Tectónica de placas, el imprevisto aliado contra el calentamiento global

·4 min de lectura
Factoría emitiendo CO2 a la atmósfera en Cincinnati, EE.UU.. (Imagen creative commons vista en news.stanford.edu / crédito Robert S. Donovan).
Factoría emitiendo CO2 a la atmósfera en Cincinnati, EE.UU.. (Imagen creative commons vista en news.stanford.edu / crédito Robert S. Donovan).

Mientras nos devanamos los sesos para acortar al mínimo las emisiones de CO2 a la atmósfera, al tiempo que los ingenieros sueñan con encontrar formas de secuestrar y almacenar de forma estable al más común de los gases de efecto invernadero, un estudio recientemente publicado por investigadores de diversas universidades de Singapur, Reino Unido, China, Alemania, Francia y Suiza acaba de mostrarle al mundo que no estamos solos en tan titánica tarea. La Tierra misma, parece contar con un mecanismo que “atrapa” carbono un ritmo mayor de lo esperado, y que además lo transforma en elementos estables que se hunden en el manto, donde permanecen durante millones de años.

¡Estupendo! ¿Podemos olvidarnos entonces del cambio climático? Obviamente no, cualquier esfuerzo encaminado a reducir el volumen atmosférico de CO2 seguirá siendo vital si queremos evitar que nuestro planeta se convierta en un nuevo Venus, es decir en un páramo infernal de temperaturas asfixiantes. Sin embargo, este trabajo podría llevar a cambiar algunas de las ecuaciones y balances que empleamos en nuestras proyecciones del cambio climático, ya que implica que un tercio del carbono que ingresa al interior de la Tierra permanece encerrado allí mucho más tiempo del que pensábamos. Sin duda hablamos de un dato muy positivo, ya que antes de este trabajo, se creía que buena parte de ese carbono regresaba a la atmósfera a través de las erupciones volcánicas.

Veamos en que consiste este mecanismo de enterramiento de carbono. Cuando pensamos en las reservas de carbono presentes bajo tierra, se nos vienen a la mente los depósitos superficiales que llevamos explotando a través de la minería desde hace milenios. Sin embargo, la mayor parte del carbono subterráneo se encuentra en reservas profundas, y lo cierto es que tenemos muy poco conocimiento sobre los ciclos lentos que afectan a estos reservorios, los cuales pueden durar millones de años.

¿Cómo se introduce este carbono en el interior de la Tierra? Solo hay una puerta posible: las zonas de subducción. La tectónica de placas como vemos, tiene mucha más importancia de la que podemos pensar. No solo hace que los continentes se muevan “a la deriva” acercándose o alejándose entre sí, sino que también es responsable de un proceso de renovación constante de la superficie terrestre. De hecho, la mayor parte de la superficie continental que pisamos en el presente (exceptuando a los llamados cratones) no existía hace un millón y medio de años.

¿Alguna vez te has preguntado por qué la Tierra no exhibe cráteres como los vistos en la luna o Marte? Bien, la tectónica de placas y el lento proceso de renovación de la corteza que trae consigo es parte de la respuesta. Pero prosigamos con el trabajo cuyos resultados acaba de publicar el citado equipo internacional de investigadores en ciencias de la Tierra (liderado por Stefan Farsang, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido) en la revista Nature Communications.

Por lo que puedo leer, el equipo de Farsang simuló las reacciones que se dan en las rocas sometidas a la tectónica de placas, con la ayuda del acelerador de partículas del Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón. En estas instalaciones, los investigadores fueron capaces de recrear las condiciones de presión intensa y elevadísima temperatura propias de una zona de subducción.

Lo que descubrieron fue que las rocas carbonatadas se vuelven menos ricas en calcio y más ricas en magnesio, cuando se adentran más profundamente en el mano. Esto las hace menos solubles y menos propensas a ser atraídas hacia las zonas de suministro líquido que alimentan a los volcanes. Es más, observaron que la mayor parte de los carbonatos se hunden aparentemente de forma más profunda, lo cual puede dar lugar finalmente a la formación de diamantes a partir del carbono recolectado de la atmósfera a través de los sedimentos oceánicos.

Los resultados del equipo internacional muestran que estos minerales son muy estables, y que ciertamente pueden atrapar el CO2 atmosférico en formas minerales sólidas, lo cual da como resultado un saldo de emisiones negativas. Comprender lo observado en este trabajo podría ayudarnos a desarrollar formas más eficientes de bloquear el carbono, enterrándolo en el interior del planeta. Su pudiéramos acelerar este proceso, que como vemos se está dando ya de forma natural, podríamos encontrar el ansiado camino para la resolución de la crisis climática.

El trabajo es sin duda interesante, pero no conviene creer que por sí solo, el mecanismo descrito en este trabajo será capaz de evitar el rápido proceso de calentamiento que afecta a nuestro planeta. Como he dicho antes, la reducción global de las emisiones sigue siendo la política más eficaz a la que hoy por hoy podemos aspirar. No obstante, comprender mejor el funcionamiento del ciclo del carbono que se da entre la atmósfera, los océanos y el interior de la Tierra, podría aportar información crucial de cara a futuras técnicas que ayuden a reducir el CO2 a escala global.

Me enteré leyendo Sciencealert.com

Otras historias que te pueden interesar:

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente