Objetivo: matar a Castro

Alfred López
Cuaderno de Historias

Fidel Castro cuenta con un Récord Guinness insuperable: ser la persona a la que más veces han intentado asesinar.  Desde el mismo momento que se puso al frente de la Revolución Cubana en 1959 comenzaron a salirle enemigos.

Según dio a conocer el Servicio de Inteligencia Cubano en 2006, hasta entonces,  638  habían sido los intentos de asesinato hacia Castro, evidentemente todos fallidos.

Quizás los más interesados en acabar con la vida del mandatario cubano fueron los norteamericanos, los cuales vieron truncados sus negocios y objetivos mercantiles en Cuba tras el triunfo de la revolución.

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Por fortuna para los Estados Unidos, en los últimos 50 años han contado con el apoyo y la ayuda de los disidentes anticastristas, los cuales se convirtieron en los más interesados en asesinar a Castro. Aunque no debemos obviar la colaboración que recibió la CIA de un grupo organizado que realmente había perdido una gran fuente de ingresos tras el triunfo de los comunistas: la Mafia.

Fidel Castro, contaba afortunadamente con la inestimable ayuda de un equipo de seguridad, encabezado por Fabián Escalante, que interceptó prácticamente la mayoría de los intentos  de atentado que se urdieron para acabar con él.

Debido a la negativa de Castro a llevar escoltas durante sus primeros años de mandato, muchos fueron los intentos de atentar contra él, aunque ninguno tuvo éxito. Finalmente incorporó un servicio de seguridad personal, que se ocupó de velar continuamente por la inaccesibilidad de cualquier elemento al entorno del presidente.

Los métodos planeados para matarlo fueron múltiples, aunque algunos fracasaron y otros simplemente fueron descartados en el último momento: a través de francotiradores, colocándole un explosivo en los zapatos, inyectando veneno en un puro o una pequeña carga explosiva dentro de una pelota de softball (deporte favorito de Castro) etc…

Pero también hubo quien se acobardó en el último momento y no llegó a ejecutar el plan de asesinar al presidente cubano. Muchos de estos arrepentidos eran fervientes anticastristas que habían compartido parte de su juventud como estudiantes junto al dictador.

Una de las personas que intentó asesinarlo y se arrepintió en el último instante fue la que había sido su amante: Marita Lorenz.

Tras acabar su idilio con el mandatario cubano, Marita fue contratada por la CIA como espía. En uno de sus viajes a la capital cubana le entregó unas cápsulas de veneno que posteriormente pondrían en el café de Fidel Castro, al encontrarse con éste, le preguntó sobre sus intenciones de asesinarlo y ella lo corroboró. Acto seguido, el dirigente cubano le dio su pistola invitándola a hacer aquello que la había llevado hasta allí, a lo que ella respondió que no podía.

Anecdóticamente, las capsulas de veneno le fueron facilitadas por la mafia, otro grupo interesado en acabar con la vida del cubano.

El zoológico de Miami era utilizado por la CIA como campo de entrenamiento secreto para preparar a los voluntarios que habían captado, en su inmensa mayoría cubanos disidentes anticastristas. Los años iban pasando y ninguno de los planes para acabar con la vida del dictador cubano surtía efecto.

En 1971 estuvieron muy cerca de conseguirlo durante la visita que realizó Castro a Chile. Habían conseguido colar una pistola camuflada en una cámara y situarse frente a él en la rueda de prensa que iba efectuar, pero los nervios de última hora frustraron el plan. También se intentó en la ONU, cuando en 1979 fue recibido por el presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter.

En el año 2000, Luis Posada Carriles, anticastrista y agente de la CIA, colocó 200 kilogramos de explosivos bajo el pódium desde donde debía hablar Fidel Castro en su visita a Panamá, pero nuevamente fue interceptado y abortado el complot por Fabián Escalante, el hombre que durante 40 años se convirtió en la mismísima sombra del presidente y cuyas aventuras se llegaron a llevar a las pantallas cubanas.

Leído en The Guardian

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