Cachorro lazarillo mimado, al ciego dejará tirado

Perro lazarillo trabajando, imagen Creative Commons. (Crédito: cuenta Flickr de Smerikal).

El expresidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt dijo una vez que “la mar en calma no hacía buenos marineros” y aunque suene extraño, este dicho puede aplicarse también a los perros guía que asisten a los invidentes. Un reciente estudio (el primero de su clase) sobre la influencia de las interacciones madre-cría en el éxito en el programa de entrenamiento posterior, ha revelado que cuantas más atenciones reciba un cachorro de su madre más proclive será este al fracaso en la fase de adiestramiento.

Para realizar el estudio, los investigadores realizaron el seguimiento (desde su nacimiento a la edad adulta) de 98 cachorros de un centro de cría y entrenamiento para perros lazarillos con sede en New Jersey, en el que solo el 70% de los perros consigue graduarse.

Los resultados indicaron que aquellos perros que recibieron mayores atenciones de aseo de su madre en forma de lametones, cuando eran cachorros, tenían una probabilidad tres veces mayor de no concluir el programa de entremiento.

Cuendo los científicos midieron la habilidad de los perros para centrarse y obedecer órdenes, o bien para solucionar problemas complejos tales como acceder a comida oculta u orientarse en un laberinto, los perros que habìan sido “mimados” en exceso por su madre se mostraban más ansiosos.

En el mismo sentido, los autores del estudio descubrieron que aquellos cachorros criados por madres con una tendencia mayor a dar de mamar a su prole echadas de un costado en lugar de sentadas, tenían una probabilidad cuatro veces mayor de fracasar en el programa de adiestramiento. Esto podría deberse a que los cachorros que maman de una madre sentada tienen que esforzarse más por alcanzar y aferrarse a la tetilla.

En opinión de los científicos, aquellos perros que no tuvieron que esforzarse por superar esos pequeños retos mientras eran cachorros, cuando se hacen adultos podrían desconcertarse con mayor facilidad ante los obstáculos.

Soy el primero en alertar contra los riesgos de extrapolar resultados de experimentos realizados con un tipo de animal (perros en este caso) a nuestra propia especie, pero estoy por apostar que algo similar sucede también con nuestros niños. ¡Llamadme inconsciente!

No obstante, volviendo con los protagonistas cuadrúpedos de este estudio, me vais a permitir que altere las palbras de Roosevelt para crear un nuevo refrán: “cachorro lazarillo mimado, al ciego dejará tirado”.

El trabajo del equipo de Emily E. Bray se publicó recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Me enteré leyendo Science.

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