El plan para bombardear Australia con la Armada Española

Cuaderno de Historias
Para Carlos IV, Australia era un estorbo en el tránsito naval de los españoles (Wikimedia commons)

Muchas han sido las desavenencias entre España y el Reino Unido a lo largo de la Historia y múltiples las veces que han estado enfrentadas bélicamente ambas naciones.

Si cogemos el momento concreto  del siglo XVIII podremos comprobar que a lo largo de esos cien años fueron continuos y alternos los conflictos y las firmas de tratados de paz y concordia desde la muerte de Carlos II de España pasando por Felipe V, Carlos III y finalmente Carlos IV, el rey en el trono cuando se llegó a 1800.

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Y es precisamente sobre el periodo en el que reinó este último (1788-1808) en el que centraremos el relato del post de hoy en el Cuaderno de Historias.

La coronación de Carlos IV coincidió, un año más tarde, con el estallido de la Revolución Francesa. Por aquel entonces las relaciones anglo-españolas eran cordiales desde que había finalizado la guerra de independencia de los EEUU y se habían firmado una serie de acuerdos entre ambos países. Pero la llegada al poder, en 1792, de Manuel Godoy como Primer Ministro 'todopoderoso' y mano derecha del monarca, hizo ver a éste la conveniencia de posicionarse (una vez más) del lado de los franceses y tener como enemigo común al Reino Unido.

Carlos IV junto a Manuel de Godoy idearon un plan para bombardear y arrasar Port Jackson (Wikimedia commons)

Esa nueva y reiterada enemistad con los británicos podría pasar por un sabotaje de los ingleses hacia los intereses españoles en ultramar y en el tránsito de navíos hacia aquellas colonias que España tenía al otro lado del planeta.

Uno de esos puntos estratégicos del Reino Unido era la colonia de Nueva Gales del Sur, lo que hoy conocemos como Australia, que se había comenzado a poblar desde 1788, sobre todo de soldados y personas excluidas socialmente en su país de origen como delincuentes, prostitutas y gentes de mal vivir, como solía definírseles, la mayoría de ellos con deudas pendientes con la justicia británica.

El monarca español, junto a su omnipresente ministro, temían el ataque a los navíos españoles que transitasen por la zona, en sentido Oeste rumbo a las colonias en Asia y hacia el Este cuando se dirigieran a las posesiones en el Océano Pacifico y América por la otra ruta.

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De ahí que se estudiara y planeara un hipotético ataque de Australia por parte de la Armada Española.

El plan consistiría en enviar un centenar de barcos dotados de potentes cañones que dispararían proyectiles incendiarios con el fin de provocar un incendio que devastase Port Jackson, el puerto alrededor del cual se formó el primer núcleo de colonos en Australia y que hoy en día forma parte de la bahía de Sídney,  la ciudad más poblada e importante del país.

Los proyectiles impactarían contra las construcciones realizadas todas ellas de madera asolando la nueva posesión británica y evitando que se convirtiera en un enclave estratégico para los intereses del Reino Unido.

Pero antes de llevar a cabo la nueva empresa bélica, Carlos IV y Godoy querían conocer la opinión de Alessandro Malaspina y José de Bustamante, quienes habían partido en 1789 hacia toda aquella zona con el propósito de realizar una expedición científica, pudiendo aportar éstos, a su vuelta, cuantiosa información de cómo estaba la situación y la conveniencia o no de realizar el ataque.

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Alessandro Malaspina desaconsejó atacar contra Nueva Gales del Sur (Wikimedia commons)

A su regreso a España en 1794, presentaron el informe ‘Viaje político-científico alrededor del mundo’ en el que se desaconsejaba emprender cualquier tipo de ataque contra Nueva Gales del Sur y sí el construir un puente de entendimiento y negociaciones que permitiese crear una serie de relaciones comerciales que serían fructíferas para los intereses de ambas naciones.

La situación geográfica de Australia no debía convertirse en un condicionante adverso sino todo lo contrario, un punto en el que las expediciones españolas que transitasen rumbo a las colonias y posesiones pudiesen hacer una parada técnica donde abastecerse, descansar, dejar o atender a la tripulación enferma, etc. A cambio se podría llevar allí parte de la mercancía que se transportaba y que en gran medida podría ser de gran ayuda para convertir en próspera la nueva posesión británica.

Fuentes de consulta: thehistoryblog / telegraph / labrujulaverde

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