Brian Cox: los aliens no nos visitan porque se han autodestruido

El profesor británico Brian Cox, físico de partículas, es conocido por el gran público por ser el presentador de varios programas divulgativos emitidos por la televisión pública de su país, la prestigiosa BBC. Recientemente se le ha preguntado sobre la famosa Paradoja de Fermi: habida cuenta del enorme tamaño del universo, y si asumimos que la vida surge allá donde se den las condiciones ideales, y que además esta puede evolucionar hasta alcanzar una inteligencia tal que le permita desarrollar tecnología para el viaje espacial ¿cómo es que aún no hemos sabido nada sobre los extraterrestres? ¿por qué no nos han visitado o enviado un mensaje?

En una reciente entrevista para “The TimeS”, Cox afirma que este contacto no se ha dado, ni se dará, porque es muy improbable. ¿La razón? Es probable que llegado a cierto punto tecnológico, las civilizaciones extraterrestres se hayan destruido. Sin duda una advertencia seria para los terrícolas.

En algún momento, el ritmo del avance de la ciencia y la ingeniería puede superar al del desarrollo de instituciones políticas capaces de gestionar esos avances, lo cual conduce a un modelo autodestructivo. Es un poco lo que estamos viendo ahora mismo en la Tierra. La tecnología que nos permite generar energía, produce también gases de efecto invernadero o residuos nucleares que amenazan nuestra civilización. Si no encontramos un modo de regular dichos peligros, y otros que irán surgiendo, la humanidad podría extinguirse también en unos pocos miles de años.

Cox cree que esta es una de las posibles soluciones a la Paradoja de Fermi: “no es posible gestionar un mundo que tiene la capacidad de destruirse a sí mismo y que para evitarlo necesite de soluciones que impliquen la colaboración global. Podría ser que el crecimiento de la ciencia y la ingeniería supere inevitablemente al del desarrollo de la pericia política necesaria para regular dicho crecimiento, lo cual conduce al desastre”.

Cox, que acaba de publicar un libro junto a su colega el profesor Jeff Forshaw, titulado “Universal: una guía para el cosmos”, en el que explica el desarrollo del universo desde el Big Bang a nuestros días, ha aprovechado los actos de presentación del libro para lanzar una advertencia a la clase política.

Uno de los objetivos del libro es el de mostrar que uno puede emplear evidencias e ideas simples, a la par que fuertes, para llegar a conclusiones muy poderosas. Basándose en este punto, la pareja de físicos autora del libro cree que los políticos deberían empezar a pensar un poco como científicos, y basar sus puntos de vista tanto en las evidencias como en la ideología, en lugar de intentar siempre ofrecer al público una imagen de perfecta certidumbre.

Cox se pregunta: “¿Qué quiere ser un científico? ¿Queremos tener la razón o lo que nos preocupa es comprender la naturaleza? Si la respuesta es esto último, deberíamos sentirnos encantados cuando demuestran que estamos equivocados”. A lo que Forshaw añade: “del mismo modo, los políticos deberían sentirse encantados cuando sus políticas funcionan, pero igualmente encantados cuando alguien llega con una idea que funciona mejor”.

Llegado a este punto no he podido evitar sonreir con la ocurrencia de estos dos físicos, tan imaginativa como improbable. ¿Os imagináis a un político reconociendo que lo que hace un rival funciona mejor que lo que él mismo propone en su programa, y además alegrándose por ello? Sin duda estamos ante un ejercicio de política-ficción. Me temo que es más probable que el fatídico veredicto de Cox sobre la Paradoja de Fermi se cumpla, y que nos aniquilemos al no haber sido capaces de regular globalmente el progreso científico.

Me enteré leyendo The Daily Mail.

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