¿Sería Suárez un buen candidato en 2014?

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La muerte de Adolfo Suárez ha dejado a España sin el primer presidente del Gobierno de la democracia. Un político conciliador, con empatía y don de gentes. Un perfil que apenas ha catado la sociedad española -desde que comenzaran a sucederse en Moncloa los candidatos de PSOE y PP en 1982- y que la sociedad reclama en este momento en el que el bipartidismo se antoja caduco.

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Adolfo Suárez fue una cara nueva cuando llegó a la presidencia. Nadie se esperaba su nombramiento cuando los nombres que se barajaban para asumir la presidencia eran Federico Silva, Gregorio López Bravo e incluso el propio Manuel Fraga. Sin embargo el Rey optó por el joven y apuesto Adolfo Suárez quien había aprendido el poder de la imagen en su etapa al frente de Radio Televisión Española. Un político renovador, que tenía un pasado cercano a la dictadura pero que estaba dispuesto a liderar el aperturismo. Dos detalles que le valieron para lidiar con los diferentes movimientos políticos de la fecha.

Y lo consiguió gracias a un carisma que todos le reconocieron. Por encima de todo, Suárez poseía encanto personal, poder de seducción. El que necesitó para que todos hicieran concesiones al otro, para que cedieran en favor del futuro que hoy vive España.

Algo parecido parece buscar ahora el español, que barómetro tras barómetro castiga con suspensos a la totalidad del espectro político español. Ninguno aprueba, y lo que es peor, todos empeoran sus notas a medida que pasa el tiempo. Se buscan caras nuevas.

Suárez también personificó la esperanza de muchos españoles por recuperar la Justicia social perdida con la dictadura. La misma que en los últimos años han perdido muchos ciudadanos . La diferencia es que en la época de Suárez las libertades las había eliminado el dictador Franco y a día de hoy muchas de las libertades están secuestradas por los mercados que han convertido a España en el país de la OCDE en donde más han aumentado las desigualdades económicas entre ricos y pobres con la crisis. Una "ruptura causada por el desempleo" y por el "sistema de protección social que ha dado una peor cobertura a los menos protegidos en un sistema laboral muy segmentado".

Una prueba innegable de ese talante es que, incluso su muerte, ha generado una unidad aparcada en los últimos tiempos. Y así lo ha resaltado el propio Rey Juan Carlos.

El Gobierno de Suárez puso en marcha una revolución tranquila. Sin enfrentamientos y escuchando a todas las voces . Un periodo en el que, sin necesidad de demoler lo anterior, se fue construyendo un nuevo país basado en la democracia y la igualdad.

Algo por lo que claman las calles, como muestran las últimas marchas del 22M del pasado sábado. Justo lo contrario de lo que han propuesto PP y PSOE en los últimos años cada vez que se han mudado a Moncloa: eliminando las políticas exteriores de los unos, o las libertades sociales de los otros. Proponiendo leyes de educación dispares e ideologizadas en una sucesión de legislaturas que apenas han disfrutado de pactos de estado en Sanidad, lucha antiterrorista o Educación.

La batalla ganada por el Alzheimer no le ha permitido a Adolfo Suárez ser consciente en sus últimos años de vida de lo necesaria que es su figura. La misma que él autodefinió de esta manera: "Pertenezco por convicción y talante a una mayoría de ciudadanos que desea hablar un lenguaje moderado, de concordia y conciliación."

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