La rebelión de los nacionalistas chinos contra el colonialismo extranjero

Cuaderno de Historias
La imagen corresponde a soldados rebeldes bóxers de China tomada en 1900 (Wikimedia commons)

A finales del siglo XIX la cada vez mayor presencia occidental en todas las aéreas de la sociedad china propició un levantamiento por parte de nacionalistas chinos quienes se unieron para recuperar la esencia de su país.

Eran pequeños grupos de hombres de pensamiento patriótico y tradicional que se organizaron con el fin de poner freno a la incursión colonialista en el país. Desde las guerras del opio, a mediados de 1800 y la cesión de Hong Kong al Reino Unido, eran testigos de cómo poco a poco el resto de naciones iban repartiéndose diferentes partes de su territorio como si de una tarta se tratase.

Los insurgentes fueron bautizados como ‘bóxers’ debido a que su mayor arma para combatir eran sus propios puños y las artes marciales, aunque también acabaron usando lanzas y sables en los momentos en el que la lucha fue más violenta y cruenta.

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Ilustración de 1898 sobre el reparto imperialista de China (Wikimedia commons)

Entre noviembre de 1899 y septiembre  de 1901 se produjeron una serie de revueltas conocidas como ‘la rebelión de los bóxers’ que tuvo entre las cuerdas a los representantes de las naciones imperialistas que allí querían hacer negocio y controlar el comercio, la religión y la política.

Durante los primeros meses de rebelión numerosos fueron los fallecidos a manos de los sublevados, que acabaron don la vida de miles de compatriotas chinos que se habían convertido al cristianismo y centenares de occidentales colonialistas.

El cada vez más debilitado gobierno de la dinastía Qing se encontraba en la difícil tesitura de no saber a cuál de los dos lados apoyar. Por una parte estaban los intereses de los países coloniales, quienes podían aportar seguridad y solvencia económica a la nación. Por otra parte se encontraban los nacionalistas chinos, personas que amaban su país y por lo único que luchaban era para que éste estuviera libre de la influencia imperialista de las naciones extranjeras y recuperar su origen y tradición religiosa.

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Finalmente se posicionó con los rebeldes, poniendo a disposición de su causa y lucha a 70.000 soldados imperiales. El número de bóxers superaba los 50.000, aunque no hay una evidencia concreta de cuál era el número exacto.

Ilustración con los diferentes soldados de las fuerzas aliadas contra los rebeldes bóxers (Wikimedia commons)

El apoyo del gobierno imperial chino a la rebelión provocó la intervención en el país de una fuerza aliada encabezada por el Reino Unido y compuesta por efectivos militares pertenecientes al Reino de Italia, Estados Unidos, Francia y los Imperios Austrohúngaro, Alemán, Ruso y Japonés.

Aunque el número de soldados chinos y bóxers era superior a la fuerza aliada, en lo que respecta a armamento, estrategia y organización había una gran descompensación que favorecía a los colonialistas.

Tras una serie de brutales contraataques por parte de los aliados, que utilizaron una bestial fuerza contra cientos de miles de ciudadanos civiles chinos (la mayoría mujeres, ancianos y chinos) se acabó con la rebelión y aspiración del país de estar libre del imperialismo y mercadeo que los colonialistas quisieron hacer allí.

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