El exitoso cambio de imagen de Cristina Cifuentes

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La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes. EFE

¿Qué ha visto Rajoy en Cifuentes? Esa pregunta se respira estos días en la capital. Desde que el presidente del Gobierno la nombrara para formar dúo con Esperanza Aguirre en la batalla por Madrid, las interrogantes no han cesado. Especialmente después de saberse que entre los aspirantes figuraban pesos pesados como la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, o el emergente portavoz de campaña, Pablo Casado.

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Haciendo un análisis a vuela pluma, resulta que Rajoy ha elegido a un miembro del ala dura de Alianza Popular para encabezar una lista en el momento en el que la sociedad, según las encuestas, parece reclamar un giro hacia la izquierda. El secreto está en el exitoso cambio de imagen que ha experimentado la madrileña.

Hasta su compañera de partido, Esperanza Aguirre, ha reparado en este detalle Además, ha criticado a los que dicen que ella es más "conservadora" que su compañera y ha recordado que ella viene del criticando a los que dicen que ella es más "conservadora" que su compañera: Si yo provengo del "ala liberal y ella de las Nuevas Generaciones de AP".

Ese es precisamente el quid de la cuestión. Cifuentes ha demostrado a sus compañeros de formación su ascendencia por el conservadurismo fundacional del partido mientras que ha sabido modular su mensaje ante la opinión pública. Lo ha hecho dando una de cal y otra de arena. Contentando, aunque sólo sea en parte, pero a todo el mundo. A los primeros con mano dura en la calle -contundencia policial y prohibiciones de manifestaciones- y a los segundos con mensajes moderados en temas como el aborto, el matrimonio gay o la monarquía. ¿Les suena? Una especie de segundo Gallardón.

Y en eso está Cifuentes. De hecho la delegada del Gobierno en Madrid ha fichado recientemente a Marisa González como nueva directora de Comunicación. La misma persona que, desde hace dos décadas, había sido 'mano derecha' de Alberto Ruiz-Gallardón. Desde que el ya exministro de Justicia peleaba en la oposición madrileña frente al entonces presidente socialista Joaquín Leguina, hasta que cedió el testigo a Ana Botella para dar el salto a la política nacional tras haber acumulado matorías absolutas.

La fecha aproximada del cambio es mayo de 2014. Una vez frenada la riada de manifestaciones que albergaba Madrid a diario, ya no tuvo que seguir cargando contra las marchas 'antisistema'  en la que participaban 'radicales organizados', como ella misma definió. Y justo en ese momento, después de reclamar primarias en el partido para sustituir a Ana Botella y viendo que su mensaje caía en saco roto, decidió no volver a presentar ideas contra el aparato político.

Era mejor pasar desapercibida. Y así fue. Su perfil bajo contrapuesto con el lío en el que se venían manejando Ignacio González y Esperanza Aguirre le ha permitido ganarse la plaza más ambiciosa de su trayectoria política.