El 'bullying', una lacra cada vez más mediatizada pero que sigue llenando las aulas

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Adolescente triste sentado en las taquillas. (Photo: Halfpoint Images via Getty Images)
Adolescente triste sentado en las taquillas. (Photo: Halfpoint Images via Getty Images)

Adolescente triste sentado en las taquillas. (Photo: Halfpoint Images via Getty Images)

Izan y Saray son solo dos de los casos de bullying que han trascendido a los medios en las últimas semanas. Pero bajo esa capa de mediáticos, que pueden parecer aislados, hay un sustrato que sigue alimentando una lacra con la que conviven alumnos de colegios e institutos de toda España. Según datos del último informe La Opinión de los Estudiantes de la Fundación Mutua Madrileña y de la Fundación ANAR, casi el 25% de los alumnos ha percibido acoso escolar en su entorno educativo, cerca de un 10% más que en 2021.

De ese estudio, sin embargo, se desprende un pequeño dato positivo: los casos de ciberbullying han descendido 16 puntos, situándose en una percepción del 8,6% de los encuestados.

Sin embargo, casos como los de Izan, con un vídeo viral en el que varios niños le cambiaban la letra del Cumpleaños feliz por insultos, y el de Saray, que tan solo con 10 años intentó suicidarse, reflejan una realidad de la que en muchos casos ni padres ni profesores llegan a ser conscientes.

Visibilizar casos concretos: un arma de doble filo

El vídeo de Izan, en el que sus compañeros de campamento le cantan una letra ofensiva mientras él se tapa la cara visiblemente afectado, ha circulado por redes sociales hasta el punto de que famosos de la talla de Paula Echevarría, Aitana o Antoine Griezmann le mandaron una felicitación y le dieron su apoyo.

En el caso de Saray, se compartió hasta su carta de suicidio en los principales medios de comunicación. En ella, se detallaba jokinlos insultos racistas que recibía la joven en el colegio  Agustín Gericó de Zaragoza, además de una despedida a su abuela, que reside en Colombia.

Ambos niños, de 12 y 10 años respectivamente, han servido para que gran parte de la sociedad abra los ojos ante el acoso escolar, algo que los expertos consideran positivo. “Que se le dé visibilidad al acoso escolar es fundamental y los testimoniales ayudan mucho. Uno de los problemas que ha habido con el acoso y la violencia hacia el adolescente es que es algo que se ha minimizado y no se ha visibilizado porque era cosa de niños”, señala Antonia Martí Aras, directora del Máster de acoso escolar y mediación de la Universidad Internacional de Valencia, quien recuerda que hasta que no se produjo el caso de Jokin en 2004, el primer suicidio registrado por acoso escolar, “nadie se dio cuenta de que era mucho más importante”, apunta.

Uno de los problemas que ha habido con el acoso y la violencia hacia el adolescente es que es algo que se ha minimizado y no se ha visibilizado porque era cosa de niñosAntonia Martí Aras, directora del Máster de acoso escolar y mediación de la Universidad Internacional de Valencia

Los datos hablan por sí solos, desde que existen campañas de visibilización y se habla abiertamente del bullying, han aumentado las denuncias considerablemente superando las 1.050 personas en 2017 frente a las 800 de años como el 2013, según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Para Pilu Hernández Dopico, maestra, formadora de formadores y CEO de El Pupitre de Pilu, esta forma de hacer un vídeo viral y conseguir el apoyo externo a sus agresores puede haberle hecho “exteriorizar verdaderamente lo que siente”.  “El principal problema de muchas víctimas es que no saben que lo que sufren es bullying hasta que alguien se lo dice o le dicen que eso no está bien. Una vez que le ponen nombres y apellidos, lo que les pasa a muchas víctimas es que se avergüenzan de ello e intentan esconderlo, no verbalizarlo a adultos, a amigos, e incluso progenitores”, indica.

Según ella, lo más duro para Izan fue sufrir ese acoso el día de su cumpleaños y lo que habrá detrás. “Esa letra de la canción no ha surgido en ese momento, ha sido con premeditación y alevosía”, detalla. Además, apunta a que puede que el no sacar tanto a las víctimas en medios y poner el foco en los agresores podría servir para que los padres sean aún más conscientes. “Seguro que existe esa perspectiva y sus progenitores igual estaban más escandalizados y cambiaban un poco más la actitud, pero mientras saquemos a las víctimas, creo que no vamos a hacer nada”, señala.

