¿Y si Barack Obama y Sarah Palin fueron amantes?

Thomas Castroviejo
Gaceta trotamundos

En los años ochenta, cuando Regan ocupaba la Casa Blanca y atendía los vaivenes de la Guerra Fría contra Rusia, el futuro de la política estadounidense estaba en Honolulu. Allí es donde un joven ambicioso llamado Barry Obama estaba cursando sus estudios universitarios. No muy lejos del centro había otra mujer, llamada Sarah Palin, haciendo cursos para ampliar su titulación de posgrado. Tres décadas después, estos dos protagonistas encarnan polos opuestos del espectro político de su país; es más, representan -el presidente Barack Obama desde la izquierda, Sarah Palin desde la derecha ultraconservadora- el encarnizado enfrentamiento político que caracteriza este año a la policía de Estados Unidos. Pero, ¿y si resulta que estos dos rivales fueron amantes en Honolulu en los ochenta?

Esta es la pregunta que plantea una nueva novela titulada Palin and Obama - Lovers When We Met (traducible como Palin y Obama: Amantes desde que nos conocimos). Por fortuna para los asesores de comunicación de ambos bandos, se trata de una obra de ficción, escrita por un periodista llamado Howard Decker, articulada en un imposible thriller que combina espías rusos, un avión sin piloto que lleva una bomba atómica, una caza de jabalíes en Hawai y, por supuesto, un secreto entre dos amantes que podría destruir la nación que hoy intentan liderar.

"Es un hecho histórico", se defiende Decker. "Sarah Palin y Barry Obama coincidieron en Hawai. Ella iba a una universidad que estaba muy cerca de dónde vivía Barry con sus padres. No hay ninguna prueba histórica de que se conocieran". No obstante, la literatura está para hacer preguntas.

La obra patentiza el poder del nombre de Sarah Palin, posiblemente la derrotada en unas elecciones más popular de la historia de Estados Unidos. Fue un hazmerreír memorable durante la campaña electoral del 2008, tras revelar sus apariciones que apenas había salido de su país, que no leía periódicos y que su concepto de "política internacional" era ver Rusia desde su casa en Alaska), un factor que eclipsó el hecho de que había sido una gobernadora inteligente y eficiente.

De hecho, cuando pasaron las elecciones, volvió a mostrar esta faceta; supo que tenía un público que se sabía derrotado la noche que ganó Obama: los republicanos más duros, a los que su compañero John McCain no se había atrevido a complacer. Fue a por ellos, no ya desde la política, sino desde los medios: pasó a ser comentarista en tertulias de televisión, autora de varios libros, oradora... Se convirtió en una estrella.

Ese magnetismo y esa lejanía de la primera plana política han sido una combinación muy rentable para ella: puede dar o quitar su apoyo a los candidatos presidenciales de su partido a su antojo y puede marcar la línea ideológica a través del Tea Party, la rama ultraconservadora de los republicanos que tanto éxito está cosechando este año. Por todo ello, es entendible toda la atención que acapara: este año se han estrenado dos documentales sobre su vida, así como una biografía no oficial. A su vez, varios medios hablan ahora del "fenómeno Palin" como una de las características más innegables de la política estadounidense actual.

Solo le faltaba haber sido amante de Barack Obama. Entonces ya lo tendría todo.

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