Aguirre reta a Rajoy a un 'doble o nada' y gana

Asier Martiarena
La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre. EFE/Archivo
La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre. EFE/Archivo

Ha vuelto a suceder. Esperanza Aguire ha demostrado tener más vidas que un gato y, cuando parecía que tenía las de perder, ha salido victoriosa de la encerrona que le había orquestado el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Todo se desencadenó el viernes por la tarde. Cuando la 'familia aguirrista' celebraba la designación de su 'lideresa' para ser candidata del PP al Ayuntamiento de Madrid, pocos se imaginaban que el pulso entre Aguirre y Rajoy no había hecho más que iniciar un nuevo capítulo. El presidente del Gobierno ordenó a María Dolores de Cospedal telefonear a la presidenta del PP de Madrid para certificar que había sido la elegida. Pero, antes, tendría que pagar un peaje: Candidatura a cambio de ceder la presidencia regional del partido; 'Regresas al partido, pero dejas de criticar desde Madrid las decisiones del partido a nivel nacional'.

El caso es que el pacto entre caballeros debía quedar en el cajón de los secretos, pero no ha sido así. Filtraciones oportunas llevaron el relato de los hechos a la prensa de tirada nacional. Y así se conoció la cláusula del presidente del partido. Un movimiento que Rajoy pensaba que le debería servir para tomar el control del PP en Madrid con urgencia. No quiere más versos sueltos de cara a las municipales y autonómicas de mayo ni, sobretodo, de cara a las generales de 2015. No más casos de corrupción -Granados, González, Operación Púnica...-, ni rebeliones internas -IVA, euro por receta...- que debiliten la precampaña.

Y Aguirre se ha aprovechado de todo ello. "Yo no hubiera hecho nada de todo esto si no hubieran intoxicados a los periódicos", aseguró ayer la madrileña a quien, no obstante, no le costó ir más allá y llamar en directo a la Cadena Cope para decir; "Si valgo como candidata no puedo salir por la puerta de atrás de la presidencia del partido. ¿Pero esto qué es?".

Aguirre armaba un nuevo lío en el partido señalando que se negaba a que el programa electoral lo hicieran otras personas "con las que yo no coincidido, y la lista electoral otro tanto". "Yo no soy un monigote", ha señalado. Y para poner en práctica su plan decidió armarse del mayor número de argumentos posibles. Lo hizo amparándose en el reglamento fundacional del partido. La todavía presidente del PP en Madrid rechazaba así abandonar su cargo y dejar la dirección en manos de una gestora porque "los estatutos dicen que para elegir a un presidente regional hay que celebrar un congreso regional". 

El polvorín ya estaba servido, aunque alguno se puede preguntar. ¿Pero eso no es lo que en realidad quería Rajoy? ¿Quitarse de en medio a Aguirre? Sí, pero no ahora que ella ha recuperado la iniciativa. No es lo mismo dejar de ser candidata cuando eres una aspirante, que dejar de serlo cuando ya has sido nominada por el partido. De irse, ¿en qué lugar quedaría su sustituto/a? ¿Qué galones llevaría un suplente frente a una Aguirre que seguiría manejando el partido el Madrid a su antojo? ¿Qué apoyos recabaría de las bases, y por extensión de los votantes, un candidato que aceptara ocupar la silla que legítimamente debía pertenecer a la jefa?

Aguirre puso las cartas sobre la mesa y, respaldada por los sondeos, le planteó un ‘doble o nada’ a Rajoy. ‘O me ganas y me echas de la presidencia y de la candidatura, o gano y me quedo con los dos cargos’. A sabiendas de que es la mejor candidata del PP para retener Madrid, Aguirre no dudó en tensar la cuerda. Y al otro extremo, concretamente a 8.000 kilómetros de distancia, Rajoy decidió recular. En medio de una gira internacional, el presidente del Gobierno tragó saliva e intentó zanjar el tema buscando un punto intermedio.

Aguirre podrá hacer su propia campaña pero si resulta elegida alcaldesa de Madrid, dejará la presidencia regional. Aunque, visto lo visto, eso está por ver. Aguirre vuelve a ganar y, en medio de la tormenta que atraviesa el PP de Madrid e inmersa en un juicio por su fuga motorizada por Gran Vía, retiene los cargos de candidata y presidenta cuando nadie en la cúpula del partido apostaba por ello.