Buen café y delicioso pan: una pequeña oda

Santiago de Compostela, 26 mar (EFE).- No solamente de pan vive el ser humano, pero en momentos como el actual los puestos que lo despachan se alzan como la principal actividad agroindustrial. La vida también era aquello que empezaba junto a un bollo calentito al lado del periódico en papel pegado a un café... del bar de siempre.

Escribía Pablo Neruda, en su madurez poética, una oda directa a las hogazas, "el producto de la más larga y dura lucha humana", y aludía a una existencia que tendría de algún modo la forma de esas barras servidas en bandeja blanca y hechas con harina, agua, sal y al fuego, pero que sería "simple y profunda" e "innumerable y pura".

Manuel Moscoso, admirador del chileno, tiene 54 años y lleva 35 dedicado a este oficio. Prepara, hornea y elabora los acabados. Hoy, también.

"Nosotros estamos cociendo aproximadamente, porque varía de unos días a otros, entre ochocientas y mil piezas distintas en cada jornada. La producción se ha visto reducida porque toda la parte que corresponde a la hostelería, pues se ha quedado estancada", ha dicho a Efe desde su centro de trabajo en la capital gallega, de los pocos negocios que permanecen abiertos.

A este artesano le ha sorprendido gratamente el civismo. "Nos ha llamado mucho la atención lo fiel que está siendo casi todo el mundo a las medidas de seguridad comunicadas por las autoridades competentes y que nosotros mismos hemos trasladado aquí", confiesa, y anima a seguir "con esa clausura impuesta" con el objeto de contener, vía confinamiento, las infecciones por COVID-19.

En su negocio, ya no se ven las animadas charlas de antaño, pues "las conversaciones se ciñen casi en exclusiva a pedir el producto que se desea" sin más.

Y la plantilla, que no se ha visto incrementada y tampoco reducida, trabaja de un modo diferente.

"Nos hemos dividido en dos para tratar de evitar contagios entre nosotros", sostiene Moscoso, y las mascarillas ya son una parte del nuevo uniforme.

Sandra Fuentes compraba chuscos para su negocio, uno de los establecimientos hosteleros más frecuentados en Compostela. Todo aquel que ame a las personas que hacen reír, pensar y que, por suerte, también hacen café, la conocen.

Una taza en su local, con personal amable, buena música y desde luego con la guerra declarada al estilo minimalista, era la respuesta a muchos interrogantes. Y volverá a serlo.

"Aunque después del encierro, que será yo pienso más largo de lo que se calcula, mucha gente querrá salir y otra mucha tendrá miedo", afirma esta gerente de cafetería. Las medidas adoptadas hasta ahora las ve correctas, pero cree que en lo económico serán necesarias más ayudas.

"Un ERTE exige que mantengas seis meses a tus empleados. Y la realidad es que no sabemos cómo va a ser el mercado después de esta situación. Aunque estemos en una zona histórica y muy turística, ¿quiénes van a venir?, ¿qué turistas? Porque la ola está ahora en Europa, pero también en Estados Unidos. Y esto no es predecible".

Lo que se vive es inaudito, agrega, y por ello ve muy complicado prever qué va a pasar y cómo atajarlo. "La verdad -continúa- es que estamos en la incertidumbre. Y la actitud de aquellos que puedan, porque no todos lo tendrán a su alcance, es lo que va a hacer que este país mejore. Es decir, el consumo. Que se vaya retomando la actividad de forma normal".

Ella sueña con que "volvamos a la calle deseando abrazar, con las cautelas que haya que adoptar, a los compañeros".

"Confío mucho en los españoles, en su 'estar en sociedad' tan instaurado", concluye.

Su anhelo: unas mesas llenas de gente.

Ana Martínez

(c) Agencia EFE