El rey que se atrevió a prohibir las corridas de toros en España

Cuaderno de Historias
Real Cédula de Carlos IV que prohibía los toros en España en 1805 (Wikimedia commons)

A mediados del mes de febrero de 1805 todos los españoles aficionados a la tauromaquia recibían un durísimo golpe al hacerse pública la Real Cédula que había sido firmada por el Rey Carlos IV el día 10 de ese mismo mes y por la que se prohibía en todo el reino celebrarse corridas de toros, incluidas novilladas, cuyo resultado final fuese la muerte del animal.

Sin lugar a dudas se trataba de una de las medidas más impopulares que podía hacer el monarca y más en un país en el que la fiesta de los toros estaba tan arraigada, incluso entre numerosos miembros de la corte, la aristocracia y los intelectuales de la época.

La decisión del rey había estado muy meritada y sobre todo consensuada con los miembros del Consejo que dirigía el Primer Ministro Manuel Godoy.

Pero esta prohibición no solo estaba motivada por la animadversión del monarca y sobre todo de su esposa María Luisa de Parma, de la que decían que tenía como amante al insigne Manuel Godoy, motivo por el que el Primer Ministro apoyó en todo momento dicha decisión.

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Tras el dictamen Real se encontraba también un motivo económico, debido al escaso aprovechamiento agrícola que se hacía de las dehesas (terrenos utilizados para que los toros pastasen), pues debemos tener en cuenta que a principios del siglo XIX España todavía era un país básicamente agrícola y rural.

Francisco de Goya realizó una serie de litografías dedicadas a la tauromaquia (Wikimedia commons)

No duró demasiado tiempo en vigor la supresión de celebrarse las fiestas de toros, como por aquel entonces eran llamadas las corridas, ya que en 1808 fue derogada la Cédula Real y la prohibición fue levantada.

El motivo no fue a causa de las protestas de aquellos que sí apoyaban los espectáculos taurinos, sino que fue una de las primeras medidas que tomó el francés José I Bonaparte tras ser coronado rey y como excusa perfecta para ganarse la simpatía de los españoles, ya que no gozaba de demasiada popularidad.

Cabe destacar que esa no fue la primera ni única ocasión en la que las corridas de toros han sido prohibidas en España, pero tal y como se suprimían pocos años después volvían a autorizarse. En el siglo XVI el papa Pio V ya lo había hecho, aunque fue levantada por su sucesor Gregorio XIII a petición de Felipe II. Otro Felipe, en este caso V, volvió a prohibirlo en 1723 y en 1771 Carlos III hizo lo mismo siendo restituidas poco después.

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