Pauline Bonaparte, la ardiente y promiscua hermana de Napoleón

Nadie puede discutir que uno de los más grandes estrategas y estadistas que ha dado la Historia ha sido, sin lugar a dudas, Napoleón Bonaparte.

Un gran número de aciertos y decisiones lo llevaron a ser, durante poco más de una década, el personaje más destacado e influyente de la época y alguien a quien los libros de Historia han guardado un espacio imprescindible.

Mucho es lo que se ha escrito sobre su vida personal y los continuos conflictos que tuvo con varios miembros de su familia y, sobre todo, con su esposa Josefina, quien se ganó una merecida fama de descocada, gracias a sus continuos devaneos y escarceos amorosos.

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A pesar de todo ello, fue otra persona de su ámbito más cercano la que logró mantener en vilo y producirle más dolores de cabeza y noches de insomnio a Napoleón, ya que su hermana Pauline, una joven once años menor que él, se convirtió en la oveja negra de la familia.

Pero también cabe destacar que todos los males de cabeza que le proporcionó a su hermano fueron proporcionalmente equilibrados hacia el final de la carrera del Emperador de Francia, ya que de todos sus hermanos (de los 13 que conformaban la familia Bonaparte) Pauline fue la única que ayudó personal y económicamente a Napoleón.

La joven comenzó a dar a su familia los primeros quebraderos de cabeza cuando era tan solo una adolescente de 16 años de edad, justo en el momento en el que la carrera de grandes éxitos militares de Napoleón comenzaba a despegar. Fue entonces cuando Pauline se enamoró perdidamente de Louis-Marie Stanislas Fréron, destacado miembro de la asamblea de la Revolución Francesa, 25 años mayor que ella y con una terrible fama de mujeriego, juerguista y trasnochador.

Los Bonaparte decidieron enviarla durante un tiempo lejos de suelo francés, por lo que se instaló a vivir junto a Napoleón y su cuñada Josefina en Milán, donde el general estaba realizando una exitosa campaña.

El espíritu rebelde y fogoso de Pauline la llevó a coquetear con un gran número de miembros del ejército que comandaba su hermano. Era una joven muy atractiva y la privilegiada posición en la que se encontraba hacía que muchos fueran los pretendientes que se le acercasen con la intención de cortejarla.

Pero Pauline tenía cierta fijación por el tipo de hombre que menos le convenía, algo que a menudo hacía que se la viese en compañía de simples soldados rasos u hombres de dudosa reputación.

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Para poner remedio a tal problema, Napoleón organizó una boda exprés con Charles-Victoire Leclerc , uno de sus más preciados generales y hombre de total confianza. El propósito de ese enlace sería proporcionarle estabilidad emocional y personal a Pauline, a la vez que una absoluta tranquilidad al resto de los miembros de la familia.

Lejos de ser un buen remedio, la muchacha (que por entonces todavía tenía 17 años) seguía asistiendo a mil y un actos a los que la invitaban y continuaba con sus devaneos sexuales con otros hombres, mientras su esposo se encontraba en el frente tomando parte en las campañas militares que se le encomendaban. Aunque, a decir verdad, al marido poco le importaba las infidelidades de su joven y atractiva esposa, ya que a cambio había llegado a ser el cuñado del gran y todopoderoso Primer cónsul de la República francesa.

Un problema de insurrección en la colonia francesa de Haití hizo que se pensara en Leclerc como el idóneo para solucionar el conflicto, siendo enviado junto a Pauline. Pero la vida en la isla no era para nada aburrida, ya que un gran número de colonos españoles y británicos que allí residían se ocupaban de organizar grandes fiestas, en las que el champan francés se servía a raudales.

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Nuevamente muchos de los soldados enviados a Haití se convirtieron en el objetivo sexual de Pauline, quien según iba pasando los años tenía un apetito sexual más feroz y de quien muchos expertos señalan que padecía de ninfomanía.

En 1802 una terrible epidemia de fiebre amarilla sacudió la isla, coincidiendo con el embarazo de la joven, que por aquel entonces ya contaba con 22 años de edad. Su esposo contrajo la enfermedad, falleciendo pocas semanas después y ella volvió a Francia viuda y con un bebé recién nacido entre los brazos.

Instalada en París y con su hermano ejerciendo como Emperador, la joven viuda se olvidó por completo de su condición y retomó su actividad social y sexual, seduciendo a cuanto hombre le apetecía, hasta que se encaprichó de Camillo Filippo Borghese, un destacado príncipe italiano y procedente de una de las familias más ricas e influyentes del vecino país.

No había transcurrido ni un año desde que enviudó cuando contrajo de nuevo matrimonio. Muchos son los que opinan que Pauline se casó para beneficiarse de la gran fortuna de su nuevo esposo y calmar el enfado de su enfurecido hermano y que Camilo lo hizo para disimular y/o acallar los persistentes rumores que decían que era homosexual.

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Durante los siguientes años y a pesar de que era un secreto a voces, Pauline continuó llevando aquel estilo de vida que tanto le gustó y sólo dejó de disfrutarlo tras la caída del poder de su hermano Napoleón, vendiendo todos sus bienes e instalándose a vivir junto a él durante el tiempo que permaneció en el exilio de la isla de Elba.

Todavía era joven cuando empezó a enfermar (algunas fuentes apuntan que por culpa de una enfermedad venérea, otros sin embargo señalan que a causa de un cáncer), por lo que su salud poco a poco se fue debilitando hasta fallecer a la edad de 44 años y dejando tras de sí una vida llena de escándalos e innumerables amantes.

Fuentes: scandalouswoman / europeanhistory

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