En Bosnia, las penosas tribulaciones de migrantes "indeseables"

Rusmir SMAJILHODZIC
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Autobuses que transportan a migrantes esperan en una carretera al partir del campamento de migrantes "Lipa", cerca de la ciudad bosnia de Bihac, en el noroeste de ese país, el 30 de diciembre de 2020

Tras horas de espera en autobuses, el millar de migrantes que vivían en condiciones infrahumanas en el campo de Lipa, norte de Bosnia, consumido por un incendio hace una semana, han tenido que regresar al mismo ante la incapacidad de las autoridades de darles una solución.

Desde abril, esos migrantes ocupaban carpas levantadas en este campo en la frontera con Croacia, que nunca tuvo electricidad ni agua corriente. Ahora nieva y un viento gélido corta la respiración.

Desde hace varios días, responsables locales e internacionales hablan de una "catástrofe humanitaria" y aunque todos saben que era previsible, nadie acepta responsabilidades.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que gestiona el campo con otras ONG, decidió retirar a sus equipos y reclama a las autoridades que vuelvan a abrir el centro de acogida de Bira, en la ciudad vecina de Bihac.

Este centro instalado en una fábrica abandonada cerró a principios de octubre, antes de las elecciones municipales por presión de los habitantes.

Era una promesa electoral que el alcalde Suhret Fazlic está decidido a cumplir: "No permitiremos que regresen. Se trata de nuestra seguridad", repite hasta la saciedad.

El miércoles se sumó a decenas de habitantes que se congregaron frente al local para impedir el regreso de los migrantes.

- "Como un animal" -

Esta ciudad, de 56.000 habitantes, está situada en la "ruta de los Balcanes" y desde 2018 la han cruzado decenas de miles de personas que huyen de los conflictos y de la pobreza en Oriente Medio, Asia y África.

Actualmente hay unos 8.500 migrantes en Bosnia, uno de los países más pobres de Europa, según Peter Van der Auweraert, responsable de la OIM en el país. Cerca de 6.000 viven en centros de acogida, mientras que "entre 2.500 y 3.000 no tienen un techo".

Muchos viven en edificios y casas abandonadas y tratan regularmente de cruzar a Croacia, país miembro de la Unión Europea, que los expulsa también regularmente a Bosnia.

Según la policía, el incendio del 23 de diciembre del campo de Lipa habría sido obra de los propios migrantes para protestar por la retirada de la OIM.

El alcalde de Bihac arremete contra la OIM: "Tengo la impresión de que querían provocar esta situación".

El martes, el ministro bosnio de Seguridad, Selmo Cikotic, anunció que serían albergados en un viejo cuartel en Bradina, un pueblo del sur del país. Unos mil migrantes se subieron a autocares.

Pero ante la hostilidad de los habitantes de este pueblo, los autocares no salieron y los migrantes fueron devueltos al calcinado campo de Lipa tras pasar una noche y un día en los autobuses.

"Desgraciadamente he aprendido a vivir como un animal. Me da exactamente lo mismo que nos lleven a otro sitio o que nos dejen aquí. Es incluso mejor quedarnos aquí porque la frontera no está lejos y voy a intentar el 'game' (cruzar) en los próximos días", dice a la AFP Nuha, un iraní de 35 años.

- "Inhumano y humillante" -

El término inglés "game" (juego) es utilizado por los migrantes para designar sus intentos de cruzar la frontera ilegalmente con Croacia en esta región montañosa y boscosa.

Para Nuha, "el mayor dolor" es estar separado de su esposa y su hijo "nacido en la carretera", en Grecia. Están en Reino Unido desde hace dos años.

"Los migrantes son indeseables dondequiera que intentes albergarlos", lamenta el ministro de Seguridad Cikotic, que pide a las autoridades municipales y cantonales que permitan la reapertura del centro de Bihac.

Y es que no puede ordenárselo. El poder en este país étnicamente dividido está muy descentralizado. Las autoridades locales pueden rechazar las decisiones del gobierno federal.

"Esto muestra muy bien la debilidad del Estado" bosnio dotado de un sistema político que necesita "un consenso entre diferentes niveles", constata Peter Van der Auweraert.

"Tenemos los medios, pero no podemos ayudar a esta gente debido a esta situación", lamenta.

La OIM y otras organizaciones reclaman a las autoridades en un comunicado conjunto "una solución inmediata" porque de lo contrario puede tener "consecuencias graves para la seguridad y las vidas humanas".

Husein Kavazovic, el gran muftí de Bosnia, donde la mitad de sus 3,5 millones de habitantes son musulmanes, denuncia el "trato inaceptable" reservado a los migrantes.

"El trato inhumano y humillante es una vergüenza para Bosnia, pero también para Europa".

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