Los bosques fragmentados, un refugio para los mamíferos silvestres que debemos proteger

Si tuviéramos que responder a la pregunta de si la fragmentación de los hábitats afecta negativamente a la biodiversidad, probablemente la mayoría de nosotros contestaríamos rotundamente que sí. Sin embargo, como suele ser habitual en ecología, la fragmentación es un proceso muy complejo en el que intervienen muchas variables. Y si cuantificar la fragmentación per se ya es una tarea difícil, evaluar sus efectos lo es aún más.

La forma más correcta de responder a la pregunta planteada sería que la fragmentación no siempre tiene efectos negativos. De hecho, una parte de la comunidad científica apoya la hipótesis de que un paisaje fragmentado, pero muy heterogéneo y bien conectado puede albergar el mismo número de especies que paisajes menos alterados formados por un hábitat continuo.

A pesar del posible potencial que los paisajes fragmentados pueden tener para la conservación de la biodiversidad, este interesante debate no ha sido trasladado al ámbito conservacionista. En efecto, la declaración de espacios naturales protegidos ha estado tradicionalmente muy sesgada hacia la protección de grandes superficies poco fragmentadas.

Los paisajes homogéneos, cada vez más escasos

Pongamos un ejemplo: si en una región de un país hay una zona A de bosque formando una masa más o menos continua de 50 000 hectáreas, pero en otra zona B hay 500 fragmentos de bosque de un tamaño medio de 100 hectáreas que suman la misma superficie, lo más práctico y viable es delimitar y proteger la masa continua de la zona A.

Desafortunadamente, los bosques tropicales formando grandes parches continuos prístinos (tipo A del ejemplo) cada vez ocupan menos superficie. En muchas zonas, la deforestación para crear nuevas tierras de cultivo y pastizales para el ganado ha fragmentado los bosques en numerosos parches (tipo B del ejemplo) que han quedado inmersos en una matriz agrícola generalmente hostil para la fauna silvestre.

Ante esta situación, la viabilidad de muchas poblaciones de mamíferos silvestres en las zonas tipo B dependerá de su capacidad de persistir en estos paisajes fragmentados, que además no suelen formar parte de las áreas naturales protegidas.

Por lo tanto, estudiar la diversidad y abundancia de mamíferos en estos bosques fragmentados, generalmente alterados (secundarios) y no protegidos, es fundamental para conocer su contribución a la conservación de las poblaciones de mamíferos a nivel regional y nacional.