María Hurtado, psicóloga y coordinadora de AGS Psicólogos-Madrid, coincide en que en este caso parece haber sido “una manera desesperada de denunciarlo” y que puede servir para visibilizar la problemática. A pesar de esto, avisa que “publicar un caso de bullying en redes sociales a nivel general no es sano ya que es mejor preservar la exposición de la identidad del niño para que este no se sienta más desbordado y se expanda al entorno más allá de donde lo está sufriendo”.

Pero los hay más tajantes. José Luis Casillas, orientador de la APOECYL (Asociación Profesional de Orientación Educativa de Castilla y León), recuerda que las víctimas son menores y que deben estar protegidos, así como que se trata de una experiencia traumática. “No deja de ser una experiencia que se repite y que es muy desagradable. No hablo de ningún caso en concreto, pero no me gusta”, detalla. “Eso sí, todo lo que sea visibilizar, concienciar a través de los medios y campañas, está muy bien”, matiza

“Yo me escandalizo un poco a nivel personal de que los medios saquen vídeos de agresiones a menores. Ya parece que lo vemos comiendo y nos desensibilizan consigue exactamente lo contrario: dar difusión a los agresores porque ellos se consideran que están haciendo algo que está bien porque si no no lo harían y buscan difusión porque por eso lo graban, para darse notoriedad”, explica. 

Los profesores, en el punto de mira

El gran número de casos de acoso en los centros hace que en muchas ocasiones se ponga el foco en el personal de colegios e institutos, más aún después del caso de Saray, en el que presuntamente una docente le dijo a sus padres que lo que sufría “no era ni bullying ni bullan”. De hecho, según el mencionado informe La Opinión de los estudiantes, un 45,4% de los chicos y chicas percibe que su profesor no hace nada y hasta seis de cada diez (61,7%) que su centro escolar no hace nada.

Sin embargo, cuando se les pregunta a los docentes, el 45,9% ha tenido conocimiento de algún caso de acoso escolar. La psicóloga lo tiene claro y señala que: “La responsabilidad del colegio debe ser igual de importante que la de los padres”. Esto se debe a que “junto con el entorno familiar, son los dos lugares donde el niño más tiempo pasa a lo largo de su vida. En ambos se desarrolla su personalidad, valores y creencias, donde se fomenta el respeto y la igualdad”.

Para Pilu Hernández, los indicios suelen ser claros en el entorno escolar o de actividad extraescolar, especialmente en el caso de Izan. “Ahí se ha visto y se ha pasado por alto, que te llamen gordo no es agradable, que te llamen bajo no es agradable, que te llamen gafotas tampoco, todos tenemos algo y eso o se trabaja desde casa o no hacemos nada”, se queja la directora del Máster de acoso escolar y mediación.

Pese a esto, no piensa que los maestros sean los únicos responsables. “Los centros pueden ocultar el bullying, pueden decir ‘son cosas de niños’, pueden taparse unos a otros, pero ¿y las familias? ¿Por qué siempre se van los acosados de los colegios? Porque las familias no apoyan a esas víctimas”, indica.

Además, como docente, se queja de que no haya “un protocolo real de actuación” y que se llene todo de procesos burocráticos. “Hay que actuar, hay que llamar a todas las familias, no solo a las afectadas, a todas, y decir ‘¿aquí hay un agresor o varios?’. Puede ser que uno lleve la voz cantante, pero otros le siguen porque disfrutan”, detalla. “Hay cosas que hay que actuar y luego rellenar los papeles de la consejería, como si no se rellenan”, señala.

Los centros pueden ocultar el bullying, pueden decir ‘son cosas de niños’, pueden taparse unos a otros, pero ¿y las familias? ¿Por qué siempre se van los acosados de los colegios? Porque las familias no apoyan a esas víctimasPilu Hernández Dopico, maestra, formadora de formadores y CEO de El Pupitre de Pilu

Para Martí, los menores están bajo las tutelas de los colegios “mientras están en el ámbito escolar”, pero también aunque ocurra fuera de los límites del centro porque “son miembros de una comunidad educativa”.

“Debe existir una formación de todos los docentes para detectar estos casos y que no lleguen a más”, señala. “Que el docente lo vea o se dé cuenta es muy complicado si no existe una formación o que se vean de forma preventiva determinados factores que nos hagan saltar las alarmas. Pero el colegio tiene que responder, por supuesto y tener una responsabilidad civil, penal y patrimonial”, recalca. Para ella, la formación es fundamental, pero esta es complicada ya que al no darse en la carrera depende de cada centro, de cómo lo vean los docentes y los recursos que tengan.

