San Marino el Estado neutral que declaró la guerra a la Alemania nazi

San Marino el Estado neutral que declaró la guerra a la Alemania nazi (Wikimedia commons)
San Marino el Estado neutral que declaró la guerra a la Alemania nazi (Wikimedia commons)

Muy tranquilos vivían los habitantes de la Serenísima República de San Marino desde que en la Edad Media se declararon como Estado neutral y decidieron no involucrarse en más guerras ni batallas. Esto le sirvió para mantener ese estatus privilegiado de ser un microestado dentro de Italia y gozar de algunos privilegios que las grandes naciones no tienen.

A pesar de haberse ido manteniendo al margen de cualquier conflicto bélico durante un buen número de siglos e incluso no tomar parte en la unificación de Italia, San Marino no dejaba de ser un lugar deseado por aquellos con ansias de anexionarse nuevas tierras, aunque siempre iba librándose de los ataques e intentos de conquista. Pero dentro de esa neutralidad con la que ese Estado soberano había sobrevivido a lo largo de los últimos siglos tuvo su punto de inflexión durante la Segunda Guerra Mundial.

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Tras la rendición y posterior firma del armisticio por parte de Italia ante las fuerzas aliadas el 8 de septiembre de 1943, todavía quedaban contingentes del ejército alemana por el norte de la península italiana, con el propósito de mantener el control de toda aquella parte del país, algo que provocó que la pequeña nación fuese invadida por la Wehrmacht, siendo repelida la ocupación nazi por parte de la fuerza aérea británica lanzando sobre la zona un total de 263 bombas que provocaron 63 muertos y numerosos desperfectos en las infraestructuras y vías de comunicación.

Una de las 263 bombas lanzadas sobre San Marino (Wikimedia commons)
Una de las 263 bombas lanzadas sobre San Marino (Wikimedia commons)

A pesar de haber sido expulsados bélicamente de San Marino, el ejército nazi se mantuvo durante un tiempo en los aledaños del microestado intentando hacerse fuerte en aquella parte norteña de Italia, pero los aliados iban ascendiendo por la península, consiguiendo finalmente que los alemanes fueran abandonando sus posiciones para marcharse en retirada dejando atrás San Marino.

Cabe destacar que, desde el siglo XIII, San Marino posee una estructura de gobierno que es encabezada por dos ‘capitanes regentes’ elegidos y sustituidos semestralmente (abril y octubre de cada año). Pues bien, resulta que a los Jefes de Estado que en ese momento eran los representantes y encargados de dirigir los designios del país, les dio por sentirse envalentonados y no se les ocurrió otra cosa que declarar oficialmente la guerra a Alemania apuntándose así un tanto ante los aliados, aunque en realidad no dejaba de ser un acto de fanfarronería.

Pero esa bravuconada por parte de los sanmarinenses no hizo ni pizca de gracia a los mandos del  Tercer Reich y tal y como recibieron la absurda declaración de guerra por parte del minúsculo país se ordenó a los soldados de la Wehrmacht  que dieran media vuelta y lo invadiesen.

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Lo disparatado del asunto se encontró en el momento en el que las autoridades de San Marino vieron que los alemanes habían respondido a la provocación con un contraataque, volviendo sobre sus pasos hacia el pequeño país al que arrasarían sin contemplación alguna. En pleno ataque de pánico y viendo que las fuerzas aliadas no estaban lo suficientemente cerca como para poder defenderlos no tuvieron más remedio que rendirse, haciéndolo mediante una llamada telefónica.

Alemania aceptó la capitulación de San Marino y volvió a encaminar a sus tropas de regreso.

Varios meses después, cuando la guerra ya estaba prácticamente decantada a favor de los aliados y los alemanes no tenían posibilidad alguna de emprender represalia alguna,  San Marino volvió a declararles la guerra, pero esta vez con la tranquilidad de que no iban a ser atacados.

Una vez finalizada la IIGM, en octubre de 1945, las autoridades de San Marino presentaron una reclamación ante el gobierno del Reino Unido en el que se exigía el pago de una indemnización de 421.000 libras esterlinas como compensación por los destrozos y perjuicios ocasionados en el país tras el lanzamiento de las 263 bombas anteriormente mencionadas, consiguiendo que se les indemnizase finalmente con 80.000 libras (aunque en un principio tan solo se les ofreció 26.000).

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