Bruno Sánchez, un astrofísico español tan valioso como Zuckerberg, Federer o Chris Martin

Algo se está haciendo mal en España con los jóvenes. No hace falta asumir que no se descubre nada nuevo con esta afirmación, pero a veces uno se encuentra con historias y testimonios que refuerzan este punto de vista. La de Bruno Sánchez-Andrade Nuño es una de ellas. Su caso es el de muchos talentos españoles que han tenido que dejar el país para desarrollar su carrera. Hoy, este astrofísico asturiano de 31 años es noticia porque, como en su momento ocurriera con famosos como Mark Zuckerberg, Roger Federer o Chris Martin (Coldplay), Bruno ha sido seleccionado por el Foro Económico Mundial como uno de los jóvenes más valiosos del mundo.

“Ha sido una sorpresa increíble, no me lo esperaba”, confiesa. El galardón, entregado por la institución cada año a más de un centenar de elegidos menores de 40 años, se decide en base a los logros profesionales, a la contribución a la sociedad y a la capacidad que tienen los premiados para conseguir con su actividad mejorar el mundo. Bruno es el único español que este año ha alcanzado la cima.

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¿Cuál es su mérito? Principalmente, conseguir conectar la complejidad de la ciencia con la sociedad. ¿Cómo? Bruno es ahora mismo director de Ciencia y Tecnología del Instituto Global de Adaptación, una ONG sin ánimo de lucro que informa científicamente a las instituciones para que tomen las decisiones adecuadas de cara a combatir el Cambio Climático: “Básicamente, esto es política: se trata de hacer asequible la ciencia para intentar llamar la atención y convencer a un presidente o empresario en 30 segundos, que es el tiempo que tienen para ti; a partir de ahí, si te escuchan, puedes intentar hacer lo mismo en 2 minutos con un ministro o consejero, y así sucesivamente hasta llegar a los detalles con un técnico y llegar a diseñar decisiones que tengan un impacto positivo”, ilustra.

El proceso, según nos explica, trata de hacerles ver, por un lado, qué problemas pueden ocasionar, por ejemplo, los asteroides que se acercan a la Tierra o el consumo de grasas entre la población infantil; por otro, mientras, aconsejan sobre qué subvenciones deben de dar o qué porcentaje del PIB deben dedicar a los diferentes tipos de investigación.

El brillante camino de uno más en las clases
La trayectoria de Bruno hasta ahora es asombrosa. A su edad, se ha doctorado gracias a una beca en el prestigioso Instituto Max Planck de Alemania, ha sido asesor en la Academia de Ciencias de EE.UU. y ha trabajado dos años con cohetes y satélites para la NASA. Su experiencia académica, no obstante, no difiere de la de cualquier joven español. “Siempre he disfrutado mucho de la vida; de hecho, no era un buen estudiante, mi nota media en Selectividad fue de 6,5 y en la carrera estaban en torno al 7 (estudió Física en la Universidad de Oviedo y después Astrofísica en La Laguna, Tenerife). No dedicaba mi vida a estudiar”, clarifica.

La clave de su éxito, por tanto, parece estar (además de en su talento), en la motivación y en las ganas. “Hablo con amigos españoles que no encuentran trabajo: sé que no es fácil, pero hay que perseguir lo que a uno le guste; lo que no puedes hacer es quedarte en casa”, explica Bruno. Y es que el científico sabe de lo que habla.

Vista su trayectoria, parece que siempre ha vivido un camino de rosas, pero nada más lejos de la realidad. Bruno aún recuerda cuando, en una decisión arriesgada, dejó su trabajo en la NASA a cambio de nada. “Tenía una situación cómoda y privilegiada, pero traté de perseguir mi sueño”, reconoce. El astrofísico llegó a verse en una situación comprometida: no tenía paro y durante dos meses no encontraba nada. “Pero yo no estaba en mi habitación mandando currículums; yo me movía, me apunté a clases de francés por si me tenía que mudar a África, busqué intercambios con otros países, viajé a través de ONGs…”, describe. Por probar, llegó a ganar un concurso del Banco Mundial. Junto a un amigo, (“mientras tomaban unas cervezas”, ilustra), desarrollaron una aplicación basada en un trivial con los vastos datos económicos y sociológicos que la institución había liberado. Casi nada.

Al final, entre tanta actividad, se le presentó una oportunidad que no ha desaprovechado. “He tenido suerte, pero yo tampoco he logrado siempre lo que me he propuesto; por ejemplo, siempre quise ser astronauta y tuve la oportunidad de hacer las pruebas, pero no me seleccionaron”, relata, desarrollando la teoría de que todos tenemos y podemos encontrar más de una motivación en la vida y hay que pelear por ellas sin tener miedo a fracasar y afrontando las decisiones más complicadas.

“Yo, por ejemplo, he tenido que sacrificar mi familia y mis amigos por mi vida profesional; ¿qué crees, que no echo de menos Asturias? Evidentemente. Tengo claro que me gustaría volver algún día, pero desgraciadamente no podría haber conseguido esto en España”, sentencia, desnudando una verdad lapidaria que no hace más que añadir una gota más al vaso desbordado por la fuga de talento a la que hoy se ve condenado el país.

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