La niña que dio un poco de calor a la Guerra Fría

Alfred Lopez
Cuaderno de Historias

No siempre los protagonistas de momentos clave de la Historia son personas adultas y como claro ejemplo os traigo en el blog Cuaderno de Historias el tierno relato de una niña de apenas 10 años de edad que consiguió captar la atención de los mandatarios mundiales más importantes de su época, unos cuantos años antes de que el fin de la Guerra Fría se convirtiese en una realidad.

Muchos son los que apuntan que fue el sencillo gesto que hizo esta pequeña, llamada Samantha Smith, el que tendió un cable para iniciar un principio de entendimiento entre las dos grandes potencias.

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Samantha nació en 1972 en la estadounidense población de Houlton (Estado de Maine). Desde bien pequeña le llamó mucho la atención todo lo que sucedía a su alrededor, viendo los documentales e informativos que emitían por televisión, así como hojear revistas como TIME que andaban por el salón de su casa.

Era una niña despierta e interesada por lo que ocurría a su alrededor, algo que le hacía ser sumamente curiosa y preguntona, por lo que sus padres (un profesor universitario y una asistente social) siempre la animaban a buscar las respuestas allá donde se encontraban. Ello le llevó a escribir desde bien pequeña a diarios, empresas y algún que otro mandatario (entre los que se incluía la Reina Isabel II del Reino Unido).

Pero un día del mes de noviembre de 1982, tras ver en las noticias el nombramiento del nuevo líder de la URSS Yuri Andrópov y acto seguido un reportaje sobre una hipotética guerra nuclear, se le ocurrió la idea de enviar una carta al recién nombrado Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética en la que lo felicitaba por su nombramiento y le hacía saber su preocupación respecto a una posible confrontación nuclear entre estadounidenses y soviéticos.

Pero aquella carta no llegó a su verdadero destinatario pero sí a un funcionario del Kremlin que, tras leerla creyó que la misiva era digna de ser publicada en el Pravda (el periódico oficial del Partido Comunista). Esto llamó la atención a un periodista de Associated Press, poniéndose en contacto con Samantha Smith y su familia con la intención de realizarle una entrevista.

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Esto llevó a otros medios también a querer conocer a la pequeña y comenzase a ser conocida mediáticamente, por lo que eso provocó que en abril de 1983 recibiese una carta de respuesta a la suya del propio Andrópov, quien, en un tono distendido y cordial, agradecía el mensaje de paz y los buenos deseos de la pequeña Samantha, así como que la invitaba a visitar la Unión Soviética para que comprobase por ella misma la paz y armonía que se respiraba allí.

Esto disparó la popularidad de la niña, convirtiéndose en los siguientes meses en el personaje mediático que más aparecía en los informativos y magazines televisivos a un lado y otro del telón de acero.

Se organizó un viaje a la URSS para Samantha, llevándola a pasar unos días de vacaciones a un campamento de verano, donde lo pasó en grande y pudo comprobar por ella misma que los niños soviéticos eran igual de felices que los estadounidenses, siendo lo único que los diferenciaba el idioma (tiempo después se supo que esos niños y niñas que acudieron a dicho campamento pertenecían a las familias más acomodadas del país).

A lo largo de los siguientes dos años Samantha Smith se convirtió en una de las activistas por la paz más conocidas del planeta, siendo entrevistada en un sinfín de medios e impartiendo un buen número de conferencias. Un libro escrito por ella misma, y en el que relataba la aventura vivida en la Unión Soviética, se convirtió en todo un best-seller.

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Incluso los grandes magnates de la industria televisiva se peleaban por contratarla y vieron en ella un filón, gracias al desparpajo innato que demostraba tener, por lo que le brindaron un contrato millonario en la cadena ABC, con el que se aseguraban su presencia en un buen número de shows televisivos, además de ser la protagonista junto al actor Robert Wagner de la serie de TV ‘Lime Street’.

Pero un fatídico accidente aéreo, mientras volvía de rodar en Londres algunas escenas del cuarto capítulo, acabó con la vida de esta pequeña y polifacética estrella, muriendo junto a su padre el 25 de agosto de 1985, cuando apenas tenía 13 años de edad y un prometedor futuro por delante.

La muerte de Samantha convulsionó a la sociedad civil y política de la época, convirtiéndose el funeral en un multitudinario acto al que acudió una nutrida representación de un buen número de países, entre ellos el embajador soviético en los EEUU, quien llevó un mensaje personal a la madre de parte de Mijaíl Gorbachov, en aquellos momentos recién nombrado líder de la URSS (tras el fallecimiento en 1984 de Yuri Andrópov y de su sucesor Konstantín Chernenko que estuvo en el cargo poco más de un año). Ese mismo año Gorvachov se convirtió en el autentico artífice del fin de la Guerra Fría y la caída del telón de acero y muchos fueron los expertos que señalaron que ese cambio radical en la política soviética y estadounidense fue en parte gracias a los rayos de esperanza y diálogo que depositó la pequeña Samantha.

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Una fundación fue creada con su nombre, además de rendirle infinidad de homenajes, entre ellos varias estatuas e incluso un sello en la URSS, una de las naciones que más sintió y homenajeó la pérdida de la pequeña.

Cabe destacar que el fatal accidente de avión que le costó la vida ha sido objeto de innumerables argumentos de los amantes de las teorías de la conspiración que llevan tres décadas asegurando que la muerte de Samantha Smith se debió a un complot y que ésta fue en realidad asesinada.

Fuente: samanthasmith.info