El hombre al que perdonaron por robar las joyas de la Corona británica

Cuaderno de Historias
Thomas Blood, el hombre al que perdonaron por robar las joyas de la Corona británica (Wikimedia commons)

El 9 de mayo de 1671 ocurría un hecho insólito en el Reino Unido: Thomas Blood un oficial anglo-irlandés lograba acceder a la cámara de la Torre de Londres donde se encontraban las joyas de la Corona británica custodiadas por Sir Gilbert Talbot.

Tras engañar al custodio, con el que le unía cierta amistad, Blood lo maniató, golpeó y robó varias piezas de la que se considera la colección de joyas más valiosas del planeta.

Con el fin de que la corona abultase menos, y poderla esconder entre sus ropas, le dio varios golpes aplastándola. El cetro real, el orbe y otras valiosas piezas también fueron sustraídas por Blood y sus tres compinches, pero alguien se dio cuenta de la presencia de los ladrones y dio la voz de alarma, iniciándose una persecución que  provocó el deterioro de varias de las joyas y la perdida de algunas cuantas por el camino.

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Tras ser apresados por los soldados de la Guardia Real, Thomas Blood fue llevado ante el rey Carlos II quien quería conocer quién había sido el autor de semejante fechoría.

Cuando todos pensaban que el monarca sería impasible y no tendría piedad alguna con el malhechor, incomprensiblemente lo perdonó de castigo cualquiera y además le concedió un terreno en Irlanda valorado en 500 libras esterlinas, una auténtica fortuna para la época.

Joyas de la Corona británica (Wikimedia commons)

Nadie se explicaba el porqué de la decisión tomada por el rey y jamás se dio una explicación oficial a este hecho, lo que provocó que comenzasen a surgir docenas de mitos y leyendas alrededor de Thomas Blood y su extraño vínculo secreto con Carlos II.

La explicación más extendida es la que apunta a que Blood había estado trabajando secretamente bajo las órdenes reales como agente doble durante las guerras acontecidas en el país con el fin de volver a instaurar la monarquía, pues debemos recordar que entre1649 y 1660 el país fue una república conocida como ‘Mancomunidad de Inglaterra’.

Otra de las teorías que también tiene cierto peso y fundamento es la que indica que el robo de las joyas de la Corona fue un encargo que realizó el propio Carlos II a Thomas Blood. Tras la guerra y instaurarse la monarquía las arcas de la nación habían quedado en la bancarrota. El rey como tal no podía deshacerse de las joyas de la Corona por la simbología que estas tenían en el país, por lo que encargó que fuesen robadas para posteriormente ser vendidas y tener una importante inyección de capital.

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También hay quien apunta a que la razón del perdón Real fue a causa de que Carlos II valoró la intrépida acción del malhechor, algo que en verdad chirría un poco que pudiese ser cierto.

La superstición del rey también se encuentra entre las posibles explicaciones. La extraña creencia de que ajusticiar al ladrón de las joyas podría provocar una racha de mala suerte e infortunios dicen que podría haber influido en tal decisión. Y es que esta explicación, aunque parezca descabellada no lo era en su época. Hay que recordar que el propio Carlos II aprobó un Real Decreto por el cual en la Torre de Londres nunca podría faltar ni uno solo de los cuervos que allí hay, debido a la antiquísima leyenda que indica que la Corona Británica y la Torre de Londres caerían si los seis cuervos que allí habitaban desapareciesen.

Por último se da como explicación el hecho de que tiempo atrás Thomas Blood había tenido la posibilidad de asesinar al rey mientras éste se encontraba bañándose en el río Támesis, apiadándose del monarca quien posteriormente lo reconoció y quiso devolver el mismo favor.

Estas son solo cinco de las muchísimas hipótesis que existen de un hecho ocurrido hace cuatro siglos y del que no se sabe a ciencia cierta el porqué el rey Carlos II incomprensiblemente y sin explicación alguna perdonó a Thomas Blood por robar las joyas de la Corona británica.

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