Boris Johnson intenta desviar la atención con su atuendo para salir a correr... y vaya si lo ha conseguido

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Tras afirmar en numerosas ocasiones que había cumplido las normas Covid impuestas por su propio Gobierno, a Boris Johnson, acorralado por las evidencias publicadas en prensa, no le ha quedado más remedio que pedir disculpas por las fiestas organizadas en su residencia mientras el resto del país se encontraba confinado y los hospitales desbordados. El ‘Partygate’, como han bautizado los medios británicos el escándalo, le ha estallado en la cara y, al tiempo que en su propio partido se alzan voces pidiendo su dimisión, él ha decidido salir a correr con un atuendo de lo más estrafalario protagonizando una curiosa imagen de la que no dejan de hablar.

El Primer Ministro británico fue captado corriendo así por St James's Park, en Londres. (Foto: REUTERS/Hannah McKay)
El Primer Ministro británico fue captado corriendo así por St James's Park, en Londres. (Foto: REUTERS/Hannah McKay)

Protagonizar una escena no exenta de bochorno o ridículo es seña de identidad del Primer Ministro británico. Algo que, en parte, le ha otorgado una popularidad con el paso de los años y los titulares que ahora está en declive tras el escándalo de las fiestas de las que él, negando la evidencia, ha llegado a decir que creía que eran reuniones de trabajo. Los titulares, las críticas, las protestas en la calle y las peticiones de dimisión arrecían. En ese contexto político él decidió salir a correr acompañado de su perro, con un gorro y jersey oscuros y unas bermudas estampadas que más parecían atuendo para ir a la playa que a hacer deporte por el frío Londres de noche.

Lo de salir a hacer ejercicio con una vestimenta poco apropiada no es algo nuevo en el caso de Boris Johnson. Hace unos meses, en octubre, captó la atención de los fotógrafos cuando se echó unas carreras con pantalón corto, camisa y zapatos. Entonces fue objeto de comentarios y mofas, pero en aquella ocasión no le sobrevolaban las críticas como ahora ni las peticiones de dimisión. Otro ejemplo de esas situaciones un tanto cómicas y absurdas con él como protagonista exclusivo es aquella entrevista en la que parecía no saber usar un paraguas. En este sentido, con motivo de su nombramiento como nuevo líder de los conservadores en el verano de 2019, en The New York Times le dedicaron un afilado artículo en el que analizaban su estilo.

Titulado Boris Johnson y el auge del estilo tonto, Vanessa Friedman, su autora, desgranaba la teoría de cómo hasta su lanzamiento como líder, Donald Trump no había tenido rival a su altura en ese estilo tirando a lo caricaturesco. Apuntaba la autora cómo este nuevo tipo de políticos quizá estaban “reescribiendo las reglas de cómo se ve el liderazgo”. Decía entonces Friedman de Trump que “con su piel mandarina y sus ojos de gafas de sol con círculos blancos, su peinado rubio como el algodón de azúcar y sus corbatas rojas brillantes demasiado largas y sus trajes Brioni vaporosos, es una caricatura de un político sacado directamente de la televisión nocturna: risible y grabado a fuego en sus retinas al mismo tiempo. Es divertido, hasta que te das cuenta de que también es inolvidable”.

La voces que piden la dimisión de Boris Johnson tras el 'Partygate' son cada vez más. (Foto: REUTERS/Hannah McKay)
La voces que piden la dimisión de Boris Johnson tras el 'Partygate' son cada vez más. (Foto: REUTERS/Hannah McKay)

Y, entonces, entró en liza Johnson, un político del Partido Conservador británico que venía de dejar su impronta como alcalde de Londres con imágenes grabadas a fuego y risas como la de él colgado en una tirolina ondeando dos banderitas. Hablaba la autora del artículo de una apariencia caricaturesca como parte de una estrategia y mencionaba el impacto de Johnson en este sentido. Un a la postre Primer Ministro que ha llegado a tener una cuenta de Twitter dedicada a su pelo: “Una singular mata de rubio eléctrico muy fino que en ocasiones se ha parecido a un corte de tazón medieval, pero que con mayor frecuencia se pone de punta por la confusión después de haberlo peinado”.

Boris Johnson debutó en el Parlamento en 2001 y desde entonces no ha dejado de atesorar momentos que bien podrían haber sido escritos para un capítulo de Mr. Bean o El Show De Benny Hill o incluso ser un sketch de los Monty Python. La lista de adjetivos que le han dedicado por ello es larga. “Caótico”, “payaso” y “bufón” son algunos de ellos. No es raro verle comparecer públicamente con camisas y chaquetas arrugadas, despeinado, mal abotonado o, directamente, con combinaciones imposibles como la última imagen suya haciendo deporte.

Cuando era alcalde de Londres dejó esta imagen que le perseguirá siempre. (Foto: Barcroft Media / Barcroft Media via Getty Images)
Cuando era alcalde de Londres dejó esta imagen que le perseguirá siempre. (Foto: Barcroft Media / Barcroft Media via Getty Images)

Y lo que para otros podría haber sido objeto de burla y ridículo sin más, Friedman explicaba que en el caso de Johnson “de alguna manera se convirtieron en insignias de credibilidad que cerraron la brecha de clase”. Una afirmación que tiene que ver con la idea de que el Primer Ministro se equivoca y comete errores tanto como cualquier otro. En el mencionado perfil sobre su imagen pública se apuntaba a que ”su payasada” respondía a una mezcla de “autenticidad” y “cálculo” partiendo de la idea de que lo más probable es que fuese algo que “ocurrió de forma natural y luego aprendió muy rápidamente cómo explotarla en su beneficio”.

La cuestión es si esa supuesta estrategia le puede salvar para desviar la atención en un escándalo de tal calibre como el desatado por el ‘Partygate’. De momento, los titulares por salir a correr con un pantalón colorido los tiene.

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