El perfil de los yihadistas europeos se volvió muy diverso

Mujeres paquistaníes protestan contra la publicación en Francia de caricaturas de Mahoma en el semanario Charlie Hebdo, el 20 de enero de 2015 en Lahore

El perfil de los jóvenes seducidos en Europa por el llamado de la yihad, en Siria o en sus respectivos países, se amplió y abarca un segmento de edad, sin distinciones de clase y más allá de los llamados barrios difíciles, según especialistas. "Durante años el discurso integrista tuvo como objetivo a jóvenes frágiles", dijo a la AFP la antropóloga Dounia Bouzar, del Centro de Prevención de las Derivas Sectarias ligadas al Islam. "Familias descompuestas, padre fracasado, alcohólico, encarcelado, violento o drogado. Eran jóvenes que podían ser enrolados fácilmente, ese era el perfil tradicional", afirmó. "Pero nos hemos dado cuenta en los últimos meses que los integristas modificaron sus discursos. Proponían ahora diversas motivaciones. Gracias a internet, proponen varios tipos de sueños, de utopías. El problema alcanza ahora a jóvenes que tienen un futuro social y que pueden estar en segundo año de Ciencias Políticas o en Medicina. Jóvenes provenientes de familias estables, afectuosas, de clase media. Hijos de profesores, funcionarios, médicos, abogados", agregó. Arrepentidos que luego hicieron estudios superiores "nos escriben para decirnos como estuvieron a punto de enrolarse (...) Eso no tiene nada que ver con la inmigración. La hija de un gran médico parisino cayó en su redes. Sería tan fácil si sólo fuera un fenómeno social". Aunque los autores de los recientes ataques en París contra Charlie Hebdo o la tienda kósher tenían perfiles más previsibles, con estadías en la cárcel y dificultades socio-económicas, la lista de los aprendices yihadistas que viajaron a engrosar las filas del grupo Estado islámico incluye a jóvenes al parecer bien integrados, con empleos o que realizaban estudios. Algunos crecieron en suburbios o barrios difíciles, pero otros, como el francés David Drugeon, convertido en artificiero para Al-Qaida, tuvieron infancias sin problemas en ciudades tranquilas, entre escuelas y canchas de fútbol. Mohamed Belhoucine, de 27 años, condenado en julio a dos años de cárcel por animar sitios yihadistas, que luego viajó a Siria, se radicalizó en su cuarto de estudiante en Albi (sur), donde logró pasar el difícil concurso de ingreso a la Escuela de Minas, una de las mejores de Francia para cursar ingeniería. Y en Schiltigheim, pequeña ciudad cercana a Estrasburgo (este), los amigos de Youssoup Nassoulkhanov, joven checheno que viajó a Siria y era asistente infografista en la alcaldía, quedaron conmocionados cuando lo escucharon en una película difundida en internet dirigirse a los "hermanos musulmanes". En el mensaje les decía: "Hagan lo que puedan, mátelos, degüellenlos, quemen sus vehículos y casas. El califato se instalará en toda Europa". "Lo conocía, discutíamos, nos divertíamos", dijo a la AFP Yann Lymand, de 36 años, responsable del servicio de infografía de la alcaldía. "Era un chico amable, no odiaba a Francia ni a los franceses o a los no musulmanes...". El experto Thomas Hegghammer, director de investigaciones en el Establecimiento noruego de investigación sobre defensa (FFI) en Oslo, está seguro que las autoridades "no lograrán nunca establecer un perfil pertinente de terrorista. No hay perfil típico. Es un amplio grupo humano y todos son diferentes". Para Olivier Roy, experto en islam radical, se debe buscar menos respuestas a la atracción de los jóvenes por el yihadismo del lado de la religión, que pueden conocer o no, sino más bien del lado generacional. "Con el Estado Islámico seguro que llegarán a la primera plana de las noticias y gustarán más a las chicas, como ocurrió con el Che Guevara".

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