La frontera invisible que mantiene a los buitres en España y no en Portugal

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En primer plano un buitre negro, tras el un buitre leonado. (Crédito imagen: Rafa Pardo).
En primer plano un buitre negro, tras el un buitre leonado. (Crédito imagen: Rafa Pardo).

Imagina que tomas unos cuantos pájaros, les implantas un geolocalizador y los vuelves a soltar. ¿Serías capaz de dibujar una frontera en base a las posiciones que van visitando todas esas aves? La respuesta lógica sería: “imposible, los pájaros son libres para ir a donde quieran, y las líneas imaginarias a las que llamamos fronteras son para ellos una entelequia”. Bien, así debería ser efectivamente, pero la cosa cambia cuando hablamos de ciertas aves y de cierta frontera.

En este artículo vamos a ver lo que está sucediendo con las dos especies de buitres - el leonado (Gyps fulvus) y el negro (Aegypius monachus) - que conviven a lo largo de la línea fronteriza más larga de Europa, que no es otra que la popular “raya” que separa España de Portugal.

La península ibérica es el hogar del 90% de aves carroñeras del continente. Los buitres, pueden recorrer entre 300 y 400 kilómetros al día en busca de cadáveres con los que alimentarse. Desde la enorme altura a la que vuelan, debería de darles absolutamente igual adentrarse en Portugal o permanecer en tierras españolas, pero la realidad es que los datos se empeñan en mostrar otra cosa. Y es que a los buitres (al menos a los 71 que se equiparon con GPS en la Estación Biológica de Doñana) definitivamente parecía gustarles más el terreno al este de la frontera, bien fuese Castilla-León, Extremadura o Andalucía. ¿Cómo es posible?

Para explicarlo tenemos que retrotraernos a 2001. Ese año, los telediarios no dejan de hablar de una enfermedad llamada encefalopatía espongiforme, que afecta a las vacas. Conocida popularmente como el mal de las “vacas locas”, la enfermedad lleva a la Unión Europea a publicar una directiva que obliga al enterramiento o incineración inmediata de cualquier cabeza de ganado encontrada muerta en los campos. España y Portugal, como el resto de los países miembros, se aprestan a implementarla.

Pocos años después, ante el evidente problema que esta medida está causando en las poblaciones de buitres, que se ven diezmadas por la falta de alimento, España abandona la directiva mientras que Portugal sigue aplicándola. Ahí está explicación. A los buitres leonados y negros, les importa muy poco la política o el nacionalismo. Lo único que les interesa realmente es encontrar comida con la que sobrevivir, y si eso sucede en el lado español de la frontera, allá que se establecen todos.

El experimento arroja unas cifras innegables a favor del lado hispano, como podéis contemplar en el gráfico inferior, en el que se muestran las posiciones visitadas por los buitres de ambas especies mientras estuvo en marcha el estudio (lo cual fue aproximadamente dos años, lo que duraron las baterías).

Posiciones visitadas por los buitres leonados (a) y negros (b) durante el tiempo del estudio. (Crédito imagen: Arrondo et Al.)
Posiciones visitadas por los buitres leonados (a) y negros (b) durante el tiempo del estudio. (Crédito imagen: Arrondo et Al.)

Hay que decir que España no abandonó la directiva europea unilateralmente. Gracias al trabajo científico de muchos interesados, y dado que como hemos dicho la península ibérica es un punto caliente de biodiversidad), se presentaron datos alarmantes a la comisión y esta entendió la problemática levantando la directiva en suelo español.

Paradójicamente, en el lado Portugués además de ver como los buitres han emigrado, seguir aplicando la directiva les cuesta un dinero extra, ya que hay que desplazarse a recoger los animales muertos, transportarlos y deshacerse de ellos. Por lo que puedo leer, durante los años de la directiva, en ambos lados de la frontera los buitres se hicieron tremendamente agresivos por la falta de alimentos, llegando incluso a atacar a animales vivos.

Cabe recordar que la vida de los buitres ya es bastante dura de por sí. Además de tener que digerir carne tratada con fármacos (si hablamos de cadáveres de animales domésticos) lo cual les provoca fallos de riñón, deben enfrentarse a las presas envenenadas, a las líneas de alta tensión y a los aerogeneradores.

Pueden parecernos feos e incluso un símbolo de mal fario, pero los carroñeros cumplen un papel fundamental en la naturaleza, el de “recicladores”. En efecto, su acción evita enfermedades a otras especies animales (por ejemplo consumiendo los cadáveres que de otro modo podrían ir a parar a las fuentes de agua), mientras que también beneficia a la flora al mover el suelo, proveyéndolo de nutrientes.

El trabajo dirigido por Eneko Arrondo se publicó en 2016 en la revista Biological Conservation.

Me enteré leyendo Zmescience.com

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