El vengador de los contratos incumplidos

Cuaderno de Historias
Abibus de Edesa, el vengador de los contratos incumplidos (Wikimedia commons)

Es muy típico, en aquellas personas que son creyentes, encomendarse a algún Santo, Virgen o al mismísimo Espíritu Santo, con la intención de pedir lo que se conoce como ‘un imposible’: sanar de una grave enfermedad, encontrar un trabajo, que toque la Lotería de Navidad e incluso encontrar pareja para casarse.

Cada petición tiene asignado un Santo o Santa y según qué sea lo que uno precisa le dedica unas oraciones concretas, enciende unas velas y se pone a esperar. Los hay de lo más diverso y curioso: para curar los dolores de estómago se encomiendan a San Gregorio el Magno; para las hemorroides a San Fiacro; las enfermedades incurables es cosa de San Goberto; el encargado de expulsar los malos espíritus es San Eliseo y las penas de amor es una tarea asignada a Santa María Magdalena, por poner unos pocos ejemplos.

Entre todo el maremágnum de peticiones y santos venerados podemos encontrarnos con San Abibus de Edesa, conocido como ‘el vengador de los contratos incumplidos’, y quien tiene tras de sí una entretenida historia por la que se le otorga ese curioso encomendado.

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En el año 313 d.C., en plena decadencia del Imperio Romano, Constantino I y Valerio Liciniano Licinio, los dirigentes que en aquel momento llevaban las riendas de Occidente y Oriente respectivamente, promulgaron el conocido como Edicto de Milán por el cual quedaba establecida la libertad de culto, dando libertad a los cristianos a profesarla libremente. El paganismo dejaba de ser la religión única y oficial del Imperio y se comprometían poner fin a la persecución a la que habían sometido durante siglos a todo aquel que no la practicase.

Una década después, Abibus, el protagonista de nuestro relato de hoy en Cuaderno de Historias, era un diácono que realizaba tareas evangelizadoras en Edesa, una antigua ciudad de Mesopotamia, que en aquellos momentos era una importante región dedicada al culto y la cultura cristiana.

En el año 322, a pesar de que ya habían pasado nueve años desde la promulgación del Edicto de Milán, Lisanias, el Gobernador de aquella provincia, no veía con buenos ojos que el número de cristianos en la región aumentase de esa manera tan vertiginosa, por lo que decidió dar caza a aquellos que se dedicaban a evangelizarla y reconvertir a los paganos en cristianos.

Así que, de la noche a la mañana, dictó una orden por la cual debía de ser perseguido y detenido todo aquel que realizase actos litúrgicos y difundiese la religión cristiana. Como es de imaginar, uno de esos perseguidos fue Abibus quien tras ser arrestado pudo escapar y permanecer un tiempo escondido, siendo apresado nuevamente.

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Se le sometió a interrogatorios y tortura, pero ante la negativa de renunciar a su religión se le condenó a ser quemado vivo, una ejecución que llevó a cabo el 15 de noviembre del 322.

Según explican los cronistas de la época, Abibus fue lanzado al fuego pero a pesar de esa dolorosa muerte su cuerpo se mantuvo intacto, siendo recogido por un grupo de cristianos que lo embalsamaron y enterraron junto a otros mártires de la persecución romana.

El hecho de haber sido perseguido, torturado y asesinado a pesar de estar en vigencia el edicto firmado por los máximos responsables del Imperio Romano, ese acto de incumplimiento de promesa fue lo que hizo que posteriormente, una vez canonizado como San Abibus de Edesa, se le asignase la misión de ser el vengador de los contratos incumplidos y a quien encomendarse para esos casos.

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