Cada año consumimos 50.000 partículas de microplástico

Cada año consumimos 50.000 partículas de microplástico

Todos hemos oído hablar de los microplásticos, y del problema medioambiental que están generando, incluso de sus posibles efectos sobre la salud humana. Pero ¿sabemos exactamente cuánto microplástico ingerimos? Un estudio reciente trata de poner cifra a este problema.

Para llevar a cabo su investigación, los científicos han tomado una aproximación interesante. Como no podían analizar todas las fuentes de microplásticos, han seleccionado algunos alimentos de los que se conoce su contenido en estas partículas – marisco, pescados, azúcares, sal, cerveza y agua embotellada – así como muestras de aire de las ciudades. Con estos datos, y siguiendo las guías para una alimentación saludable, han calculado la cantidad de partículas de microplásticos consumidas por adulto y año.

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Y lo primero que llama la atención es que parte de los microplásticos que ingerimos nos llegan por las vías respiratoria. Es decir, los respiramos, porque al tener un tamaño tan pequeño son capaces de mantenerse flotando en el aire y entrar por nuestra nariz.

Eso sí, la gran mayoría de los microplásticos que inhalamos no llegan a los pulmones. Tampoco salen del cuerpo mediante estornudos. Se mezclan con el moco, y de ahí pasan al tubo digestivo y se unen a los que ingerimos con la comida.

El cálculo que han realizado los investigadores es que entran en nuestro cuerpo aproximadamente 50.000 partículas de microplástico al año. Que puede parecer mucho o poco… porque realmente no se sabe qué consecuencias puede tener a largo plazo en nuestra salud.

Sí se sabe, por ejemplo, que debido a su tamaño los microplásticos son capaces de pasar del tubo digestivo al torrente sanguíneo, y de ahí a los tejidos. No llegan a entrar en las células – o al menos, que se sepa de momento – pero se quedan entre ellas. Ahí pueden provocar una reacción alérgica.

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También existe la posibilidad de que poco a poco vayan liberando productos químicos directamente en el espacio intercelular. Compuesto que en muchos casos serán inocuos, pero en otros pueden suponer un grave problema de salud, o incluso ser potencialmente cancerígenos. Y es obvio que tener una sustancia extraña, y que no es posible degradar, dentro de nuestro organismo no es una gran idea.

Entonces, ¿realmente nos deberíamos preocupar tanto? Lo que plantean los científicos es que la contaminación por microplásticos es real, está presente y la sufrimos cada día. Y que no conocemos sus consecuencias. Sabemos, tenemos evidencias, de que pueden llegar a causar graves problemas, y que una vez en nuestro interior resulta complejo que salgan, por no decir imposible.

Así que, tal vez, la mejor idea sea tomar conciencia del problema, y ponerle remedio antes de descubrir que los microplásticos pueden matarnos.