Una ley nazi, discriminatoria para las mujeres, que todavía sigue en vigor

Alfred Lopez

A pesar de haber transcurrido ya la friolera de siete décadas desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial, y con ella la Alemania nazi que promulgó un sinfín de leyes totalmente contrarias y perjudiciales para un gran número de colectivos y personas, todavía hoy en día la jurisprudencia del país germano tiene en vigor una ley que desde entonces atenta y discrimina por completo a uno de los grupos más desfavorecidos de la sociedad: las mujeres maltratadas.

Como bien es sabido, habitualmente a la hora de juzgar a alguien por el hecho de haber matado a otra persona se tienen muy en cuenta una serie de factores para determinar si ha cometido un homicidio o un asesinato, siendo el atenuante que lo envuelve, la intencionalidad, si hubo alevosía e incluso el grado de ensañamiento para que finalmente se imponga una pena mayor o menor.

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Según la mencionada ley alemana en vigor desde 1941, aplicable cuando se comete un crimen en el que el resultado final es una muerte, se tiene muy en cuenta si se realizó de forma insidiosa (en alemán se utiliza el término heimtücke para referirse a ello) y si fue a causa de un accidente fortuito, con toda la intención del mundo o en defensa propia.

Es en este punto donde dicha ley es discriminatoria y no juzga de igual modo a un hombre y una mujer, ante un hipotético caso, cayendo a ésta una mayor pena si se diese una serie de condicionantes, que en el caso contrario no se tendrían en cuenta.

Pongamos como ejemplo práctico el caso de un maltratador, además reincidente, que en una de sus palizas se le va la mano ‘accidentalmente’ y acaba con la vida de la agredida. Según esta ley habría cometido un homicidio involuntario y estaría penado con un máximo de cinco años de prisión.

Si por el contrario, esa mujer maltratada y recibiendo continuamente múltiples palizas, decidiese un día acabar con su maltratador al intentar defenderse y se probase que éste se encontraba en ese momento de espaldas (hecho que aprovecharía la víctima de los malos tratos para asestar un golpe o clavar un cuchillo, entre otros ejemplos), despistado o estuviese marchándose del lugar, sería acusada y juzgada por asesinato con alevosía, cayéndole un castigo que podría representarle la cadena perpetua.

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Por lo tanto, los jueces y autoridades alemanas, en lugar de determinar las circunstancias en las que se ha producido el crimen, analizar las posibles denuncias que hubiese presentado previamente la acusada al ser víctima de maltrato o estudiar el caso en profundidad para ver las razones que la llevaron a acabar con la vida de su agresor, aplican una ley retrograda y discriminatoria que fue aprobada en tiempos del Tercer Reich y bajo el consentimiento del todopoderoso Führer, basándose solo en la alevosía o insidia del caso.

Desde la Association of Lawyers' penal (asociación alemana de abogados) se está trabajando incansablemente para que sea cambiada esta ley. Según declaró el abogado Stefan Koenig, representante de dicho colectivo, sobre un supuesto caso en el que una víctima de maltrato acabe con su agresor: ‘Si la esposa, que es más débil que el agresor, no tiene otra opción que encontrar un momento en el que él no anticipe un ataque y lo mata -por ejemplo, por la espalda, con un cuchillo, o poniendo veneno en su comida-, será condenada como asesina y pagará con la cadena perpetua’.

Cabe destacar, dejando al margen el género de la víctima y causante, cómo en la Alemania nazi que promulgó esta ley se quiso juzgar y castigar si se trataba de un asesinato cometido con alevosía, crueldad, insidia o ensañamiento, teniendo esos mismos legisladores una doble moralidad, cuando en realidad desde el propio gobierno y bajo el amparo de Hitler se estuvieron cometiendo millones de crímenes que fueron mucho más allá de lo tipificado como asesinato, quedando la mayoría de los casos impunes de cualquier castigo.

Fuente e imagen: BBC