El Papa que evitó que los habitantes de Canarias fueran esclavizados

Muchos fueron los que quisieron colonizar las Islas Canarias (Wikimedia commons)
Muchos fueron los que quisieron colonizar las Islas Canarias (Wikimedia commons)

El estratégico enclave geográfico en el que están situadas las Islas Canarias propició desde la antigüedad que fuese un lugar deseado donde establecer colonias. Los navegantes tendrían en ese punto dónde hacer una parada en sus viajes con el fin de abastecerse de aquello que les fuera necesario para continuar la ruta, solucionar algún contratiempo que se hubiera producido en los barcos desde su partida en el puerto de origen o para poder dejar a aquellos tripulantes que habían contraído alguna enfermedad y como punto idóneo de salida de las expediciones que iban hacia África en busca del oro.

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Pero desde siempre se habían encontrado con un elemento que había hecho imposible el establecerse allí y colonizar las islas: los guanches, aborígenes nativos que luchaban y se resistían ante cualquier presencia colonial.

Se lo pusieron francamente difícil a los genoveses, aragoneses, castellanos y portugueses que llegaron hasta las Canarias en el siglo XIV con la intención de colonizarlas. Aunque fueron los representantes de Castilla y Portugal quienes más pugnaron y lucharon por conseguir el propósito de establecerse en aquel lugar y hacerse con el control.

Se adelantó el Infante de Castilla, Luis de la Cerda, quien consiguió en el año 1344 que el papa Clemente VI emitiese una bula por la que le concedía el control del  Principado de la Fortuna, nombre por el que se conoció en aquel momento a las Islas Canarias, a condición de que el infante se comprometiera a enviar misiones religiosas para evangelizar a los nativos que allí poblaban.

Estatua de Tinerfe El Grande, héroe aborigen canario (Wikimedia commons)
Estatua de Tinerfe El Grande, héroe aborigen canario (Wikimedia commons)

Pero en aquellos momentos esa era una empresa sumamente difícil y económicamente inviable, por lo que tuvieron que pasar varias décadas hasta que la Corona de Castilla retomase el objetivo de colonizar las canarias, haciéndolo a través del francés Jean de Béthencourt a quien financiaron la expedición que lo llevaría a conquistarlas. Una vez tomadas las islas comenzó la difícil tarea de evangelización de los guanches.

Pero los portugueses no estaban de acuerdo con que los castellanos tuviesen todo el control sobre el archipiélago por lo que bien entrado el siglo XV decidieron establecerse por su cuenta también en las Canarias. El problema vino cuando los lusos vieron allí un negocio mucho más rentable y lucrativo que evangelizar guanches: tomarlos como esclavos.  

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Así que se aprovecharon de la buena fe del papa que había en aquel momento, Eugenio IV, y le convencieron los portugueses para que emitiese una bula que les otorgase el control de las islas Canarias a ellos.

Posiblemente por desconocimiento de que un siglo antes ya había firmado Clemente VI otra bula papal asignando las islas al Reino de Castilla, el hecho de que los castellanos ya estaban allí evangelizando tras la conquista de Béthencourt o simplemente debido a lo voluble que era este papa, la cuestión es que los lusos se salieron con la suya y el 15 de septiembre de 1436 Eugenio IV firmaba la bula en la que indicaba que el Reino de Portugal tenía derecho y legitimidad de conquista de las Canarias.

Esto les facultó para empezar a capturar nativos canarios y enviarlos a trabajar a los campos de trigo y  caña de azúcar que había en la isla de Madeira.

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Fue entonces cuando el obispo Fernando Calvetos, que andaba en misión evangelizadora en Canarias enviado por el Reino de Castilla,  hizo saber al papa de la situación que se había producido en el territorio insular y le recordó la bula Sicut Dudum que el propio Eugenio IV había promulgado unos meses antes en la que indicaba que serían excomulgados todos aquellos que capturasen, vendieran o sometieran a esclavitud a los residentes de la Islas Canarias bautizados o a los que estaban buscando libremente el bautismo.

Conocedor de la situación a la que los portugueses sometían a los guanches y la concesión que había hecho tiempo atrás Clemente VI, 52 días después cambiaba de parecer y volvía a entregar las Canarias a manos de los castellanos, quienes sí estaban realizando la misión evangelizadora exigida.

Fue gracias a este cambio de opinión (que algunos achacan a la volubilidad del papa) el motivo por el que los habitantes nativos de Canarias se salvaron de acabar como esclavos del colonialismo portugués.

Evidentemente toda historia tiene una doble lectura y cabe destacar que no acabaron esclavizados pero sí perdieron sus libertades, modo de pensar y religión propia como pueblo autóctono guanche.

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