La joven que cometió un crimen llevada por un repentino ataque de “locura menstrual”

Posiblemente el titular de esta entrada os parezca de lo más llamativo y sobre todo en lo que respecta a la entrecomillada “locura menstrual”. Pero evidentemente el haber elegido este título para el post de hoy de Cuaderno de Historias tiene su explicación.

La locura menstrual referida no es más que el término que se le dio al motivo por el que una cándida joven de 18 años cometió uno de los crímenes más famosos de la época y que tuvo lugar en la ciudad de Los Ángeles en la década de los años 80 del siglo XIX.

Lastania Abarta, la protagonista de esta historia, trabajaba como cantante en una conocida taberna propiedad de sus padres. Su virtuosidad con la guitarra y su talento para improvisar ingeniosas y divertidas letras de canciones la llevaron a ser contratada para actuar en una fiesta privada que organizó Pío de Jesús Pico, quien había sido años atrás Gobernador de México en California y que en aquellos momentos se dedicaba a los negocios inmobiliarios.

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Uno de los asistentes a la fiesta fue Francisco Forster, sobrino del exgobernador e hijo del empresario más rico de Los Ángeles.

Llamado por todo el mundo con el cariñoso nombre de "Chico" Forster, el heredero de una de las mayores fortunas del Estado era bien conocido por su disoluta vida como un mujeriego empedernido, jugador sin límites, hombre de pocos escrúpulos y padre de dos hijos ilegítimos.

A sus 40 años de edad era uno de los solteros más codiciados de la ciudad y del que las mujeres quedaban prendadas gracias a su innata habilidad para seducirlas. Esa noche la víctima en caer en sus redes fue la joven Lastania, quien quedó prendada por el encanto de Chico Forster, adulándola con dulces palabras y prometiéndole casarse con ella.

Sin haber terminado la fiesta, ambos abandonaron aquel lugar dirigiéndose hasta una suite del Hotel Moiso Mansion, en el que Lastania entregó su virginidad a Chico a cambio de una promesa de matrimonio.

Tras unas apasionada noche él abandonó la habitación con la excusa de ir a buscar a un sacerdote que los uniese en santo matrimonio y allí quedó esperando la joven, quien veía pasar las horas sin que, el hombre con el que se iba a casar, apareciese por allí.

A media tarde, desesperada fue en busca de su hermana mayor Hortensia y tras explicarle lo ocurrido ambas recorrieron toda la ciudad con la intención de dar con él, encontrándolo en una casa de juego mientras apostaba en las carreras.

Hortensia logró convencer a Francisco para que la acompañase hasta el coche (sin decirle que allí se encontraba Lastania esperándolo), al verla intentó disculparse con vagas excusas y ella le exigió ir hasta una iglesia donde se casarían.

Chico Forster bajó del coche en marcha y ahí fue cuando Lastania decidió de que si no era para ella no sería para ninguna otra mujer, sacando una pistola Smith & Wesson del calibre 38 que llevaba escondida en el bolsillo de su falda y disparándole en la cara. La bala entró por el ojo y la herida le causó la muerte casi al instante.

Tras el asesinato de su hijo, John Forster contrató al equipo de fiscales más importantes del Estado, exigiendo que la joven Lastania pagase por el crimen cometido con una condena de muerta.

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Para ello se preparó a un jurado compuesto tan sólo de hombres y de demostrado carácter misógino, tras las entrevistas previas a las que fueron sometidos.

Pedro e Isabel Abarta, padres de la joven, aunque no disponían de ninguna fortuna, pusieron todo su patrimonio en venta con el fin de contratar a los mejores abogados posibles y así parece que sucedió en vista de la sentencia que consiguieron y que declaró a Lastania como ‘no culpable’.

El punto fuerte de la defensa se basó en el término de moda en aquellos años: la ‘histeria femenina’.

Muchos eran los expertos que en la década de 1880 aseguraban que las mujeres padecían de trastornos uterinos que les provocaba momentos transitorios de enajenación, por lo que éstas eran capaces de cometer cualquier crimen llevadas por repentinos ataques de locura menstrual.

Como primera prueba se mostró al jurado las sabanas ensangrentadas traídas desde el hotel, siendo analizadas por diferentes expertos y admitiendo que eran el resultado de la pérdida de la virginidad de la joven.

Pero el que se llevó el gato al agua fue el prestigioso doctor Joseph Kurtz, quien argumentó el momento de locura menstrual de Lastania debido a que "a cualquier mujer virtuosa cuando se le priva de su virtud se volvería loca". Así de sencillo y contundente. Unas palabras que hizo poner en pie a los miembros del jurado e incluso aplaudir.

Tras estar escasamente veinte minutos deliberando, el jurado decidió declarar a Lastania Abarta no culpable del crimen, ya que ésta lo cometió llevada por un ataque de “locura menstrual”.

Nada más se supo de la joven, quien abandonó la ciudad borrando todo rastro de ella.

Fuentes: latimes / washingtonexaminer