La mujer a la que más temió Napoleón Bonaparte

Alfred López

Muchas han sido las mujeres que, a lo largo de la Historia, han estado relacionadas con la vida de Napoleón Bonaparte y quienes influyeron de un modo u otro en el carácter de uno de los estadistas y estrategas militares más importantes.

No hace demasiado tiempo os traía al Cuaderno de Historias el relato de la promiscua y descarriada hermana de Napoleón, una joven que le reportó grandes dolores de cabeza y preocupaciones, pero no fue esta la mujer a la que más temió Bonaparte, ya que en su camino se cruzó Madame de Staël, una dama de gran influencia, poder e intelecto que hizo poner de los nervios en más de una ocasión al mismísimo Emperador de los franceses.

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Madame de Staë, cuyo nombre completo era Anne Louise Germaine Necker, se crió en un selecto ambiente, rodeada de influyentes personalidades de la vida parisina (su ciudad de origen) gracias a la privilegiada posición de su padre, Jacques Necker, quien ejerció como ministro del tesoro real y de las finanzas durante el reinado de Luis XVI.

Su madre, Suzanne Curchod, tuvo una gran inquietud cultural y literaria, algo que inculcó y transmitió a su hija. Célebres eran las veladas que se organizaban en el salón de Madame Curchod, en las que se reunía la flor y nata de la época.

Pero Anne Louise no solo heredó el innato talento de su madre para reunir a los más selectos miembros de la vida cultural francesa, sino que, además, le atraía de una manera sorprendente todo aquello que tenía que ver con la política, convirtiéndose en una erudita en los temas de Estado.

En las reuniones en el salón de Madame de Staë no sólo se hablaba de literatura y cultura, sino que muchos temas de vital importancia en la política francesa eran tratados por los que allí acudían, algo que puso muy nervioso a Napoleón tras su fulgurante ascenso al poder.

Y no era para menos el temor de Bonaparte, debido a que fueron muchos los que sentenciaron en aquella época que en Europa había tres grandes potencias: Gran Bretaña, Rusia y Madame de Staël. El hecho de no ser nombrado en este chascarrillo, que iba de boca en boca por las diferentes cortes europeas, indignaba a Napoleón, algo que provocó que no permitiese que volviese a instalarse a vivir en París, de donde se había exiliado junto a su esposo tras la caída de la monarquía de Luis XVI.

Pero así como el emperador de los franceses temía la figura de Madame de Staël, esta sentía una gran fascinación por el gobernante, queriéndose acercar hacia él no para ser su contrincante sino su aliada. Ella era bien conocedora del poder que había adquirido entre las élites políticas y culturales del país, algo que quería aprovechar.

La estrecha relación intelectual de Anne Louise Germaine Necker con Benjamin Constant (que derivó en sentimental, convirtiéndose en amantes), fue la puntilla que provocó la ira de Napoleón hacia esta mujer, puesto que Constant era un acérrimo opositor a Bonaparte.

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Varias fueron las veces en las que Napoleón Bonaparte se expresó refiriéndose a Madame de Staël. Medía muy bien sus palabras al referirse a esta gran dama, por lo que iba repartiendo lo que decía entre un alago y una fina e irónica crítica. Como se diría en un leguaje más popular, le daba una de cal y otra de arena.

De Madame de Staël, Napoleón dijo que era una mujer de gran talento, pero también destacaba su gran ambición, ser sediciosa o perversa hasta tal punto de que ésta sería capaz de tirar a alguien al agua para salvarlo posteriormente de morir ahogado y así ganarse sus favores. No la calificaba como ‘mala mujer’ pero sí como turbulenta.

Gracias a su talento y su férrea posición, Bonaparte supo frenar el poder emergente de esta influyente mujer que tantos quebraderos de cabeza le ocasionó y a la que tanto temió.

Fuentes de consulta: wikisource / scandalouswoman