Ana Mato hace saltar las alarmas por su gestión del primer contagio por ébola

Asier Martiarena
La ministra de Sanidad de España, Ana Mato, informa en conferencia de prensa en Madrid sobre la enfermera española infectada de ébola, el lunes 6 de octubre de 2014. (AP Foto/Paul White)
La ministra de Sanidad de España, Ana Mato, informa en conferencia de prensa en Madrid sobre la enfermera española infectada de ébola, el lunes 6 de octubre de 2014. (AP Foto/Paul White)

No hay que ser un genio para adivinar que a Ana Mato se le tenían ganas. Pero ni siquiera un hecho preocupante como es que el primer contagio por Ébola fuera de África haya ocurrido en España le ha servido para salvar la cara. Pasadas las 20 horas de ayer la ministra de Sanidad compareció para informar de que una enfermera de Madrid, que formaba parte del equipo que atendió a Manuel García Viejo, el segundo misionero español repatriado de Sierra Leona y fallecido por ébola, ha dado positivo tras un segundo análisis.

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La presencia de Mato se ha hecho de rogar. Porque ni siquiera se dejó ver cuando la Organización Mundial de la Salud declaró a primeros de agosto la emergencia sanitaria internacional por el brote del ébola. Ni ella ni nadie de los suyos. Si se repasa la agenda ministerial de aquellos días, en la web de Sanidad uno se encuentra con la nada. El vacío más absoluto.

Lo mismo ocurrió días después cuando el 12 de agosto falleció el sacerdote español Miguel Pajares. El caso es que ayer dio la cara. Aunque no llevó el peso de la comparecencia. El papel de la ministra de Sanidad, licenciada en Ciencias Políticas y en Sociología, se limitó a leer un discurso ya preparado y, visiblemente nerviosa, a no contestar a ninguna pregunta fuera del guión. Las críticas no se hicieron esperar comparando su currículum con el de su homólogo en Liberia.

Parapetada detrás de los responsables sanitarios del Ministerio, Mato ha logrado articular un mensaje supuestamente destinado a calmar los ánimos: "Quiero transmitir un mensaje de tranquilidad a todos los ciudadanos: contamos con profesionales sanitarios magníficamente formados para este tipo de situaciones y con la capacidad técnica y organizativa para hacerles frente". Pero resulta que ha logrado justo lo contrario. Que se enciendan las señales de alarma. Porque cuando ha sido preguntada por el supuesto fallo de protocolo para evitar el contagio, Mato ha negado la mayor. "No ha fallado nada".

¿Cómo puede ser que el Gobierno insista en que no ha fallado nada al tiempo que confirma el primer contagio por ébola fuera de Europa? Tan pronto Mato metió la pata el director de atención primaria de la Comunidad de Madrid, Antonio Alemany, salió al quite para puntualizar: "No lo sé, estamos investigando". Porque, en realidad eso es lo que está pasando. En el Ministerio andan como locos para determinar qué falló, cómo se contagió y si hay más personal sanitario afectado.

No tendrán que hacerlo mucho ya que la respuesta está más cerca de lo que creen los cargos directivos. El personal sanitario del Hospital Carlos III ha denunciado que los trajes con los que se ha atendido a los dos sacerdotes españoles infectados por ébola no cumplían con los requerimientos de seguridad necesarios. Según sus palabras, la normativa marca que para un caso como el de esta enfermedad es necesario utilizar una indumentaria de nivel 4, es decir, completamente impermeable y con respiración autónoma. La vestimenta empleada para atender tanto a Miguel Pajares como a Manuel García Viejo era únicamente de nivel 2.

Obviamente algo ha fallado y ha pillado por sorpresa al Ministerio. El chapucero sistema de sábanas instalado por Sanidad tan pronto se conocía el contagio da buena fe del descontrol que Ana Mato se empeña en negar.

El problema puede ser aún mayor. Hasta 30 trabajadores del hospital Carlos III de Madrid estuvieron en contacto, al igual que la paciente, con el religioso Pajares. Incluso circulan imágenes que demuestran que, de aquella, tampoco se cumplieron todos los protocolos de seguridad como demuestra el copiloto de esta ambulancia. 

¿Y si el primer caso de contagio fuera de África es el principio de un largo goteo? Porque está claro que Sanidad no ha actuado como debiera. La paciente no fue diagnosticada a tiempo ya que la auxiliar de enfermería tuvo los primeros síntomas el 30 de septiembre, estando de vacaciones, y no fue monitorizada e ingresada hasta seis días después. Y para rematar, a pesar de que la ministra Mato sostiene que el protocolo ha sido impecable, la paciente infectada fue tratada a través del personal de urgencias de Madrid (SUMMA) -que no estaba preparado para atender estos casos-, y trasladada a un hospital -el de Alcorcón-, que tampoco es el de referencia para estas situaciones.

La prensa presente anoche en la sala de prensa fue al grano y directamente preguntó a la ministra si pensaba dimitir: Su respuesta ha sido la esperada: "aquí estamos para otras cosas".

Una respuesta que puede ser el principio del fin de su carrera política. Una carrera comprometida por el confeti que acompañó a los regalos que la Gürtel le hizo a su marido. Su futuro es tan negro que incluso varios ministros aconsejaron al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que fuera ella quien se comiera el "marrón" del aborto arrimando la Ley al tema de los supuestos médicos. Pero el gallego no lo hizo y la crisis de Gobierno que empezó con la salida de Alberto Ruiz-Gallardón puede seguir con Ana Mato.

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