Como orientador, Casillas cree que se está trabajando cada vez más en los centros y que los casos cada vez son más estudiados con atención. “En determinados centros puede que haya profesores que consideren que son ‘cosas de niños’ o que no le den la importancia que tiene e igual realmente sí que pueden tenerla, nosotros defendemos que toda demanda hay que escucharla y luego valoraremos si es bullying o no. Lo que no se puede hacer es decir ‘hala, no os peleéis’ y mirar para otro lado”, explica y enfatiza que en un colegio hay conflictos como en cualquier entorno.

Desde AGS Psicólogos-Madrid se trata de “un acoso al que someten de manera continuada a un alumnos sus compañeros o personas de su entorno” que puede ser físico o psicológico. A lo que Casillas suma una superioridad numérica o física y que generalmente se oculte. 

“A veces, por tiempo y por problemas no se pueden abordar 100% los conflictos, pero creo que cada vez hay más sensibilización, en los centros a los que voy se hace”, señala. ”Pasamos encuestas a los chicos por si hay alguno que lo pasa mal, ver cómo se relacionan en clase, pasamos sociogramas, sobre todo, en las escuelas de primaria se va viendo, para intentar atajarles a tiempo. El mundo feliz no existe, hay niños con problemas, pero hay que ayudar”, añade.

Los acosadores y cómplices también son niños... e hijos

Tal y como denuncian los especialistas, generalmente en los casos de acoso escolar el foco está solamente en la víctima a la que hay que mostrar apoyo y tratamiento, y no en el agresor, que también necesita ser estudiado y, sobre todo, concienciado de lo que hace. “Hay que analizar por qué es agresor. A lo mejor se le está agrediendo, muchas veces en la propia casa”, explica Hernández.

La maestra y CEO de El Pupitre de Pilu pide poner el foco en los agresores y, también, en los padres tanto de agresores como de cómplices. “Cuando hay bullying todos somos responsables, pero los padres de todos esos niños también, porque todos están dando la espalda a la familia y a esa víctima. Igual la víctima se tiene que ir del centro, pero los agresores también, los espectadores se convierten en cómplices. Me da igual que por miedo o porque la historia te divierta, pero lo estás siendo”, enfatiza.

Martí recuerda que “muchas veces nos olvidamos de que normalmente el agresor siempre necesita ayuda y tratamiento para que no se perpetúe y hay que trabajar tanto con el niño como con las familias”. “Para un padre que de repente se dé cuenta de que su hijo está perpetuando el acoso o está siendo agresor de algún tipo de violencia, es muy duro”, indica. La especialista en acoso escolar apunta a que en muchos casos se reproducen dinámicas violentas que se ven en casa o se dan “prácticas educativas demasiado autoritarias o demasiado permisivas”.

“Hay que preguntarse si un niño es agresor y por qué. Hay algo que está haciendo que siga una conducta agresiva, hay un problema mental de base o un trastorno de base, hay un problema de aprendizaje en el que ha sido agredido y se ha convertido en agresor. Ese doble rol que muchas veces tenemos presente y no nos damos cuenta”, señala.

Al final, los orientadores intentamos ayudarles a que entiendan que sus hijos necesitan ayuda y que esa no es la manera adecuada de relacionarseJosé Luis Casillas, orientador de la APOECYL (Asociación Profesional de Orientación Educativa de Castilla y León)

Hernández y Casillas coinciden en que llegar a este punto no es especialmente fácil entre las familias de los agresores. “Una familia de acosador lo que hace es negarlo en primer lugar. Depende de la familia, pero si hablamos de un colegio privado y la familia tiene posibles, pues apaga y vámonos, es mucho más importante para el centro que la familia siga que otra cosa. Esa realidad es una hipocresía todo”, detalla. “Cede el más débil porque le están tocando lo que más quiere, pero ahí no es que sea mala solo la persona que lo hace, también las que lo ven que son adultos y se lo callan”, indica.

