Hay una bomba de relojería política y económica a punto de explotar en España

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El presidente de la Generalitat valenciana, Ximo Puig (izda.) y el de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (dcha.), se reunirán el 21 de septiembre para abordar la financiación autonómica. (Photo By David Zorrakino/Europa Press via Getty Images)
El presidente de la Generalitat valenciana, Ximo Puig (izda.) y el de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (dcha.), se reunirán el 21 de septiembre para abordar la financiación autonómica. (Photo By David Zorrakino/Europa Press via Getty Images)

Pasó un poco desapercibido ante el choque sempiterno entre la izquierda y la derecha fruto de la política de bloques que obliga a estar, sí o sí, en alguno de los bandos -tanto por filia al uno como por fobia al otro- y no salirse de él bajo ningún concepto. Pero a mediados de mayo se presentó en el Congreso de los Diputados el 'Modelo de Desarrollo' de la coordinadora de la España vaciada con más de cien medidas para el "reequilibrio territorial de España". Un documento que propone, entre otras cosas, una fiscalidad diferenciada que rebaja el IRPF a aquellos trabajadores que fijen su residencia en municipios de menos de 5.000 habitantes, una bonificación a los a autónomos, y varios incentivos a las empresas que se implanten en el medio rural. O si se prefiere, un plan en contra de los grandes núcleos urbanos que siguen llevándose la mayor parte de los recursos de la financiación económica.

Sí que hubo alcaldes y presidentes autonómicos del PP y del PSOE que se interesaron por ello, pero a nivel local y/o regional. Ninguno de los dos partidos movió uno solo de sus músculos al respecto a nivel nacional.

Porque lo que se encuentra detrás de ese 'Modelo de Desarrollo' es una bomba de relojería política y económica a punto de estallar. Tanto en España como en ambos partidos. Porque los territorios afectados por políticas económicas y estructurales que han facilitado el desequilibrio, que han promovido la concentración de la población en grandes urbes, y que han provocado el declive rural, conforman una lectura del país transversal. Que no entiende de siglas, sino de necesidades. De urgencias. Tantas que ya empiezan a saltarse las reglas.

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Y así vemos que tanto alcaldes/presidentes del PP como del PSOE entonan el mismo discurso. Y que asociaciones de corte progresista o de sesgo conservador, forman grupos de trabajo. Y esto es algo nuevo a día de hoy. Porque si a la coctelera de la confrontación entre bloques se le suma una verdadera rebelión de la España vaciada frente a las grandes urbes, puede que la caldera política no aguante la presión y salte por los aires ante el reparto de los fondos europeos.

Por si a alguien aún no le ha quedado claro, la España vaciada no reclama migajas con las que hacer mínimamente vivible el hecho de afincarse fuera de los grandes núcleos urbanos y empresariales. Sino que quiere ventajas reales y determinantes como para revertir el éxodo migratorio.

  • Así asistiremos el próximo día 21 a una poco habitual cumbre bilateral entre Andalucía y la comunidad valenciana. Entre administraciones presididas por Juan Manuel Moreno (PP) y Ximo Puig (PSOE), respectivamente, para reforzar su propuesta de reforma del sistema de financiación autonómica. Pero ojo porque su plan no solo va contra el Gobierno, sino que también va contra el PP de Madrid, cuyas quejas perjudican a Andalucía y Valencia.

  • Y hay más. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, apuntó otro criterio diferente para la gestión de los fondos al que se han sumado -de momento tímidamente- Aragón, Asturias, Castilla y León, Galicia y La Rioja.

  • Valencia y Cataluña, además, sellaron ayer mismo otra alianza para captar fondos europeos.

  • Y Murcia quiere sumarse a la cumbre entre Andalucía y Valencia para no quedar asfixiada al estar, geográficamente, entre ambas.

Son, en definitiva, muchos frentes abiertos en los que se entremezclan siglas que, salvo en este asunto, parecen estar obligadas a estar enfrentadas. Pero si ese bloqueo se resquebraja traerá una sopa de letras difícil de resolver. Por eso Pedro Sánchez y Pablo Casado aún no han abordado el tema. Porque posicionarse de un lado o de otro por puede abrirles unos frentes internos que no están dispuestos a asumir al no tener ni idea de cómo de fuerte puede ser la explosión que se avecina.

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