Los calambres de este campeón olímpico acabaron destapando una afección neurológica

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El nadador australiano Michael Klim ha revelado que sufre un trastorno autoinmune que estaría detrás de los calambres y los hormigueos que ha sentido durante años en brazos, manos, piernas y pies. (Foto: Quinn Rooney/Getty Images)
El nadador australiano Michael Klim ha revelado que sufre un trastorno autoinmune que estaría detrás de los calambres y los hormigueos que ha sentido durante años en brazos, manos, piernas y pies. (Foto: Quinn Rooney/Getty Images)

El nadador australiano Michael Klim, medallista olímpico, se ha sincerado sobre sus recientes problemas de salud y ha contado en una nueva publicación en su blog que ya sabe por qué ha estado sufriendo calambres y dolores extraños en las articulaciones, tal y como recoge E! News.

Hace más de dos años le diagnosticaron un trastorno autoinmune llamado 'polineuropatía desmielinizante inflamatoria crónica' (CIDP, por sus siglas en inglés), una afección neurológica que ataca los nervios de su cuerpo, especialmente las áreas de los brazos, manos, piernas y pies.

El término 'polineuropatía' significa que hay varios nervios comprometidos. Por lo general, esta enfermedad afecta a ambos lados del cuerpo por igual y provoca lesiones de naturaleza autoinmune, inflamatoria y desmielinizante que afectan principalmente a los nervios periféricos y las raíces nerviosas. Esto puede causar pérdida de fuerza y sensibilidad en los músculos.

La enfermedad se produce cuando el sistema inmune de una persona ataca sus propias fibras nerviosas mielinizadas, destruyendo sus propiedades de conducción. Si los nervios dañados inervan músculos, la capacidad de movimiento se verá perjudicada.

Según el manual médico MSD, tiene su origen "en una reacción autoinmunitaria que daña la vaina de mielina que envuelve los nervios". La mielina es una capa aislante, o vaina, que se forma alrededor de los nervios, incluso los que se encuentran en el cerebro y la médula espinal. Está compuesta de proteína y sustancias grasas. La vaina de mielina permite que los impulsos eléctricos se transmitan de manera rápida y eficiente a lo largo de las neuronas.

Klim admite que aunque siempre ha intentado mantener un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida, "he descuidado mi salud y no fui honesto conmigo mismo sobre los signos y síntomas que mi cuerpo me estaba enviando".

"He estado lidiando con problemas crónicos de tobillo y problemas degenerativos de espalda durante bastante tiempo", cuenta en declaraciones recogidas por Yahoo! Entertainment. "Al principio era solo un calambre o dolor extraño en las articulaciones, pero con el tiempo mis síntomas comenzaron a progresar".

Esos calambres reciben del nombre de parestesias, una sensación de ardor u hormigueo en la piel. Estas sensaciones se presentan de forma súbita, suelen cursar sin dolor y los pacientes las describen frecuentemente como “cosquilleo” o “adormecimiento”, además de picor.

Al principio Klim no le dio mucha importancia, pero cuando sus muslos comenzaron a verse más delgados de lo habitual y empezó a tener una sensación de hormigueo en los pies, sospechó que algo raro ocurría.

"A medida que pasaba el tiempo, la sensación de desestabilización aumentaba mientras hacía ciertos movimientos. Antes de que me diera cuenta habían pasado 2 años y lo que comenzó como un cosquilleo rápidamente se escapó de control", cuenta Klim. Poco después comenzó a experimentar una debilidad significativa en las piernas que le impedía sostenerse en pie.

A medida que su salud continuaba deteriorándose, el atleta olímpico retirado confiesa que se vio obligado a depender de la ayuda de su pareja Michelle Owen y sus tres hijos (de 16, 11 y 14 años) para moverse.

Y es que la disfunción de los nervios afectados puede impedir caminar por la debilidad en piernas, pero también puede haber dificultad para mover brazos y manos, y sentir debilidad facial, entumecimiento o disminución en la sensibilidad, dolor, ardor, hormigueo u otras sensaciones anormales.

Pero Klim no pierde la esperanza, y hace bien porque al contrario que otras muchas neuropatías, la CIDP es tratable. Para ello es fundamental realizar un diagnóstico temprano y seguir un tratamiento adecuado para prevenir la acumulación de discapacidades, lo cual en algunos casos puede ser irreversible.

Ahora, tras someterse a numerosos tratamientos con IVIG (inmunoglobulina intravenosa) a lo largo de los años, Klim está empezando a "ver y sentir algunas mejoras en mi función y movilidad diarias".

Otros síntomas relacionados con esta enfermedad son:

  • Descoordinación de los movimientos.

  • Problemas de movilidad de la vejiga o los intestinos.

  • Dificultad para respirar.

  • Ronquera o cambios en la voz.

  • Dolor articular.

  • Atrofia muscular y contracciones musculares.

  • Problemas del habla y dificultad para deglutir.

"Es difícil aceptar que mi identidad ya no dependerá de mi capacidad atlética", concluye. "Compartir mi experiencia es otra parte de este proceso de curación y espero que genere conciencia sobre la CIDP y resuene en las personas que pueden estar pasando por desafíos similares".

El diagnóstico se hace basándose en la historia clínica, los hallazgos de exploración y algunas pruebas diagnósticas como análisis de sangre, estudios de la conducción nerviosa (electromiograma), biopsias musculares y nerviosas, y punción lumbar.

El objetivo del tratamiento es controlar o disminuir la reacción inflamatoria que afecta a los nervios y controlar los síntomas. Incluye el uso de corticoides, inmunosupresores y la administración de inmunoglobulinas. Aunque puede ser más intenso en función de la gravedad de los síntomas, por ejemplo, si hay dificultad para caminar o si los síntomas interfieren con la capacidad para cuidarse o desempeñarse laboralmente.

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