La secreta admiración que sintió John F. Kennedy hacia Adolf Hitler

Alfred López
Cuaderno de Historias

Coincidiendo con la efeméride (26 de junio de 1963) en la que se cumple medio siglo desde que el entonces Presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, visitó Berlín y pronunció las famosas palabras ‘Ich bin ein Berliner’ (Yo soy ciudadano de Berlín) en el ayuntamiento del distrito de Schöneberg (erróneamente muchos son los que dicen que fueron dichas frente a la Puerta de Brandemburgo), se ha publicado un libro en el que posiblemente se tambaleará la imagen que todos teníamos de uno de los políticos que más han marcado la Historia del último siglo.

Cuando pronunció dicho discurso era una época en el que la Guerra Fría, que dividía el planeta en dos potencias mundiales, estaba en uno de sus puntos más álgidos y el enemigo a batir era la feroz dictadura bolchevique ejercida desde la Unión Soviética.

La carrera política y militar (cuando sirvió a su país durante la Segunda Guerra Mundial) del joven presidente norteamericano era intachable y estaba llamado a ser el que salvaría al mundo de las fauces del comunismo emergente. Poco más pudo hacer, ya que, desgraciadamente, como bien sabéis murió asesinado en Dallas el 22 de noviembre de aquel mismo año.

Poco más de dos años y medio fue el tiempo en el que ejerció como presidente y en el que se convirtió en la figura política más emergente y carismática del planeta. Pero tras su intachable carrera política hay un punto negro en su vida y el cual se encuentra en 1937, dos años antes de que estallase la IIGM y en el que un joven John F. Kennedy, que por entonces tenía 20 años de edad, visitó Europa junto a un inseparable amigo.

[Te puede interesar: Cuando Mussolini fue reclutado y financiado por el servicio de inteligencia británico]

A lo largo de diez semanas viajaron a bordo de un coche visitando países como Francia, Italia, los Países Bajos, Reino Unido y Alemania. Como cualquier otro turista, el joven JFK llevaba su moleskine (cuaderno de notas) en el que iba anotando todas las vivencias y experiencias de ese inolvidable viaje.

Dos años después estallaría la IIGM y Kennedy se alistaría en el ejército para combatir por su país en contra de los nazis.

Ocho décadas después, con las muchas anotaciones que realizó en su cuaderno de viaje y las cartas que intercambió a lo largo de aquellas diez semanas con su familia, se han recopilado y servido como base a un libro titulado 'John F. Kennedy. Entre alemanes. Diarios de viaje y cartas 1937-1945' y en el que sorprendentemente se realizan ciertas afirmaciones que dejan en entredicho la figura del que, ya por entonces, estaba llamado a ocupar el despacho oval de la Casa Blanca.

Algunas anotaciones durante aquel viaje de juventud dejan ver la admiración del veinteañero Kennedy hacia la figura emergente del que quería liderar Europa (y a poder ser el mundo) Adolf Hitler.

Hay que tener en cuenta que, a pesar de las tesis extremistas en su planteamiento político, Hitler en aquella época era uno de los personajes más admirados del momento por millones de personas en todo el planeta, hasta tal punto que la prestigiosa revista Time declaraba a Hitler como ‘el hombre del año 1938’, dedicándole la portada.

[Te puede interesar: Hitler y su presunto amor por una judía en la adolescencia]

Así no es de extrañar la admiración que sintió durante un tiempo el joven John F. Kennedy, por lo que parece ser que, durante su viaje, no sólo el paisaje germano causó impacto en él, sino que llegó a comprender (o al menos justificar) algunas de las tesis políticas de Hitler, planteándose cuestiones del tipo ¿Qué son los males del fascismo frente a los del comunismo?’ o ‘¿fascismo? Lo correcto para Alemania’.

Anotaciones como que ‘las razas nórdicas parecen ser superiores a los romanos’ también aparecen en esos cuadernos de viaje tras visitar la región del Rhin o ver la residencia de verano que Hitler poseía en Berchtesgaden (Baviera).

Toda esa oculta fascinación por el Führer y su proyecto de Tercer Reich quedaría guardada en sus cuadernos de viaje y cartas tras su regreso a Estados Unidos y comenzar a preparar su fulgurante carrera política y ascenso a la presidencia de su país. Por en medio se topó con el estallido de la IIGM y su deber como ciudadano en la defensa de su nación, alistándose en el ejército y combatiendo contra el gran enemigo nazi, aunque en su más reciente pasado estaba guardado toda la admiración hacia el monstruo genocida que acabó con la vida millones de personas.

Fuentes: dailymail / bild