YouTube refleja la represión sangrienta de Siria

Thomas Castroviejo
Gaceta trotamundos
Imagen de un vídeo amateur, emitido por el grupo Ugarit, de una protesta en Siria que que supuestamente terminó con la muerte de todos sus asistentes (AP)

Dicen que Siria está viviendo las consecuencias de la primavera árabe, que hay protestas y revueltas contra el régimen de Bachar el Asad que el propio líder se encarga de sofocar con más o menos violencia según las fuentes. Dicen, porque El Asad no permite la entrada de periodistas extranjeros a menos que sea para fines propagandísticos, así que los comités de coordinación que organizan las protestas lo compensan con datos igualmente exagerados. El mes pasado, por ejemplo, se dijo que unos buques de guerra habían bombardeo algunas ciudades del país y resultó ser mentira.

Por eso, porque es tan complicado saber con exactitud qué es verdad y qué es mentira en Siria, son tan valiosos los testimonios que estos días están llegando de fuentes fiables. Hace unos días contábamos la historia de la primera mujer muerta bajo custodia en Siria después de ser mutilada, despellejada y, por fin, descabezada. Lo denunció Amnistía Internacional. La otra herramienta para filtrar historias de la atroz realidad siria es mucho más imparable y objetiva: YouTube.

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A través de la plataforma de vídeos, podemos comprobar de primera mano historias como la de Louai Abudlk Hakim Al Amir, un profesor de árabe en una escuela privada de Arabia Saudí desde hacía 18 años. En sus vacaciones intentó volver a su Siria natal cuando, el 7 de agosto, fue detenido y torturado por las fuerzas especiales del gobierno sirio. Seis días después, moría por culpa de las heridas. Su único crimen, según contó su padre al diario saudí Arab News fue "venir de Arabia Saudí y llevar barba".

El vídeo de YouTube fue visto por los alumnos y compañeros del profesor. Reconocieron en las duras imágenes a un docente por el que sentían cariño y respeto; le habían recomendado que no fuera a Siria por las atrocidades que está cometiendo el régimen allí pero, ya sea porque la desinformación paliaba esa imagen represora de su país, o porque no sentía miedo, decidió emprender el viaje. Según informa El País, echaba de menos a su familia, que ya estaba pasando allí las vacaciones. Cuando se volvió a saber de él era porque tenían que organizar una ceremonia fúnebre en su nombre.

No es el único caso. La prudencia impide reproducir aquí unos vídeos tan desgarradores que pueden herir la sensibilidad del lector, pero quien se aventure a pinchar en el enlace puede ver con sus propios ojos cómo, por ejemplo, un chico de 13 años es apaleado hasta la muerte por participar en una de las protestas, por no hablar del metraje sin editar de una revuelta acallada por el ejército sitio a balazos, de la tortura de otro rebelde sirio cuya cara está tapada con una máscara de oso de peluche, o del estado en el que quedan los cuerpos después de que el ejército acabe con ellos.

El ejército es, de hecho, una pieza clave para entender por qué se están cometiendo estos abusos. Su simpatía hacia el régimen es lo que impide que las protestas cobren la fuerza que han tenido en Egipto, Túnez y, con más reparos, en Libia. Otro factor importante radica en la falta de líderes dentro de la revuelta, por lo que no se trata de quitar a presidente para poner a otro. Es una revolución en el sentido estricto del término, lo cual explica por qué los opositores al régimen no han pedido ayuda a la OTAN.

En total, la ONU estima más de 2.500 muertos en manifestaciones entre marzo y principios de septiembre, protestas que insisten en Damasco tras actos organizados por terroristas. En todo caso, el profesor Louai Abudlk Hakim Al Amir era ajeno a todas ellas, pero hoy, como atestigua el vídeo de YouTube del que deberían abstenerse los ojos más sensibles, es una víctima más de una represión tan cruel como absurda.