ETA muere de inanición

Episodios nacionales

Esta semana se cumplen dos años de la declaración de cese de la violencia de ETA sin que Gobierno y banda terrorista hayan logrado avances significativos. Todo porque ambas partes esperan de la otra un movimiento que no llega. El Gobierno espera la entrega de armas y el perdón a las víctimas mientras que la banda quiere escenificar el desmantelamiento de su entramado como moneda de cambio del acercamiento de presos y otras reivindicaciones.

En los debates que hay entre los presos y los miembros de la izquierda ‘abertzale’, se dice que están dispuestos a entregar todas las armas y arsenales. Pero que pedir perdón les cuesta más. Especialmente porque para pedir perdón por lo sucedido en el pasado piden que el “Estado también pida perdón por los ataques y persecuciones que aseguran haber sufrido”.

Y este aspecto no se puede obviar porque la exigencia de perdón tiene una parte legal al estar regulada en el artículo 90 del Código penal. Para poder acceder a la libertad condicional, por ejemplo, hay una serie de requisitos y uno de ellos -en los casos de delitos de terrorismo- es arrepentirse y pedir perdón a las víctimas.

Así las cosas, la banda ha dejado de matar y, en gran medida, de extorsionar. Eso le ha llevado a menguar su estructura. En cifras, se puede hablar de que ahora hay unos 60 miembros de ETA. Muy lejos de los 517 militantes en libertad que llegó a tener en 2002.

Podían ser menos porque entre detenciones y abandonos la cifra era inferior. Pero para no bajar del medio centenar -número clave según los investigadores para que ETA puede seguir manteniendo firmes sus amenazas-, la organización estaría supliendo con integrantes de las juventudes de la ‘izquierda abertzale’ a los miembros caídos. En concreto a 84 que son los etarras detenidos por las policías española y gala desde el inicio de la última tregua.

¿Y qué se hace con ellos? 'Recolocar' a 60 personas es más fácil que hacerlo con medio millar. La experiencia del desarme del IRA demuestra que reinsertar a terroristas no es factible salvo que hayan pasado antes por la cárcel. De ahí que las autoridades hayan mirado para otro lado cuando el IRA ha incurrido en el tráfico de armas y contrabando de tabaco para financiarse. En España está pasando algo similar. Sin extorsión, ETA sobrevive gracias al contrabando. La Policía suiza mantiene que la banda blanqueó dinero del contrabando de tabaco para financiar sus actividades en la década anterior e insinúa que puede estar haciéndolo ahora. Daños colaterales por lograr una paz que, a la espera de nuevos pasos, el pueblo vasco considera irrevocable.