sucede de un día para otro, ya habían pasado muchos meses de crisis migratoria".

Antes de eso, Merkel ya había tenido el famoso encuentro con una palestina de 14 años por el que fue muy criticada. La adolescente acabó llorando después de que la canciller le dijera que no todos los solicitantes de asilo lograban la residencia y que algunos acabarían deportados.

Sin embargo, en agosto de 2015, Merkel reajustaba su discurso: "Si Europa fracasa en la cuestión de los refugiados, si se rompe este estrecho vínculo con los derechos civiles universales, entonces no será la Europa que deseamos".

"Podemos hacerlo", insistió. Y Alemania acogió a cientos de miles de refugiados durante la crisis. Merkel defendió la reubicación de los inmigrantes en toda la UE, incluso cuando las naciones de Europa del Este se opusieron a ello.

"Hay que pensar que es una política de centro derecha conservadora y que, sin embargo, durante sus mandatos ha decretado el apagón nuclear, el fin de la mili obligatoria, el salario mínimo, la unión de parejas del mismo sexo", enumera Carbajosa. "Es una política que sobre todo ha escuchado a la mayoría social y ha actuado en consecuencia".

Y este instinto del camaleón, le ha servido cada vez que se ha enfrentado a la urnas.

Merkel ha sobrevivido a cinco primer ministros británicos, cuatro presidentes estadounidenses, tres españoles y ocho italianos, escribe Carbajosa.

Pero la era Merkel no sobrevivirá a este fin de semana. Después de 16 años, Alemania va a votar sin el nombre de la canciller en las papeletas. En el horizonte, tanto alemán como europeo, el vacío. Se va sin dejar un claro sucesor.

"También es un legado de Merkel", apunta Carbajosa. "Ha dejado un partido muy desnortado, con pocas posibilidades de triunfo".

Su primera opción para sucederla, la actual ministra de Defensa Annegret Kramp-Karrenbauer, se frustró enseguida. "Acabó derribada como jefa del partido en una crisis interna en Turingia", señala la periodista.

Mientras que la popularidad de Merkel sigue siendo muy alta, Carbajosa dice que un 80% de los ciudadanos alemanes aprueban su gestión según los últimos sondeos, la de su sucesor en estos comicios, Armin Laschet, no se acerca.

Merkel vivió el punto más bajo de su popularidad durante la crisis migratoria, en la que se ganó la oposición frontal de la ultraderecha, pero su gestión de la pandemia del coronavirus ha sido ampliamente aplaudida: "Ella es científica y de alguna manera parecía una crisis hecha a su medida".

"Ha sido capaz de explicar a los ciudadanos conceptos complejos como el crecimiento exponencial del virus, las nuevas variantes. Y una vez más ha dado mucha seguridad a la población".

Además Merkel ha sido "una rara avis", un perfil rompedor y difícil de repetir: divorciada, científica, sin hijos, en un partido de hombres conservadores y cristianos.

"Ella ha sido un cuerpo extraño dentro del partido, no sólo por ser mujer, sino sobre todo por venir del otro lado del telón de acero", explica Carbajosa. "No era lo habitual dentro del partido y no sabían muy bien cómo lidiar con ella. Y yo creo que eso también. Hasta cierto punto jugó a su favor".

Primera mujer canciller de Alemania, empezaron apodándola "mädchen", niña en alemán, y acabó siendo la "mutti", mamá, de los alemanes. Pero nunca le ha gustado que la etiqueten. Mucho menos como mujer. O incluso como ciudadana del Este. Y en general, Carbajosa dice que con "cualquier etiqueta que pudiera alienar a los votantes".

Pero en un mundo de "líderes mercuriales y testosterónicos" como Donald Trump, Jair Bolsonaro o Vladímir Putin, Merkel representa el reverso de la moneda, escribe Carbajosa. Puede que el femenino.

"Cuando a ella se le pregunta, lo niega no le gusta que encasillen su forma de gobernar por el hecho de ser mujer", señala la periodista pero sí que observa atributos femeninos en "esa escucha tan activa, ese manejo de los tiempos, sobre todo ese empeño en lograr consensos, compromisos, a acercar posiciones y no necesitar tener razón, no necesita salirse con la suya de la mesa de negociación".

"Ella lo que prioriza es salir con un acuerdo debajo del brazo", indica Carbajosa.

Como todo en su biografía, Merkel ha tardado en denominarse feminista. De hecho, no ha sido hasta hace una semanas, relata la escritora, cuando en un encuentro dijo "vale, soy feminista".

Carbajosa lo denomina un cambio de sensibilidad que se ha cocido a fuego lento: desde pensar que si trabajaba duro conseguiría lo que quisiera a pesar de ser mujer, hasta darse cuenta de que lo suyo formaba parte de la excepción: "muchas de las mujeres con las que se ha topado por el camino, han sufrido muchas dificultades y ha comprendido que la igualdad por sí sola no va a llegar y que es necesaria una acción política decidida".

Al margen de etiquetas y políticas, la autora cree que Merkel ya ha sembrado una semilla en una generación de niñas que ha tenido durante 16 años como referente a una mujer como canciller.

Precisamente, este vacío que deja Merkel, se verá reflejado en el voto femenino, además de en el de la comunidad inmigrante. Serán votos difíciles de predecir: "ahora dejarán de votar a la CDU exclusivamente porque estaba Merkel y todo ese voto se va a ir dispersando hacia la socialdemocracia, hacia los verdes e hacia los liberales", apunta Carbajosa.

"Entonces hay que ver como se recompone el panorama político". Y no solo en Alemania, sino también en Europa.

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