Caño Cristales, el 'encanto' del río de colores, amenazado por la deforestación en Colombia

'Encanto' es el último éxito de Disney. En la película, inspirada en Colombia, la magia surge en un río de colores. Pero más allá de la ficción, entre mayo y noviembre, Caño Cristales ve cómo sus aguas se vuelven de colores por la planta macarenia clavijera. Un fenómeno único en el mundo, casi imposible de contemplar antes del acuerdo de paz de 2016 entre el Estado y la extinta guerrilla de las FARC. Una nueva vida donde persisten amenazas como la deforestación.

Una avioneta con 19 pasajeros desciende entre las nubes de Colombia después de 50 minutos de vuelo desde Bogotá. Por la ventanilla se vislumbran las aguas marrones de un gran río, el Guayabero. A su alrededor, una selva de árboles que, por momentos —demasiados—, se ve interrumpida por parches de pasto cortados de forma geométrica.

Es la vista previa antes de aterrizar en el aeropuerto de La Macarena. En tierra, un cartel de bienvenida con dos mensajes: "Las fuerzas militares de Colombia velamos por su seguridad" y "La victoria es de todos".

Un ambiente castrense, con soldados omnipresentes, custodiando a los turistas, en palabras de un teniente coronel, "en cada rincón por tierra, mar y aire".

El municipio de 35 mil personas está ubicado al sur del céntrico departamento del Meta, dentro de la Sierra de la Macarena. Fundado hace 70 años, fue un lugar de destino para desplazados de todo el país que aprovecharon sus fértiles tierras para establecerse.

Néstor Hernández es uno de ellos. En el núcleo urbano de La Macarena regenta un bar. Cuando las piernas se lo permiten, atiende a los clientes. Cuando el dolor flaquea las fuerzas, delega en sus hijas, se sienta en una silla y cuenta historias a los parroquianos.

Tiene una cortesía para cualquier visitante, pero en su mirada se lee el vacío de la ausencia. Dejó de jugar al ajedrez, por la edad dice, pero en realidad fue por la muerte de su mejor amigo, con el que aparece en un cuadro, junto a una medalla entregada por la gobernación del departamento del Meta por sus labores como líder social.

Oculta la tristeza en el sentido del humor: igual que Francia Márquez, vicepresidenta electa de Colombia, quiere "vivir sabroso". Palabras que proclama justo antes de tornar serio el rostro y hablar desde la experiencia de décadas: necesitan "más esfuerzos para la paz".

Durante décadas, la guerrilla de las FARC fue autoridad en La Macarena. El casco urbano se pacificó después de los acuerdos entre el Estado y la guerrilla. El turismo ocupó el espacio de las armas y su riqueza natural se abrió al mundo.

Leydy Aguilar tiene un pie en cada tiempo. Es víctima del conflicto armado: perdió a su padre y a su hermano mayor, a manos de los paramilitares. Ahora es guía turística y siente la tranquilidad que trajo el cese al fuego.

Quiere iniciar una empresa turística: la paz también ha sido esperanza; la bonanza dejó de proceder de la coca, ahora viene de viajeros de todo el mundo.

Cada día, Leydy se sube a una lancha por el río Guayabero, enseña los micos maiceros, las pavas, las tortugas y, si hay suerte, los delfines de río. Después, en una 4x4 se dirige hasta el inicio del sendero, donde empezará una caminata de 9 kilómetros.

Es la previa, antes de llegar al preciado destino.

Caño Cristales es la maravilla natural del momento: el arcoiris que se derritió, el río más bonito del mundo y en el que la familia Madrigal se encuentra con la magia, en la película 'Encanto' de Disney, éxito de taquilla en 2021. Uno de esos lugares a los que cualquiera puede dar 'like' desde un sillón a miles de kilómetros, con el sueño de poder visitarlo algún día.

El secreto de Caño Cristales es una planta: la macarenia clavigera, que obtiene colores verdosos y rojizos por el efecto de la luz del sol y el agua. Una belleza reservada para los meses entre mayo y noviembre, durante la temporada de lluvias.

Este 2022, Caño Cristales espera a más de 14 mil visitantes. En 2012 ingresaron poco más de 3.800. Leydy recuerda que hasta 2016 estaban en una zona roja: le llamaban el balneario del Mono Jojoy, uno de los principales mandos de las extintas FARC.

Pese al turismo, el camuflaje no ha desaparecido. El Ejército custodia todo el sendero. Al final del camino, un señor se seca con su toalla después de darse un baño y, al lado, un joven, fusil en mano, se mantiene atento para garantizar el disfrute del turista. Datos de la Gobernación indican que hay más de 7.000 soldados desplegados en la región.

