El cadáver de una ballena escondía 57 especies diferentes de escarabajos

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El cadáver de la ballena, poco después del primer informe. 25 de noviembre de 2020 | Baptist, M.J, Wageningen University
El cadáver de la ballena, poco después del primer informe. 25 de noviembre de 2020 | Baptist, M.J, Wageningen University

Desde la antigüedad, y a pesar de estar prohibidas durante siglos, las autopsias han sido una de las principales fuentes de conocimiento científico del ser humano. Más allá de las series de televisión de policías y forenses, las autopsias nos han ayudado a descubrir cómo funciona el cuerpo humano, sus diferentes sistemas y órganos o qué ocurre con él después de la muerte. Y si algo sabemos de la Naturaleza es que es una maestra del aprovechamiento. El final de una vida, en muchos casos, supone un festival para otras muchas, tal y como se ha demostrado en un estudio realizado por la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos.

El 25 de noviembre de 2020 un pescador local divisó el cadáver de un rorcual aliblanco o ballena minke (Balaenoptera acutorostrata) en la orilla del islote Rottumerplaat de las islas Frisias en los Países Bajos. El cetáceo medía unos 4,70 metros de largo y, aunque no se pudo determinar la causa de la muerte, probablemente tenía menos de 3 años. Tras el aviso del pescador, la Dirección General de Obras Públicas y Gestión del Agua se puso en contacto con la Universidad de Wageningen para comenzar uno de los seguimientos más detallados que se han realizado sobre el proceso de descomposición de una ballena.

Después de más de siete meses de monitoreo, ocho visitas de campo y numerosas tomas de muestras y análisis, la Universidad ha publicado un extenso informe que contiene tantas sorpresas que ha llamado la atención de los medios especializados.

La primera visita a la carcasa de la ballena se realizó tan solo unos días después de su avistamiento, el 28 de noviembre de 2020, y se tomó la decisión de trasladar el cadáver hasta las cercanías de un puesto de observación de aves ya que se pensaba que serían los pájaros los más beneficiados de este inesperado regalo.

El cadáver de la ballena en la duna cerca del puesto de observación de aves en Rottumerplaat el 28 de noviembre de 2020 | Baptist, M.J, Wageningen University
El cadáver de la ballena en la duna cerca del puesto de observación de aves en Rottumerplaat el 28 de noviembre de 2020 | Baptist, M.J, Wageningen University

Aquí llegó la primera sorpresa del estudio. Por supuesto, muchas aves se sintieron atraídas por el cadáver del pequeño rorcual, sobre todo cuervos, urracas y gaviotas de lomo negro. Sin embargo, tal y como explica Martin Baptist, biólogo marino y autor principal del trabajo, “el festín no fue para las aves, ya que la piel de la ballena resultó demasiado gruesa para sus picos”. En su lugar, descubrieron que otras especies terminaron siendo las principales protagonistas de aquel banquete.

A los pocos meses, comenzaron a aparecer escarabajos. Los investigadores tomaron muestras, colocaron trampas para recoger ejemplares y utilizaron cámaras para captar las idas y venidas de los coleópteros alrededor del cadáver. Después de siete meses de seguimiento obtuvieron un total de 57 especies diferentes de escarabajos, entre las que se encontraban un total de 21 especies nuevas. Este desfile de escarabajos incluyó grandes cantidades de escarabajos carnívoros y devoradores de piel. Lo más probable es que muchos de estos escarabajos volaran desde tierra firme hasta la isla, atraídos por el olor del cadáver.

Un segundo punto importante del estudio fue el análisis de la contaminación que el cadáver pudo verter en el terreno. Las ballenas acumulan importantes cantidades de cadmio o mercurio, razón por la cual normalmente se desechan los cadáveres, sin embargo las muestras de suelo tomadas en la isla no mostraron un aumento en los niveles totales de cadmio. La explicación más plausible puede ser que la ballena era joven y todavía no había acumulado excesivo cadmio en su cuerpo.

Otro resultado curioso fue la “abrumadora cantidad de nutrientes” que se encontraron en el suelo cercano al cadáver. El exceso de estos componentes fue tal que, como explica Baptist, “incluso resultó en la muerte de la vegetación de los alrededores como resultado de una sobredosis de nutrientes”.

Los estudios científicos suelen terminar aconsejando nuevos trabajos para ampliar y confirmar los resultados obtenidos. En este caso, la recomendación es más que necesaria si nos atenemos a la cantidad de lagunas que aún nos quedan por resolver sobre el impacto de unos cadáveres tan grandes en el medio ambiente, tanto en las especies que se aprovechan de ellos como en las que podrían resultar perjudicadas.

Vídeo | Un centenar de tiburones devorando una ballena en una imagen sobrecogedora

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Referencias científicas y más información:

Baptist, M.J., et al. “Monitoring walviskadaver Rottumerplaat” Wageningen University

Wageningen University “Whale carcass proves tasty snack for beetles” Phys.org

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