La estrafalaria carrera espacial zambiana

Lo que para unos es un gasto inútil, utilizando argumentos demagógicos y poco razonados sobre el hecho de invertir y gastar dinero en investigación espacial, para otros, desde hace muchas décadas, es una de las formas en las que mejor se puede invertir, ya que gracias a toda la investigación realizada podemos disfrutar de numerosísimas ventajas en nuestra cómoda forma de vivir hoy en día, además de los valiosísimos avances médicos.

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Hace cinco décadas, durante los años de la Guerra Fría, las dos grandes potencias mundiales medían su poder en base a los logros conseguidos en la carrera espacial… el que primero puso un satélite en órbita, quien mandó al primer ser humano al espacio o cuando se llegó por primera vez a la Luna, fueron los hitos que iban marcando el dominio de uno frente al otro.

En 1964, cinco años antes de que el Apolo 11 se posase sobre la Luna, varios eran los países que se disputaban el mérito de ser los primeros en llegar allí, pero ya había alguien que hacía planes para adelantar en sus propósitos a estadounidenses y soviéticos y enviar una misión tripulada, nada más y nada menos, a la Luna y posteriormente a Marte.

El ideólogo del plan era Edward Makuka Nkoloso, un profesor de la asignatura de ciencias en una escuela de Zambia (hasta aquel momento conocida como Rodesia del Norte) y autoproclamado director general de la Agencia Espacial Zambiana o como él mismo la había bautizado: ‘Zambia National Academy of Science, Space Research and Philosophy’ (ZNASSRP).

Su propósito era lanzar un cohete (fabricado con aluminio) propulsado con un artefacto semejante a una catapulta. Para ello contaba con la inestimable ayuda de un grupo de voluntarios, de los que enviaría a una docena de hombres (entre los que se encontraba un misionero), una adolescente de 16 años y dos gatos.

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Cabe destacar que el misionero que incluía la misión espacial tenía órdenes específicas de no evangelizar a la población nativa (de la Luna y Marte) si éstos no querían.

Este estrafalario plan necesitaba financiación, por lo que Nkoloso solicitó a la UNESCO una ayuda de 7 millones de libras zambianas (moneda del país hasta 1968). Pero jamás recibió contestación alguna a su petición.

El recién instaurado gobierno de Zambia (que acababa de proclamar su independencia, el 24 de octubre de 1964, tras pertenecer durante muchísimo tiempo a la Commonwealth, dejando de ser una colonia británica) también hizo oídos sordos a las peticiones y propósitos de Nkoloso, por lo que nunca respondió a sus escritos.

Fue por ello que, en plena celebración de la fiesta de la independencia, Edward Makuka Nkoloso aprovechó para acercarse a un periodista (que había acudido hasta Lusaka para informar sobre esos actos) y le explicó cuál era su proyecto espacial.

El 30 de octubre aparecía en la revista Time un reportaje titulado ‘Zambia: Tomorrow the Moon’ en el que se explicaba pormenorizadamente las celebraciones por la independencia, pero en la que informaba del curioso y estrafalario plan para ganar la carrera espacial a EEUU y la URSS.

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En el artículo Nkoloso explicaba cuál era el entrenamiento específico al que había sometido a sus astronautas: les ponía un casco que había pertenecido a un militar británico, los colocaba dentro de un barril de aceite y los lanzaba rodando colina abajo. Otra de las pruebas era sacudirlos fuertemente en un columpio colocado en un árbol. De ese modo (según su ideólogo) se conseguía tener la sensación de ingravidez de los viajes espaciales’.

Varios fueron los medios que se hicieron eco de los anhelos marcianos de este excéntrico profesor de escuela, que fue tomado a sorna y ridiculizado en alguna que otra publicación internacional.

La cosa quedó en agua de borrajas y poco tiempo después se fue desinflando los ánimos y aspiraciones, centrándose Edward Makuka Nkoloso en su nuevo proyecto: llegar a ser elegido alcalde de Lusaka (capital de Zambia), aspiración que tampoco consiguió llevar a cabo.

Fuentes de consulta: theatlantic / elzo-meridianos / lusakatimes / itnsource

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