Bolsonaro encabeza inmensas concentraciones por el Día de la Independencia

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Mientras se acercan las elecciones presidenciales en Brasil, aumentan las tensiones en un país polarizado hasta el extremo. Con este telón de fondo, el presidente ultraderechista Jair Bolsonaro participó en el desfile militar del Día de la Independencia en la capital, Brasilia, antes de dirigirse a Río de Janeiro. En la capital, el jefe de Estado pronunció un encendido discurso ante decenas de miles de partidarios. La oposición de izquierdas lo acusó de "usurpar" las festividades nacionales.

Un bicentenario de la independencia bajo alta tensión en Brasil.

Este 7 de septiembre, día nacional en el país sudamericano, el presidente Jair Bolsonaro reunió a decenas de miles de sus partidarios durante un desfile militar en la capital brasileña, Brasilia, y en la ciudad de Río de Janeiro, barriendo así las críticas de la oposición que lo acusa de utilizar esta fecha de importancia simbólica, para sus objetivos electorales.

Y es que a menos de cuatro semanas de las elecciones más polarizadas de la historia reciente del país, el presidente brasileño quiso hacer de esta conmemoración una muestra de fuerza.

En Brasilia, tras el desfile militar, Bolsonaro pronunció un discurso incendiario ante una multitud de seguidores vestidos de verde y amarillo, los colores de la bandera nacional y de su partido.

“Nunca he visto un mar tan grande con sus colores verde y amarillo", dijo Bolsonaro, antes de lanzarse en un ardiente discurso recordando los valores ultraconservadores de su gobierno, que "no tiene intención de legalizar el aborto" ni las drogas ni "promover la ideología de género", sino que respeta la Constitución.

"Nuestra lucha es una lucha entre el bien y el mal", dijo el ex capitán del ejército a sus simpatizantes, entre gritos de "Lula, ladrón" y pancartas llamando a una intervención militar contra el Tribunal Supremo.

"Quieren volver a la escena del crimen", añadió el mandatario contra sus adversarios del Partido de los Trabajadores (PT) liderado por el expresidente Luiz Inácio 'Lula' da Silva, que gobernó Brasil durante 14 años. "No volverán", aseguró Bolsonaro.

"Convenzamos a los que piensan diferente a nosotros, convenzámoslos de lo que es mejor para nuestro Brasil", continuó.

Una campaña marcada por una virulencia verbal que hace temer una violencia postelectoral

En los últimos meses, además de arremeter contra sus adversarios políticos, Bolsonaro ha atacado repetidamente a los jueces del Tribunal Supremo y ha afirmado, sin aportar pruebas, que el sistema de voto electrónico vigente en el país permitirá un fraude generalizado.

Muchos juristas rechazan estas acusaciones, mientras que los detractores de Bolsonaro le acusan de querer sembrar la duda antes de las elecciones para poder impugnar más fácilmente los resultados. Un método ya utilizado por el expresidente estadounidense Donald Trump, que suele ser citado como modelo por el mandatario brasileño.

Los repetidos ataques del presidente al Tribunal Supremo, al sistema de votación y a sus oponentes políticos han llevado a algunos de sus partidarios más radicales a pedir un golpe militar, alimentando así el temor a una eventual violencia postelectoral.

La mayoría de los sondeos dan la victoria al expresidente y líder de izquierdas Luiz Inácio 'Lula' da Silva. Pero en su discurso de este miércoles, Bolsonaro denunció que los sondeos de opinión del principal instituto, Datafolha -cuya última encuesta lo sitúa muy por detrás de Lula, con un 45% frente al 32% en la primera vuelta- son "falsos".

Lula, que instó a los brasileños a apoyarle en las urnas para "construir un camino alternativo a la incompetencia y el autoritarismo que nos gobierna", tiene programados mítines el jueves y una reunión con el sector evangélico, un bloque electoral clave, el viernes.

Sus abogados anunciaron que denunciarán formalmente el caso ante el Tribunal Supremo Electoral, argumentando que el presidente Bolsonaro utilizó el 7 de septiembre "como candidato" para "una mega reunión electoral".

Concentraciones también en la ciudad de Río de Janeiro y en Sao Paulo

Después de Brasilia, Bolsonaro continuó las celebraciones del bicentenario en Río de Janeiro, a lo largo de la playa de Copacabana, donde tuvo lugar un desfile de decenas de “jet skis” y donde miles de fervientes partidarios se reunieron a última hora de la mañana.

Entre ellos estaba Suely Ferreira, de 64 años, que portaba una pancarta en la que pedía a Bolsonaro "que movilice a las fuerzas armadas para deponer a los jueces del Tribunal Supremo". "Es una dictadura que está arruinando el país", aseveró en referencia a la máxima corte.

"Esta manifestación es muy importante para mostrar al mundo que nuestro presidente es amado" dijo a la agencia de noticias, AFP.

El jefe de Estado insistió en que este año los soldados marcharían en el lugar donde suelen desarrollarse las manifestaciones de sus partidarios, mientras que, tradicionalmente, el desfile militar de Río se celebra a unos 15 kilómetros de distancia.

Esta decisión pilló desprevenido al ayuntamiento: la avenida Atlántica, que sigue la línea de la costa en Copacabana, es mucho más estrecha que la avenida central. Finalmente se llegó a un compromiso: en vez de los tanques, hubo buques de guerra en el océano y aviones militares en el cielo, así como demostraciones de paracaidismo.

Para convocar al mayor número posible de manifestantes tanto en Brasilia como en Río de Janeiro, una intensa campaña se llevó a cabo en las redes sociales. Los youtubers afines a Bolsonaro lanzaron llamamientos en línea para pedir donaciones y uno de los hijos del presidente, el diputado pro-armas Eduardo Bolsonaro, invitó a los brasileños que "hayan comprado un arma legalmente" a hacerse voluntarios en la campaña de su padre.

En Sao Paulo, una marea humana de verde y amarillo también se concentró en la larga Avenida Paulista, mientras que las marchas tuvieron lugar en decenas de otras ciudades brasileñas.

"Las manifestaciones demuestran que (Bolsonaro) tiene una base movilizada", dijo a la AFP Adriano Laureno, analista político, pero sus discursos son "más para movilizar a su propia base que para ganar nuevos votos".

El año pasado, en el Día de la Independencia, Bolsonaro también había adoptado un tono provocador, diciendo que "sólo Dios" podría destituirlo. "Sólo Dios me hará salir de Brasilia", había clamado ante una multitud de más de 100.000 seguidores en Sao Paulo.

AFP, Reuters