La vencida ‘Invencible Inglesa’ de Sir Francis Drake

Cuaderno de Historias
Representación de una de las batallas entre la Armada española y la flota inglesa (Wikimedia commons)

De sobras conocida es la animadversión existente entre el rey Felipe II de España y la reina Isabel I de Inglaterra que los llevó a la enzarzarse en la guerra anglo-española a lo largo de dos décadas (1585-1604).

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Uno de los hechos más significativos del conflicto bélico entre ambas naciones fue el desastroso final en el intento de invasión de Inglaterra por parte del monarca español con la ‘Grande y Felicísima Armada’ nombre que recibió la potente flota española, aunque ha pasado a la Historia con el término acuñado por los británicos: Armada Invencible.

Si hay un hombre que adquirió un relevante protagonismo durante los primeros años de enfrentamientos fue, sin lugar a dudas, Sir Francis Drake, el famoso corsario y vicealmirante de la Marina Real Británica que se había convertido en el ‘ojito derecho’ de la reina inglesa y en ‘la piedra en el zapato’ del rey español.

Retrato de Sir Francis Drake quien cayó en desgracia tras su derrota con la Invencible Inglesa (Wikimedia commons)

Tras el fracasado intento de invasión de 1588 por parte de la Armada Invencible, Isabel I urdió un plan con el que asestar la puntilla definitiva a las aspiraciones españolas de convertirse en el mayor de los imperios y arrebatar ese privilegiado título para los británicos.

Para ello contó con la colaboración de su fiel Sir Francis Drake y la del experimentado militar Sir John Norreys, quienes comandaron la Invencible Inglesa en la conocida como ‘Drake-Norris Expedition’.

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En abril de 1589 una importante flota compuesta por más de 150 barcos, con un contingente de 27.000 hombres, zarpó del puerto de Plymouth en dirección a Santander, en cuyos astilleros se encontraban reparándose la mayor parte de lo que quedaba de la Armada Invencible, con la intención de terminar de destruirla y dejar al reino español sin apenas efectivos navales.

Una vez conseguido esto, el segundo paso era dirigirse a Lisboa, donde sería invadida y saqueada la ciudad y se devolvería el trono a Antonio de Crato, el rey luso depuesto por Felipe II nueve años antes, anexionando Portugal a la Corona Española. Tal y como se volviese a entronizar al antiguo rey, éste pondría el país a disposición de los ingleses, convirtiéndose en una nueva colonia británica.

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Cabe destacar que gran parte del presupuesto gastado para llevar a cabo todo este plan fue financiado por el propio Antonio de Crato, quien pactó con la reina un desembolso de cinco millones de ducados de oro y se comprometía a un pago anual de 300.000 ducados.

El tercer punto del plan, tras acabar con la Armada española y entronizar al rey portugués, era conseguir el control de las Azores y con ello de toda aquella zona de tránsito del Océano Atlántico.

Pero los planes no salieron como Isabel I quería y había diseñado, todo ello debido a un cambio de última hora de Drake, quien, desoyendo las órdenes recibidas por parte de la reina de ir en primer lugar a Santander, prefirió desviarse rumbo al puerto de A Coruña.

Este cambio repentino, que fue muy criticado por Norreys, sumado a algunas conductas indisciplinadas por parte de un gran número de marineros, hizo que la expedición de la Invencible Inglesa tuviese innumerables problemas mucho antes de llegar a su nuevo destino.

Estatua en homenaje a María Pita, la heroína de A Coruña (Wikimedia commons)

El primer mazazo para Drake fue la férrea defensa que hicieron los coruñeses tras la llegada a puerto el 4 de mayo. Tras una serie de ataques, saqueos y asedios, una heroína local llamada  María Mayor Fernández de la Cámara y Pita, quien ha pasado a la Historia como María Pita, al grito de ‘quien tenga honra que me siga, encabezó el contraataque a los ingleses, defendiendo la ciudad y causando numerosas bajas entre los ingleses, obligándoles a retirarse precipitadamente.

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El siguiente paso era dirigirse a Portugal, pero ni los ánimos estaban arriba ni el contingente de hombres preparado para esa otra nueva empresa. Entre los efectivos perdidos en A Coruña, las deserciones o los fallecimientos por las epidemias contagiosas que viajaron en los barcos, en aquellos momentos el contingente inglés era de poco más de la mitad de los que salieron de Plymouth.

Pero en un principio Drake y Norreys estaban seguros que sería una empresa fácil y que contarían con el apoyo de la población lusa que se uniría a ellos en su lucha contra los españoles, pero no fue así, debido a que no consiguieron sus propósitos y, además, se encontraron con una contundente defensa de un nutrido número barcos hispano-portugueses que fueron hasta allí con el fin de defender los intereses de la Corona Española.

John Norreys intentó una incursión por tierra con cerca de diez mil hombres, pero los lisboetas defendieron ferozmente la ciudad. Por su parte, Francis Drake erró en todas y cada una de sus decisiones, por lo que acabó quedando pasivo y sin atacar la capital portuguesa, algo que le costó el enfado de su socio en la contienda que lo tachó de cobarde.

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Ilustración con la Armada Invencible capturando uno de los barcos de la Invencible Inglesa (Wikimedia commons)

El tercero de los objetivos marcados por Isabel I, que era hacerse con el control de las Azores, también fue un fracaso estrepitoso.

De regreso a Inglaterra, con tan solo el 30% de los efectivos que habían partido, Francis Drake fue señalado como el principal culpable del desastre y se le relegó a comandante, apartándolo durante un lustro de cualquier otra expedición.

Ese fue el principio del fin de Sir Francis Drake, uno de los más insignes marinos británicos, quien fallecería en 1596 por disentería en Panamá, durante la primera de las expediciones que se le encomendó tras levantarle el castigo por dejar que la Invencible Inglesa fuese vencida.

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