¿Cada vez hay más suicidios en el mundo o el problema decrece?

Suicidio, una solución definitiva para un problema temporal. (Imagen Creative Commons vista en Wikipedia).

No hablaba demasiado con mi vecino. La verdad es que me parecía un anciano “rarito”, un tanto pesado y hasta podríamos decir desquiciado. En ocasiones le evitaba en el ascensor.

Cuando hace unos meses mi pareja se cruzó con dos policías que retiraban su cadáver para llevarlo al instituto anatómico forense, me di cuenta que sus problemas eran mucho mayores de lo que yo imaginaba y de que yo había actuado como un estúpido. Me sentí culpable, especialmente cuando me enteré de que se había quitado la vida voluntariamente. Al final uno se entera de estas cosas hablando con los allegados, porque lo recomendable es que los periódicos nunca especifican la causa de la muerte en caso de suicidio.

Poco tiempo después vino el padrastro de mi sobrino y recientemente el peluquero estrella de la empresa con la que colaboraba ocasionalmente mi pareja. Todos ellos acabaron de forma voluntaria con un problema temporal, tomando una decisión drástica, demasiado radical como para ser etiquetada de “solución”.

¿Qué le pasa a todo el mundo? ¿Estamos viviendo una epidemia de suicidios? ¿Hay solución para este problema? La revista Science acaba de publicar online una serie de artículos muy aleccionadores sobre un problema global que afecta a todas las naciones, aunque de forma muy distinta según las latitudes. En algunos lugares como México o Estados Unidos la tasa crece, en otros como España o Australia decrecen.

Desafortunadamente, según la OMS, la mayoría de los países no llevan un registro detallado de las muertes por suicidio, por lo que las cifras que se manejan dependen de extrapolaciones de los datos tomados por organizaciones especializadas con implantación internacional, como la propia OMS o el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME).

En base a los datos recopilados por estas instituciones, podemos comprobar ciertas características del suicidio. Los mayores lo hacen más que los jóvenes. Los hombres lo hacen hasta tres veces más que las mujeres y hay zonas especialmente castigadas como Europa del este o los países africanos, mientras que el índice es asombrosamente bajo en Oriente medio e Indonesia.

El índice de suicidios mide el número de personas que se quitan la vida anualmente por cada 100.000 personas. El mayor índice del mundo lo presenta Groenlandia, con una cifra escalofriante de 51,1, mientras que el lugar del mundo donde menos sucede es Kuwait, con 2,5. Entre los de habla hispana, el país con un mayor índice de suicidas por cada 100.000 habitantes es Uruguay con 16,818 y el que la tiene más baja es Perú con 3,139, una de las más bajas del mundo.

En nuestro entorno europeo, España está bastante por debajo de la media, con un índice (según informaciones recopiladas por varios organismos internacionales en los años 2015, 2016 y 2017) de 5,507, y las comunidades autónomas gallega y asturiana son las que más sufren este problema. Los datos indican claramente que en el sur de Europa la gente se suicida menos, ya que Italia con 4,76, Grecia con 3,506 y Turquía con 3,506 se encuentran entre los índices más bajos del continente. En cambio Francia muestra un índice de 12,4 y Alemania de 9,917 que aunque pueden considerarse altos, están muy alejados de los escalofriantes índices de Rusia (25,008) o Ucrania (25,622).

¿Entonces podemos considerar al suicidio como un problema creciente o se trata de una impresión errónea? El la editorial de Science se habla de un descenso del 1% (de 1 millón a 800.000) a nivel global durante las décadas recientes, sin duda un éxito de las políticas de prevención tomadas a cabo por la OMS. Curiosamente, una excepción a la regla la encontramos en Estados Unidos, con un reciente aumento hasta su índice actual de 14,0 en 2017.

¿Entonces podemos ser optimistas? ¿De verdad las cifras pueden rebajarse con políticas acertadas? Absolutamente, y el ejemplo más claro lo encontramos en Dinamarca. Históricamente, los daneses se han encontrado entre los países con una tasa de suicidios más elevada del mundo. En la década de los 80, la tasa era de 38 fallecidos por esta causa por cada 100.000 habitantes, cifra que mantuvo inmóvil durante 15 años. Pero luego las tasas se redujeron hasta los 11,4 de 2007, cifra que más o menos se ha mantenido hasta nuestros días.

¿Cómo lo lograron? Bien, su estrategia no fue flor de un día sino que se mantuvo a lo largo de décadas y tuvo su punto álgido en una idea: restringir el acceso a los medios más empleados para suicidarse. Por ejemplo los fármacos. El gobierno inició restricciones en sedantes y opioides y comenzó a recetar antidepresivos menos tóxicos (inhibidores de la serotonina).

También se eliminó el uso de combustibles que generaran monóxido de carbono en los hogares, y se introdujeron los convertidores catalíticos en los tubos de escape de los vehículos. Obviamente, también se restringió el acceso a las armas, y los que las poseían debían almacenarlas en recintos separados de los empleados para guardar la munición. Así mismo se rediseñaron los recintos psiquiátricos para eliminar las oportunidades (pensemos en ventanas modificadas, por ejemplo). Además, como en el resto de países nórdicos, la sanidad danesa incluye acceso universal y gratuita a los servicios mentales desde su puesta en marcha.

¿Conclusión? El problema existe, y como vemos con el caso danés las estrategias de prevención funcionan. Desafortunadamente en España llevamos años esperando por un plan que no llega, y la falta de gobierno impide encarar el problema con la urgencia y los medios adecuados.

En nuestro país, según el Instituto Nacional de Estadística, en 2017 hubo 3.679 muertes por esta causaun 3,1% más. Ha sido y es, por desgracia, la primera causa de muerte no natural durante los últimos 12 años. (10 personas al día, el 74% de los cuales son hombres). De hecho, provoca el doble de fallecidos que los accidentes de tráfico (cifra por cierto a tener en cuenta, porque según la OMS, el 10% de los accidentes son suicidios encubiertos).

En fin, a pesar de que la estadística global indica que España se encuentra entre los países con índices de medios a bajos, hay mucho aún por hacer, especialmente entre quienes se ven expuestos a los principales factores de riesgo: depresión, trastornos asociados con adicciones (alcohol, drogas), violencia, traumas, pérdidas, situaciones de conflicto y acoso escolar.

Me enteré leyendo Science.

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