Cuándo preocuparse si sientes burbujas en las piernas

Mónica De Haro
·4 min de lectura

Esa sensación chispeante como de burbujeo en las piernas se debe a pequeñas e involuntarias contracciones musculares llamadas ‘fasciculaciones’. Normalmente son totalmente benignas, pero pueden estar provocadas por patologías neurológicas que sí pueden ser graves. Así lo sabrás

Una fasciculación es simplemente una pequeña contracción muscular involuntaria en cualquier parte del cuerpo, normalmente en una pequeña área de músculo. (Foto: Getty)
Una fasciculación es simplemente una pequeña contracción muscular involuntaria en cualquier parte del cuerpo, normalmente en una pequeña área de músculo. (Foto: Getty)

Sentir un ligero hormigueo o cosquilleo en las extremidades y articulaciones es algo habitual que no tiene por qué preocuparnos. Pero si estas sensaciones u otras parecidas se repiten y persisten a lo largo de los días (por ejemplo, un burbujeo constante en las pantorrillas) conviene prestarles atención. Es el caso de las contracciones musculares aisladas y visibles a través de la piel.

Se conocen como fasciculaciones’ o espasmos, y la Sociedad Española de Medicina de Familia (SEMERGEN) lo define como contracciones espontáneas o involuntarias de un grupo de fibras musculares por activación de una o parte de una unidad motora. Generalmente son de etiología benigna aunque es preciso descartar patología neurológica, trastornos metabólicos o toma de sustancias”.

La causa más común de fasciculaciones persistentes es el Síndrome de Fasciculación Benigno, y las molestias que produce suelen ser “espontáneas, irregulares y aisladas” y “estar presentes en casi toda la población en algún momento afectando, sobre todo, cara y extremidades”.

Las fasciculaciones se producen debido a descargas nerviosas espontáneas en grupos de fibras musculares esqueléticas, y a veces, los ‘temblores” son visibles bajo la piel. Pero ese crispamiento espasmódico del músculo no suele causar otros síntomas ni movimiento en las extremidades.

Por ejemplo, mientras que algunas personas notarán una fasciculación cuando ocurra, como cuando tiembla un párpado, hasta el 50 por ciento de estos eventos pasarán inadvertidos.

Pueden ser primarias y aisladas, por ejemplo, tras ejercicio; o secundarias a trastornos metabólicos, fármacos o problemas neurológicos. A menudo las fasciculaciones afectan los párpados, la pantorrilla o el dedo pulgar. Estas fasciculaciones son normales y muy comunes; causadas por estrés o ansiedad. Dichas fasciculaciones son intermitentes y por lo regular no duran más de unos cuantos días.

Las fasciculaciones que no son causadas por enfermedades o trastornos (fasciculaciones benignas), a menudo afectan los párpados, la pantorrilla o el dedo pulgar. (Foto: Getty)
Las fasciculaciones que no son causadas por enfermedades o trastornos (fasciculaciones benignas), a menudo afectan los párpados, la pantorrilla o el dedo pulgar. (Foto: Getty)

Los estimulantes como el café, el té o la cola pueden causar fasciculaciones, y el estrés, la falta de sueño o una dieta deficitaria puede acrecentarlo. En concreto, algunos trastornos metabólicos, entre ellos potasio bajo, enfermedad renal y uremia

También existe un posible origen farmacológico ya que algunos medicamentos utilizados para tratar enfermedades pueden contener sustancias que desencadenen fasciculaciones. Se sabe que el uso de ciertos fármacos durante largos periodos de tiempo (sedantes, fármacos para tratar alergias, náuseas o los mareos del viaje) desencadena estos temblores o movimientos involuntarios.

La toma de esteroides o haber estado expuesto a insecticidas y pesticidas pueden ser otros factores determinantes en la aparición del síndrome de fasciculación benigna.

Es habitual que haya parestesia (hormigueo, adormecimiento) poco después de consumir este tipo de medicamentos y, unas horas después, aparecen los episodios de fasciculaciones.

En la mayoría de los casos, los médicos de familia no consideran necesario derivar a Neurología a estos pacientes porque “son fasciculaciones benignas que remiten al suspender posibles estimulantes o fármacos desencadenantes, regulando el sueño, evitando ejercicio extenuante o corrigiendo alteraciones electrolíticas que deben ser detectadas desde Atención Primaria”.

Ansiedad y debilidad

Las personas que sufren el síndrome de fasciculación benigno pueden notar entumecimiento o calambres en la zonas afectada. Además pueden sentir dolor o fatiga generalizada, y puede haber rigidez muscular. Pero la característica común de este desorden que más preocupa a los médicos es un “aumento dramático en el nivel de ansiedad” que provoca incredulidad en el diagnóstico.

Cuándo preocuparse de verdad

En algunos casos las sensaciones ‘burbujeantes’ que producen las fasciculaciones pueden deberse a lesiones del sistema nervioso. Si hay signos o síntomas neurológicos se aconseja la evaluación médica para descartar que el síndrome de fasciculación benigno progrese a un trastorno neurológico. La enfermedad de la tiroides también puede causar síntomas similares.

De hecho, los médicos consideran las fasciculaciones generalizadas como un signo de alarma de posible inicio de una Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), también llamada algunas veces enfermedad de Lou Gehrig -en honor al jugador de béisbol al que se le diagnosticó- o enfermedad de la neurona motora.

La neuropatía o daño al nervio que lleva a un músculo, la atrofia muscular espinal (la postura de un niño al dormir puede ser un indicio) y tener músculos débiles o miopatía son otras afecciones neurológicas que pueden causar fasciculaciones musculares.

Los síntomas de un trastorno neurológico incluyen:

  • Pérdida o cambio en la sensibilidad

  • Pérdida del tamaño del músculo (desgaste)

  • Debilidad

Así que si tienes fasciculaciones musculares prolongadas, persistentes o se presentan con debilidad, o bien con pérdida muscular, acude cuanto antes a tu médico de cabecera para que lleve a cabo un examen físico y te derive al especialista adecuado.

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