Una vez que admiten que su hijo agrede, Casillas avisa de que tratan de justificarlo “con el otro es raro o que también hace cosas”. “Al final, los orientadores intentamos ayudarles a que entiendan que sus hijos necesitan ayuda y que esa no es la manera adecuada de relacionarse y, si voy arrasando con los demás así, me voy a convertir en un maltratador de mujeres, de trabajadores, etc. que al final voy a ser una persona que va a utilizar la violencia como algo habitual”, explica. Sin embargo, no pierde la esperanza: “Al final los niños tienen la oportunidad de cambiar y hay servicios y asociaciones que les podemos ayudar”.

Entre el coordinador de convivencia y el trabajo social: posibles soluciones

Como una posible solución a esta problemática y, sobre todo, a los suicidios entre niños y adolescentes, la nueva ley educativa quiere implementar definitivamente la figura del coordinador de convivencia y bienestar. Solo en 2020, se alcanzaron los 61 suicidios  entre menores. Además, el 3% ha tenido pensamientos suicidas, según Save The Children. Aunque no es el único elemento que interviene, la exposición en redes sociales o la salud mental, el acoso escolar, en estos casos es un factor determinante como bien se ha visto en el caso de Jokin, Saray o la menor de Navas de San Juan (Jaén) en enero de 2022, por lo que esta figura tendría una doble tarea.

Aunque los profesionales, especialmente los orientadores, no se muestran esperanzados. “Es una figura a mayores que nos dicen los políticos que todo el mundo va a tener y a día de hoy no está regulada, al menos en Castilla y León y en otras comunidades me consta que tampoco”, cuenta Casillas, quien recalca que “son labores propias de los orientadores”.

“Quizás no haya que inventarse nada nuevo y que a los profesionales formados, hay que dotarlos de más recursos y que haya más. Mejor que haya más orientadores y no figuras que suenan muy bien y quedan muy bien en los medios, pero que es lo mismo que había”, indica y recuerda la recomendación de la UNESCO de un orientador por cada 250 alumnos.

A Hernández esta figura le parece “poner algo para decir ’estamos haciendo algo”. “Como no tenga tablas y sea capaz de ponerse en contra incluso de sus compañeros, nada”, explica y señala que tendrían que existir protocolos para movilizar a todos los padres de un aula además de formar al profesorado y personal de los centros. “Formar de manera práctica, que la teoría la sabemos todos, y si hay un caso de acoso escolar ese mismo día con carácter de urgencia se llama a todas las familias. Tienen que estar todas, el que no pueda por Zoom o por Teams, pero tienen que estar todas”, reivindica.

Se debe tratar a edades tempranas, fomentando una convivencia positiva con los valores y reglas de convivencia adecuados para que se desarrollen patrones de conducta sanos psicológicamente hablando

A nivel social, la psicóloga María Hurtado indica que se debe tratar a “edades tempranas, fomentando una convivencia positiva con los valores y reglas de convivencia adecuados para que se desarrollen patrones de conducta sanos psicológicamente hablando”, además de trabajar la prevención a través de la formación. 

Casillas apunta a que ahora puede que no necesariamente haya más casos de bullying, pero sí que hay un contexto distinto. “Es verdad que los niños hoy en día se les da una libertad excesiva para que salgan a la calle en grupos muy grandes que no saben gestionar los conflictos que tienen con esa edad con 10 u 11 años, y a la vez se les da un móvil para saber dónde están”, indica el orientador. “Te estoy dando una herramienta para la que no tienes formación y te estoy dejando que salgas sin estar preparado y sí que es verdad que en ese contexto, en ese ámbito, se pueden estar generando conflictos que quizás antes no se daban”, añade.

Además, el especialista denuncia una falta de estrategias a nivel emocional. “Se les protege mucho. Cuando se caen de pequeños, enseguida va la madre o la abuela a levantarle. No se les permite equivocarse. Cuando hacen carreras siempre tienen que ganar y luego cuando se enfrentan a problemas de verdad, como que alguno se ría si tienes un fallo en clase o que alguien diga algo que no te gusta, no saben gestionarlo”, señala. Lo mismo ocurre con los acosadores, a los que indica que hay que formarlos en empatía. “Ellos dicen que ‘es una broma, no es para tanto’ porque al final les falta ese entrenamiento”, detalla.

El bullying y las consecuencias que conlleva, no solo se quedan en las aulas, tal y como recuerda Hernández. “Ese niño de mayor puede que si llega a ser un directivo, hará lo que le han hecho, también puede empatizar más, pero generalmente las consecuencias negativas son mayores que las positivas porque estamos perdiendo la empatía”, afirma. Frenar esta lacra es una labor social, que busca no repercutir en esos adultos del futuro.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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