Ucrania, la primera guerra del futuro

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Estados Unidos deja atrás las guerras de Irak y Afganistán. Empieza una nueva etapa. Su ejército procura ahora acertar con los enemigos del futuro. El jefe del Estado Mayor, William Dempsey, tiene una teoría fácil de recordar: “Dos, dos, dos y uno”.

Así la explica: “Hay dos pesos pesados, Rusia y China. Hay dos pesos medios, Irán y Corea del Norte. Hay dos redes, Al Qaeda y sus socios. Y hay un nuevo ámbito, el cíber”.

En terrorismo la teoría está clara: drones y fuerzas especiales contra el terrorismo. Obama ha dicho que dejaría de usar los a menudo indiscriminados drones en Pakistán y Yemen, pero son aún el método preferido. Pronto pueden serlo también en Siria.

Los pesos medios llevan vías divergentes. En verano se verá si hay un acuerdo con Irán sobre su programa nuclear. Si así fuera, la amenaza ya no sería tan directa. Corea del Norte es imprevisible y China tiene su responsabilidad. El ciberejército avanza en secreto.

Quedan los dos más grandes: Rusia y China. Rusia estaba en relativa calma hasta que llegó la revuelta en Ucrania. El resultado más espectacular ha sido la anexión de Crimea.

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Qué pretende Rusia

En esos días, uno de los asesores más cercanos de Putin, Vladislav Surkov, escribió un artículo. (Surkov es famoso por decir, tras enterarse de que estaba en la primera lista de sancionados por Estados Unidos, que “lo único que me interesa de Estados Unidos es [el rapero] Tupac Shakur, [el poeta] Allen Ginsberg y [el pintor] Jackson Pollock. No necesita un visado para acceder a su trabajo”.) Surkov describía en el artículo una guerra nueva:

Era la primera guerra no lineal. En las guerras primitivas del siglo XIX y el XX era común que dos bandos lucharan. Dos países, dos bloques de aliados. Ahora cuatro coaliciones se enfrentan. No dos contra dos, o tres contra uno. Todos contra todos.

En otro artículo, el general retirado Makhmut Gareyev, presidente de la Academia rusa de Ciencias Militares escribe sobre cómo Occidente trata de conquistar Rusia desde la caída de la URSS: "Son amenazas  asociadas con la información y otras acciones subversivas, la creación de un caos controlado con el objetivo de provocar varios tipos de protestas en países rivales".

Son solo dos artículos de gente influyente. Pero algo se mueve: el ejército ruso vive “quizá su mayor reforma en 150 años”. Rusia procurará defender sus intereses con un ejército recalibrado y otro enfoque. Estas son algunas de las guías:

1. De destrucción directa a influencia directa.

2. De una guerra con armas y tecnología a una guerra cultural.

3. De una guerra con fuerzas convencionales a fuerzas preparadas especialmente y agrupaciones comerciales irregulares.

4. De enfrentamientos directos a guerra sin contacto.

5. De guerra simétrica a asimétrica con una combinación de campañas políticas, económicas, informativas, tecnológicas y ecológicas.

6. De una guerra definida por un periodo de tiempo a un estado de guerra permanente como condición natural de la vida nacional.

Estos puntos son previos al conflicto en Ucrania, pero encajan. Todo ha sido “legal” -con decretos de parlamentos y referéndums- y Rusia solo ha intervenido para proteger a rusos. ¿Quién puede oponerse a algo tan limpio?

Desde la guerra con Georgia en 2008, el ejército ruso ha empezado una nueva inversión y dirección, que debe concluir en 2020. La primera práctica de momento va bien. Habrá que ver si las sanciones y las suspicacias no perjudican sus planes a largo plazo.

Rusia no tiene recursos militares para enfrentarse a la OTAN. Pero sabe que la OTAN tiene limitaciones. Europa no tiene ganas de un conflicto que puede perjudicar el flujo de gas ruso y sus relaciones comerciales. Estados Unidos está ahora a otras cosas. 

Estados Unidos quiere menos acción directa

En Washington también ven las guerras del futuro de otro modo. Esto dice Dempsey, su jefe del Estado mayor: "Cuando miras qué puede conseguir el poder militar, ves que es más eficaz cuando se enfrenta a situaciones de poder contra poder que en escenarios de poder contra debilidad".

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Estados Unidos es con diferencia la primera potencia militar del mundo. Pero tras Afganistán e Irak, es imposible imaginar una guerra similar, donde no haya solo que ganar sino también quedarse para implantar una transición. Dempsey lo aclara: "Necesitamos menos acción directa porque es el uso más caro, perturbador y controvertido del poderío americano. En cambio, necesitamos más en términos de lograr aliados".

Hay dos palabras interesantes: "caro" y “controvertido”. El combate es la forma más cara de intervención y ahora hay que ahorrar. La guerra siempre es controvertida. Pero si hay dos bandos, el mundo se va a poner de lado de alguien. La informacion y desinformación cuenta cada vez más.

Rusia en Ucrania ha defendido sus intereses de manera evidente, pero ha ido -de momento- con cuidado. En esta época globalizada, los conflictos tienen más análisis, comentarios, imágenes. La diplomacia pública es esencial. El concepto se acercará al “todos contra todos” de Surkov.

El teniente coronel americano John Nagl tiene un gran frase sobre las opciones de los ejércitos hoy: la contrainsurgencia ideal, dice, se combatió “en una península contra una minoría étnica obvia antes de que se inventara la CNN”. Se refiere a la guerra colonial británica en la península malaya: el enemigo estaba definido, el espacio geográfico era cerrado y, sobre todo, nadie metía sus narices si había violaciones de las convenciones de Ginebra -que las había.

Muchas guerras del futuro serán más frágiles y prudentes, menos parecidas a Irak y Chechenia. El poder está más repartido, los ejércitos tienen dificultades para vencer y luego convencer, y el mundo mirará: las armas son una pieza del ajedrez. Aunque el enemigo también aprende rápido: Ucrania ha acabado por emplear elementos no militares para responder.

China también se enfrenta estos días a Vietnam por petróleo en unas aguas disputadas. A Estados Unidos le preocupa, pero ¿va a poner en juego sus armas? No. China lo sabe. Rusia lo sabe.

Hace unos años ni China ni Rusia eran capaces de estos movimientos. (No todo son ventajas: los ciudadanos chinos en el extranjero pueden ser ahora una debilidad.) En el siglo XXI, no habrá un policía que pueda hacer cumplir toda la ley -que a menudo coincide con sus intereses.

La época Obama es el ejemplo perfecto de esta retirada global de Estados Unidos. El presidente americano tiene intereses prioritarios, y luego viene todo lo demás. Si Ucrania, Siria o Vietnam no son prioridad suficiente, se puede ayudar, pero el problema es de otros.

En este mundo hay más margen para un tipo de violencia sutil. Pero los ejércitos deben ser cuidadosos: el mejor modo de ganar ya no será solo el mejor ataque. Las guerras del futuro serán más discretas y delicadas, pero igual de efectivas. Más vale tener un ejército adaptado.