Más allá del casco urbano y de los puntos turísticos, grupos armados ilegales, como las disidencias de las FARC, todavía controlan poblados de La Macarena. Fuentes anónimas cuentan que, en zonas remotas pobladas, al entrar, uno se encuentra todavía con la legislación de las FARC. Entre sus normas, mostradas en panfletos, han dejado claro que no se meterán con el turismo.

La economía, en el centro. Incluso en detrimento del medio ambiente. Con el acuerdo de paz de 2016, las zonas controladas por las FARC quedaron libres. No tardaron en aparecer nuevos grupos armados ilegales para ocupar el espacio desierto y la deforestación se disparó. Desde 2015 hasta 2018, la deforestación aumentó cerca de un 92 % en el Parque Nacional Natural de la Sierra de la Macarena.

La ganadería es la principal actividad económica de la zona, concentrando un 46 % del trabajo. También la coca ocupa un papel importante puesto que, en 2018, este era, según la ONU, el Parque Nacional Natural con más cultivos de Colombia.

Carlos Garzón tiene 27 años y trabaja para el ente estatal de Parques Nacionales Naturales de Colombia. Es guardabosques en una zona de alto riesgo, combatiendo incendios y deforestación, protegiendo fauna y flora. Las disidencias declararon a este colectivo como objetivo militar.

En el cercano Parque Nacional Natural de Tinigua, la autoridad de Parques Nacionales Naturales no puede entrar. Fuera de los parques, la responsabilidad ambiental recae en Cormacarena, ente de ámbito departamental. Uno de sus coordinadores, Javier Francisco Parra, fue asesinado en 2020, por su fuerte oposición a la deforestación.

En ascenso al Mirador Cristalitos, Carlos Garzón muestra un rectángulo de pasto, perfectamente calculado. Fue incendiado meses atrás, acabando con más de 3.800 hectáreas de bosque.

En esa finca ahora pastan vacas. Según Fedesarrollo, la ganadería extensiva representa casi el 60 % de la deforestación de Colombia. Esto, según Carlos, tiene un importante impacto en la crisis climática: "La pérdida de bosque provoca que aumenten las temperaturas y esto tiene una repercusión en los ecosistemas. Por un lado, son más probables los incendios y, por el otro, los ríos se secan".

La Macarena es un lugar de hiper mega biodiversidad: en ese punto coinciden los Andes, la Amazonía, la Orinoquía y el Escudo de las Guayanas. De ahí, la variedad de fauna y flora y la posibilidad de ver los colores de la macarenia clavijera. Planta que depende del agua, por lo que las sequías amenazan un atractivo mundial, que ha permitido dar una alternativa económica tras la salida del conflicto. Según la Gobernación, el turismo genera 2.500 empleos en La Macarena.

Karol Álvarez y Sergio Cruz se mueven en moto por el municipio. Antes lo hacían en bicicleta: cuando terminaron sus estudios en Bogotá, regresaron en un viaje de 5 días para reinstalarse en el municipio. Ahora son líderes juveniles, volcados en lo social y en lo ambiental, participando en distintas organizaciones comunitarias.

Datos de la OCDE muestran que Colombia es el país de esa organización con mayor número de jóvenes que ni estudian ni trabajan, con un 29,8 %. Aprovechando la mirada del turismo, la juventud de La Macarena hace reivindicaciones por la falta de oportunidades. En las letras del municipio, han colocado una pancarta sobre la primera 'A' y dice en inglés que "cuando naces pobre, estudiar es la mayor revelación". Más adelante, entre la segunda 'A' y la 'R', un simple "SOS Macarena".

Para Karol y Sergio, el impacto económico del turismo recae en unos pocos, pese a los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), surgidos tras los Acuerdos de Paz, y la ingente entrada de recursos internacionales. Sergio Cruz considera que el Estado tiene dificultades para hacer presencia en el territorio, especialmente en las zonas rurales: "Nos gustaría que el Estado no se muestre con Ejército y Policía, sino con educación y salud".

Karol Álvarez ha sido testimonio de distintas operaciones del Ejército de Colombia dentro del Parque Nacional Natural de La Macarena. La 'Operación Artemisa' fue una estrategia militar impulsada en 2019 para proteger a Colombia de la deforestación y para luchar por la protección de los océanos y la biodiversidad.

Denuncia que muchos de los afectados por operaciones militares han sido los campesinos, que viven dentro de los parques. También, lo hace la organización Dejusticia: "Se han dado múltiples capturas contra campesinos, que han habitado estas zonas hace décadas, mientras que los sujetos financiadores detrás del fenómeno de la deforestación y acaparamiento estarían siendo omitidos".

La estigmatización contra el campesino es una de las dinámicas históricas del conflicto en Colombia, perpetuándolo en un municipio como La Macarena. Allí el turismo busca silenciar las armas a partir de un río de colores, que igual que el resto del planeta, no está exento a la amenaza de la crisis climática ni a factores de aceleración, como la deforestación.

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