La curiosa historia del fantasma que habitó el castillo de Colditz

A pesar del título, el post de hoy no va sobre espíritus ni de la historia del típico fantasma con sábana y cadena que vaga sin rumbo por un tétrico castillo.

El de fantasma del castillo de Colditz es el sobrenombre con el que bautizaron a John William Best, un ingenioso piloto de la Royal Air Force que fue apresado durante la Segunda Guerra Mundial por los nazis y, tras intentar escapar de los campos de prisioneros en los que había sido encerrado, finalmente fue llevado al Castillo de Colditz, una regia y laberíntica edificación medieval que los alemanes utilizaron como prisión para oficiales Aliados reincidentes en el empeño de escaparse.

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El hecho de que el castillo hubiese sido reconvertido en un campo de prisioneros, a los que debía prestárseles una atención y vigilancia especial, se debía al convencimiento que tenían las autoridades alemanas de que aquel lugar era inexpugnable. Durante un siglo había servido como sanatorio mental, siendo las celdas de máxima seguridad. Pero eso estaba muy lejos de la realidad. A lo largo de los años que se utilizó como prisión de oficiales Aliados varios fueron los que lograron escapar de allí, siendo la de Jack Best, como era conocido el joven piloto británico, una de las más conocidas gracias al ingenio y la curiosa historia que protagonizó.

Tras siete meses encerrado allí, el 5 de abril de 1943, Jack logró encontrar el modo de escapar de su celda, aunque no del castillo y a lo largo de los siguientes meses permaneció oculto y vagando por diferentes estancias de la edificación cavando túneles y ayudando a escapar a otros compañeros. Los nazis creían que Best había logrado fugarse, aunque no quisieron hacerlo público y así no dañar la imagen que se tenía de aquel lugar como un sitio seguro y bien vigilado.

Pero los soldados que custodiaban la prisión comenzaron a tener extrañas experiencias paranormales. Aparecían cosas cambiadas de lugar, se escuchaban extraños ruidos, pasos, voces, susurros que llevaron a más de uno a creer que en el castillo habitaba un auténtico fantasma. El pasado como institución psiquiátrica de aquel lugar hacía pensar que allí se cometieron atrocidades con algún paciente que moriría y que su alma vagaba por los pasillos.

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En realidad era Jack Best quien, gracias a su ingenio, había logrado diseñar una serie de escondrijos por los que se iba escabullendo de la presencia nazi y recorría las instalaciones a sus anchas. Cualquier armario o debajo del entarimado del suelo le servía para esconderse y no ser apresado.

Tras casi un año así decidió que había llegado el momento de marcharse de allí, pero su plan no fue tan perfecto como él esperaba y fue nuevamente apresado y encerrado en Colditz. El hecho de conocer todo el entramado secreto del lugar le ayudo a volver a vagar por allí y trazar un nuevo plan: el construir un artesanal planeador de madera.

Había conseguido levantar un falso muro en la última planta de aquel lugar y allí se dedicaba al diseño y construcción de dicho aeroplano y una catapulta realizada a base de poleas y una bañera llena de hormigón que lo impulsaría hacia el exterior.

Le dedicó a ese trabajo todo un año y cuando lo tenía todo listo para la fuga, junto a su compañero Bill Goldfinch, el 15 de abril de 1945 el castillo fue liberado por soldados norteamericanos y todos sus presos quedaron en libertad.

Tras conocerse la sorprendente historia, los nombres de John William Best y Bill Goldfinch pasaron a la historia por la singularidad de su plan, aunque realmente el que recibió más reconocimiento y fama fue Best quien estuvo asociado durante el resto de su vida (falleció en el año 2000) al sobrenombre de el fantasma de Colditz.

Fuentes de consulta: theguardian / dailymail / anfrix