El incidente que dejó en evidencia al servicio secreto británico

Los agentes del MI6 Richard Henry Stevens y Sigismund Payne Best engañados por los nazis (Wikimedia commons)
Los agentes del MI6 Richard Henry Stevens y Sigismund Payne Best engañados por los nazis (Wikimedia commons)

El MI6 (Servicio Secreto Británico) está considerado como una de las agencias de inteligencia más eficaces y con mejores resultados a lo largo de sus  cien años de historia. Pero, como en toda hoja de servicio, por muy impecable que haya sido la trayectoria y trabajo de sus agentes, siempre hay algún punto oscuro, algo que no salió como debía y que los dejó en evidencia.

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El momento de mayor humillación y desastre para este prestigioso servicio de inteligencia tuvo lugar en 1939, poco después de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, cuando unos agentes del contraespionaje alemán engañaron al mayor Richard Henry Stevens y el capitán Sigismund Payne Best, dos miembros del MI6 que se encontraban destinados en los Países Bajos.

El hombre que lideró la operación de engaño fue el Walter Schellenberg, por aquel entonces uno de los más importantes elementos dentro de la sección de contraespionaje de la Sicherheitsdienst (SD), el servicio de inteligencia de las SS.

 Schellenberg, bajo la falsa identidad del ‘capitán Schämmel’, había contactado meses atrás con los británicos a los que informó que representaba a un grupo de militares del Alto Mando del Tercer Reich descontentos con la gestión y liderazgo de Hitler, dispuestos a deponer al Führer y poner fin a la guerra iniciada dos meses atrás tras la invasión de Polonia, algo que había causado demasiadas pérdidas.

Argumentaba que no entendían el absurdo motivo por el que Hitler había llegado a un acuerdo de no agresión con Stalin, al que consideraban en el verdadero enemigo común de los británicos y alemanes y para ello necesitaban poner fin a toda aquella locura tendiendo un puente de diálogo con el Reino Unido.

Walter Schellenberg, el ideólogo del engaño nazi (Wikimedia commons)
Walter Schellenberg, el ideólogo del engaño nazi (Wikimedia commons)

Stevens y Best mordieron el anzuelo y se tragaron todo lo que les había explicado el falso capitán Schämmel, pasando informes sobre dichas reuniones a la sede central del MI6 en Londres, quienes les autorizaron a seguir reuniéndose ya que parecía del todo conveniente poder llegar a un posible acuerdo con los alemanes rebeldes y poner fin a la guerra.

El entonces Primer Ministro del Reino Unido, Neville Chamberlain, dio el visto bueno para que se iniciasen conversaciones entre ambas naciones y hacer planes en común una vez derrotado Hitler. Entre las exigencias británicas estaba la devolución de la soberanía a Austria, Checoslovaquia y Polonia; a cambio prometían que Alemania volvería a gozar del mismo estatus y poder que tenía dos décadas atrás, antes de estallar la Primera Guerra mundial, además de recuperar gran parte de las colonias que perdió tras la guerra.

De ahí también nacería un frente anglo-alemán para combatir a los soviéticos, el enemigo en común de ambos.

Los alemanes acordaron un encuentro con los agentes británicos para la tarde del 9 de noviembre frente al Café Backus de la población de Velo, a escasos metros de la frontera que separaba los Países Bajos de Alemania.

La casualidad hizo que un día antes de producirse la reunión hubo la explosión de una bomba con la que se trató de acabar con la vida del Führer en la cervecería Bürgerbräukeller, lugar en el que había dado un discurso con motivo de la celebración del Putsch de Múnich, conmemoración anual que se realizaba en el lugar donde dieciséis años antes el Partido Nazi intentó perpetrar un golpe de Estado.

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Los británicos creyeron, erróneamente, que tras este intento de atentado se encontraba el capitán Schämmel, algo que les hizo confiarse todavía más, motivo por el que acudieron a la cita sin ningún tipo de seguridad extra y con la única compañía del teniente de la inteligencia holandesa Dirk Klop.

Pero el encuentro en Velo no era más que una emboscada de Walter Schellenberg y sus agentes de las SS, quienes rodearon el choche en el que llegaron Richard Henry Stevens y Sigismund Payne Best  junto a Dirk Klop. Se abrió un fuego y éste último falleció a consecuencia de los impactos de bala recibidos.

Stevens y Best salvaron la vida (así lo quería Schellenberg) y fueron hechos prisioneros para interrogarles y sacar la mayor información posible. Ambos permanecieron encerrados en campos de concentración a lo largo de los años que duró la IIGM, siendo liberados en abril de 1945.

Este lamentable episodio pasó a ser considerado como uno de los más bochornosos y humillantes de la inteligencia británica y más concretamente del MI6, propiciando meses después la creación del Special Operations Executive (SOE), la organización diseñada personalmente por Winston Churchill (ya entonces Primer Ministro) e hizo que se cerrase cualquier posibilidad de acercamiento con los alemanes.

Fuentes de consulta: exordio / mythoselser

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