Los últimos días de Gadafi

Thomas Castroviejo
Gaceta trotamundos

Las últimas semanas han demostrado lo difícil que va a ser que sepamos con certeza cómo vivió Muamar el Gadafi las horas previas a su captura y su posterior muerte. Es posible que nunca lo sepamos, y que haya que conformarse con las versiones oficiales de un gobierno provisional temeroso de parecer mojigato y de los captores y su fervor revolucionario.

Lo que sí podemos saber ahora con increíble detalle es cómo fue la caída del mandatario más longevo de Libia; qué hizo en sus últimos días cuando todo estaba perdido y cómo se comportó en las horas anteriores a su captura. Lo sabemos porque uno de los agentes de seguridad más importantes del dictador ha decidido hablar: Mansour Daou cuenta el errático comportamiento de un líder que se enfrentaba a la la única sensación que jamás creyó que tendría: miedo.

Daou recuerda estar en el coche con Gadafi, rumbo a Trípoli, cuando recibieron la noticia de que una ola rebelde había logrado derrocar al Presidente de Túnez y se había propagado a Egipto. "Empezó a hablar de los amigos que le habían desertado, como Berlusconi, Tony Blair o Nicolas Sarkozy". Entonces Gadafi trazó un plan. Decidió colocar 38.000 soldados a las puertas de Trípoli cuando fue "traicionado" desde dentro. El día que empezó la revuelta, sólo había 200 soldados en sus puestos. "Había tanques y vehículos sin conductores, torres de vigilancia abandonadas".

Al poco, Gadafi se vio obligado a pensar en la retirada. "Quería volver a su pueblo natal, no morir ahí o pasar ahí sus últimos momentos", recuerda. Allí se fueron el 18 de agosto, tras constatar que la capital ya no era segura para los gobernantes. "Nuestras vidas habían dado un giro de 180 grados", añade. Tenían que esconderse en casas abandonadas en el camino, escasos de comida y medios. Al final ya no tenían ni electricidad ni agua ni forma de comunicarse con el mundo exterior.

Hasta entonces, Gadafi creía que podía seguir en el poder. Daou y otros tantos miembros de su entorno cercano intentaron convencerle de que se fuera a Marzo ("para irse con respeto, para salvar la cara"). Pero la familia Gadafi no podía concebir algo así. "No es fácil que alguien que lleva 42 años en el poder se convenza de que lo ha perdido en un minuto". De camino a Sirte, el dictador debió cambiar de parecer: su comportamiento se hizo más y más errático. Empezó a pasar el día entero leyendo los libros que había guardado en una maleta. Mientras el grupo que lo acompaña iba mermándose día tras día, él se negaba a salir de la ciudad. Eran una convoy sin plan.

Hasta, claro, el día 20 de octubre. Las tropas les habían encontrado y no tenían más remedio que irse. A las 8 de la mañana fueron interceptados por tropas de la OTAN. El coche de Gadafi fue alcanzado y saltó el airbag, hiriéndole en la cabeza y en el pecho. Intentaron huir dos veces. La primera fueron alcanzados por otro ataque aéreo. "Ahí fue cuando tuvimos más víctimas y más vehículos destruidos, nuestro coche fue alcanzado en cuanto salimos nosotros. Algunos perdieron un brazo, otros una pierna, otros estaban muertos. Fue terrorífico".

Esta historia le fue contada a la CNN desde una prisión en Misrata, donde fue enterrado el dictador. Ahora tendrá que ser juzgado por diversos crímenes, como su papel en una masacre en la prisión de Abu Salim en 1996 o en la contratación de mercenarios africanos durante el conflicto. La última pregunta de la entrevista es si se arrepiente de haber formado parte del régimen de Gadafi. A esto contesta con un suspiro y una risita culpable. "A veces me arrepiento de todo. Hasta de estar vivo. Cuando una persona se arrepiente a estas alturas de su vida y repasa todo lo que ha hecho, suele estar haciéndolo demasiado tarde".

Fuente: CNN