¿Perdió Napoleón la Batalla de Waterloo por culpa de unas almorranas?

Alfred López

La Batalla de Waterloo, que tuvo lugar el 18 de junio de 1815, fue determinante para desencadenar el fin de la hegemonía del emperador francés. Una contienda que ha dado para rellenar miles de páginas relatando cómo se fraguó una de las derrotas más dolorosas de uno de los gobernantes más poderosos y polémicos de la Historia.

La popularidad y credibilidad de Napoleón se encontraba en sus horas más bajas y él mismo era consciente de ello, impulsándole a realizar algo que hiciese cambiar la opinión que tenían sobre su persona los franceses y el resto de estadistas europeos.

El combate que se libraría en Bélgica y que sería recordado como una de las batallas más famosas por precipitar la caída del Imperio Francés, debía ser determinante para esa recuperación de popularidad, carisma y, sobre todo, autoestima, con la que había contado el general Bonaparte hasta poco antes.

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Mucha es la literatura en la que se puede encontrar un relato pormenorizado de cómo se desarrollaron los hechos y cuál era la disposición táctica de los ejércitos beligerantes. Napoleón había estudiado pormenorizadamente todos y cada uno de los detalles. La disposición táctica diseñada junto a sus jefes militares hacía prever que aquella sería una gran victoria militar y personal.

La descripción del lugar, climatología e incluso estado anímico y físico de Bonaparte ha sido conocida en múltiples relatos históricos y novelas, entre ellas la que hace magistralmente, aunque con unas buenas dosis de imaginación literaria, Víctor Hugo en su afamada obra “Los Miserables”.

Pero sorprendentemente podemos encontrarnos con que hay quien se atreve a asegurar que la culpa de la derrota del ejército francés en la Batalla de Waterloo nada tuvo que ver con una lluvia inesperada o unos malos cálculos tácticos de Napoleón, sino a un repentico ataque de hemorroides que éste padeció y los terribles dolores que tenía.

Esas almorranas hicieron que el emperador del Imperio Francés descuidase la estrategia táctica y militar, ausentándose de la batalla para tomar unos baños de asiento que lo aliviasen.

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Conocida es la precaria salud que tenía Napoleón y los múltiples achaques que se le atribuyeron, pero, sinceramente, queda bastante deslucida la Historia con el hecho de imaginárselo sentado con su ‘imperial trasero’ en remojo mientras 28.000 de sus soldados perdían la vida en esa cruenta batalla que precipitó su final.

Fuentes de consulta: Las hemorroides de Napoleón de José Miguel Carrillo de Albornoz / Los Miserables de Víctor Hugo